Política

La nomenklatura chavista: muchos nombramientos, pocos cambios

En la extinta Unión Soviética, la nomenklatura designaba el selecto listado de cargos y personas que controlaban los engranajes del Estado y del partido, una élite cerrada, unida por lealtades, trayectorias compartidas y la certeza de que el poder pasaba de manos entre ellos

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A poco más de un cuarto de siglo del inicio del chavismo, y con una tercera presidencia, los recientes movimientos decretados desde el Palacio de Miraflores en las posiciones clave del gobierno revelan un fenómeno idéntico: una suerte de nomenklatura chavista, con muchos nombramientos que aparentan renovación, pero que en verdad no son más que reacomodos internos.

Desde que Delcy Rodríguez asumió como presidenta encargada tras la extracción de Nicolás Maduro y Cilia Flores por parte de Estados Unidos el 3 de enero, la maquinaria de los nombramientos ha girado a un ritmo inusual. En apenas doce semanas han ocurrido cambios con los que relevaron a más del 40% del gabinete ministerial y también hubo designaciones en decenas de viceministerios, embajadas y direcciones estratégicas.

Podría interpretarse como un intento de mostrar una cara nueva, para una lista selecta de venezolanos que llevan ejerciendo el poder por largos años. Un examen detenido de los perfiles muestra que son una nomenklatura al estilo soviético: los nombres que ascienden o rotan provienen, casi sin excepción, de la misma élite burocrática y política que viene ocupando los cargos de poder.

Y las contadas excepciones, parecen ser personas vinculadas al núcleo más cercano de los hermanos Rodríguez.

El caso más reciente resulta también emblemático, el miércoles 25 de marzo, Coromoto Godoy fue designada como representante permanente de Venezuela ante la Organización de las Naciones Unidas, en sustitución de Samuel Moncada. Godoy no es una figura emergente ni una tecnócrata ajena al chavismo. Su trayectoria es un manual de supervivencia dentro de la nomenklatura: ha ocupado posiciones diplomáticas y ministeriales bajo Chávez, Maduro y ahora Delcy Rodríguez

Moncada, por su parte, según el mensaje de la mandataria encarga tendrá “nuevas responsabilidades internacionales” tras casi una década en Nueva York. El movimiento no es un relevo generