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La generación Orbitrek, la desilusión del “llame ya”

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16/10/2017
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FOTOGRAFÍA: AP

Conseguir el cuerpo deseado, la comida gourmet o el cabello perfecto nunca pareció más sencillo. Sin embargo, los productos de infomerciales tienen dos realidades: la que te vende la publicidad y la que el comprador vive 

“¿Harto de hacer ejercicio y no obtener los resultados que busca?”, “¿Le preocupa perder  su pelo?”, “¿cansado de sacar grasa y comida pegada de su sartén?”. Las imágenes en blanco y negro con personas viviendo desastres, con rostros de decepción, son el punto de partida de los informerciales. No importa la hora, basta con dedicarle un tiempo a la pantalla chica para quedar encantado con dos o tres productos.

Son muchos los artículos que se promocionan, desde utensilios prácticos para el hogar hasta prendas de vestir; pero los más cautivadores son aquellos que hacen parecer que la desgracia es un problema que tiene solución. Desde hace dos décadas, al menos, la televisión venezolana pasó a estar dominada por este tipo de programas, espacios pagados a las estaciones y cuya extensión –mayor a una publicidad habitual– garantiza mayores ingresos. Hogares se convirtieron en auténticos spas y hasta gimnasios domiciliarios. Pero la magia de llamar ya, comprar por teléfono y vivir los resultados prometidos se queda allí, un hechizo de oropel.

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Para gastar en champú

Hace más de 15 años comenzó a venderse un producto “revolucionario”, “clínicamente comprobado” que promete resultados “en poco tiempo”. Fue uno de los emblemas de los informerciales transmitidos en Venezuela, en tiempos en que un banco defendía no tener “ni un pelo de tonto”: Ervamatin.

La oferta de untar el cuero cabelludo con “extractos de plantas y raíces del amazonas 100% naturales”, fue tentadora para Pablo Carreyo, un electricista de 50 años, que hace 8 decidió dejarse seducir. Lo suyo era una aversión a las “entradas” que comenzaban a surcarle la frente hacia la mollera.

Compró Ervamatin, una botellita verde de olor intenso que funcionaría para nutrir, acondicionar, reparar y revitalizar su testa y brindar efectos en cuatro meses. El sueño de volver a posar en las fotos como en sus años dorados, con la cabeza poblada con las hebras que sus primaveras habían comenzado a podar, lo impulsó. Un año más tarde, la desilusión creció pero el cabello no. “El producto no era lo que decía el anuncio, nunca funcionó”, comenta.

Pero el hombre no desmayó. La misma pantalla del televisor le mostró otra solución: el peine Laser Power Grow, un “avanzado sistema que ha probado hacer crecer el cabello de un modo nunca antes visto” que “es tan bueno que ha sido proclamado como lo último en avances porque promueve el nacimiento de nuevos folículos capilares con crecimiento de cabello nuevo”, según rezaba el entusiasmado locutor del video.

El dispositivo era más simple de lo esperado: un cepillo con luces rojas y azules –el láser mágico– que debía pasarse una y otra vez por la cabeza. “Ambos productos los usé tal cual indicaban las instrucciones y ninguno funcionó. Sentí que me engañaron, perdí mi dinero. Acepté mi calvicie y no volvía a comprar más productos relacionados con eso”, confiesa Carreyo.

Su hijo, Beakers, padece mielomeningocele de tipo espina bífida, una enfermedad que ha afectado su sistema motor, específicamente sus piernas. Su fisioterapeuta le aconsejó hacer ejercicio y, como su padre, confió en los productos que ofrecen los informerciales. El Orbitrek fue su primera compra, y luego sumó un Pilates Power Gym. “Los necesitaba por mi problema con las piernas. Los usaba con frecuencia al principio, pero ya no tanto”, revela el muchacho de 23 años.

El joven alaba ambos instrumentos, dice que son buenos pero que la actividad frecuente los desgasta y no hacerle mantenimiento ocasiona que se dañen. “Los usé como tres años y después me aburrí, nunca organice mi tiempo para crear una rutina”. Actualmente su Pilates Power Gym y el Orbitrek se encuentran “tirados en el balcón”.

Hay quienes nunca le dan un uso continuado, de casualidad lo estrenan. Sara Wazzan se motivó a comprar un Orbitrek hace casi una década. “Parecía una buena opción por la forma en cómo lo planteaba el infomercial. Además, para ese momento era un producto accesible”. La universitaria relata que a sus 15 años lo pidió como regalo y sus padres lo adquirieron. Pero confiesa que ahora solo lo usa “cuando quiero drenar un poco”. Advierte, como comprobó, que “5 minutos al día” no son suficientes para lograr el resultado deseado “como lo mostraban”.

Su balcón también es depósito de ese cadáver. “De vez en cuando mi mamá lo utiliza para guindar la ropa mojada y esperar a que se seque; algunas franelas que no caben en el tendedero, pero no es todo el tiempo”.

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El deseo de estar flaca

Ana Mercedes Alexandre y María Emilia Salgado no se conocían en su adolescencia, pero a la distancia persiguieron una misma ambición: estar flacas. Para ello, la dieta y el ejercicio eran infalibles, pero querían ‘una ayudaíta’ que les terminara de siluetear la figura que deseaban. La pantalla chica les dio una alternativa: el Abtronic.

El aparato consiste en un cinturón con electrodos que conducen corriente directo a los músculos, generando contracciones constantes que simulan el efecto de hacer abdominales. Mujeres con un “cuerpazo” relataban a cámara su falta de tiempo para ir al gimnasio y las ganas de hacer algo en paralelo a ejercitarse. “Se pueden obtener los mismos resultados de 400 abdominales sin hacer nada”, prometía también un entrenador contratado para las grabaciones que además informaba sobre la tecnología alemana desarrollada para ejercitar durante 10 minutos al día.

Ana y María garantizan que el producto les funcionó. “Quería graduarme flaca”, asevera Ana Mercedes. “Tenía 17 años y quería estar flaca para el viaje de graduación. Lo compré con todos los accesorios y lo usaba con frecuencia”. Los resultados la convencieron, hasta que el aparato dejó de funcionar. Luego compró otro Abtronic, pero el resultado no fue igual.

“Yo ahorré para comprármelo, tendría como 15 años”, agrega María Emilia. “Llegaba del gimnasio y me sentaba a ver televisión con eso”. Obtuvo lo que quería, pero no está segura de si fue el equipo, la dieta o el resto del ejercicio que hacía. “Lo usé por tres meses. Luego lo dejé al olvido, creo que lo vendí en una venta de corotos”.

Pero María Alejandra De Andrade no tuvo el mismo éxito que Salgado y Alexandre. Recuerda haberlo comprado porque quería tener un abdomen marcado y sin mucho esfuerzo; la inversión fue en vano. “Lo usé con mucha frecuencia, pero cuando vi que no daba resultados lo guardé. Desde entonces se encuentra metido en una gaveta”, sentencia. Adriana Peña siempre tuvo kilos de más, y comprobó que el producto no la hacía adelgazar: “lo que hizo fue endurecerme la panza”, ríe con ganas.

En la casa Carreyo nada los desestimulaba de dejar de comprar lo que veían en la pantalla de la sala. Así, el hogar adquirió las sartenes Cerami Corc que “garantizaban” que la comida nunca se pegaría gracias a un revestimiento de cerámica. “Los compramos por experimentar”, dice Beakers certificando que aún los utilizan, comprobando su buena calidad.

María Emilia Salgado también se dejó convencer de nuevo. A su lisa cabellera siempre quiso adornarla con rizos, pero no hay laca que pueda con el lacio natural. Por eso confió en el Infiniti Pro de Conair, un aparato rizador que aprovecha la incorporación de la cerámica. “La publicidad decía ‘ahora sí’, y es mentira. Cuando lo usé la primera vez, la máquina me agarró el cabello y tuve que abrirlo. No había manera de que me soltara”, narra mostrando su peinado recto.

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Tremendo negocio

Si hubo un negocio rentable, fue la tienda As Seen On Tv, un local dedicado a vender directamente los productos que los informerciales se encargaban de publicitar a los venezolanos. Por desconfianza a la transacción telefónica, o a Ipostel encargado de entregar los envíos. Muchos optaron por acudir directamente a estos comercios para salir con su producto en la maleta del carro.

Freddy Hernández, trabajador de la sucursal ubicada en el Centro Comercial Sambil, afirma que muchas personas solo asisten a las tiendas a adquirir los productos por ‘fiebre’ y no porque realmente quieran darle el uso, y es entonces cuando las “máquinas de hacer ejercicio, por ejemplo, quedan de perchero”. Sabe que muchos productos no funcionan como prometen los videos. “Hay máquinas que son buenas y las compran personas de gimnasio para hacer las rutinas, como el Land Coaster, o el Orbitrek. Hay otras que son malas, por lo menos el Sit Down-Sit Up Gym que te hacía el ejercicio pero te afectaba la columna lumbar. De cocina hay unos que sirven y otros que no”. Además, refiere su fragilidad: “hay que usarlos como dice el manual porque si no se dañan”.

El Orbitrek ha superado la prueba del tiempo, y se sigue vendiendo. Otros productos han quedado en el olvido, como el Ab Generator, el Power Juicer o cualquiera de los implementos de cocina para facilitar las recetas perfectas, incluyendo aquellos cuchillos Ginzu 2000. Ahora, los protagonistas son otros como la cartera para tarjetas Aluma Wallet, las máquinas para limpiar a vapor Turbo Action o X5, el Body Shaper, o el brasier UnBra.

Y la gente sigue comprando, a pesar de la crisis, a pesar de la priorización de gastos. “Antes muerta que sencilla” como mantra. “Vendemos entre los 16 y 17 millones de bolívares mensuales. Todo depende de los productos porque a veces son costosos, o a veces bajan de precio. Pero son muchas las personas que compran. Hay ventas con regularidad”, suelta Freddy Hernández. Él no es usuario.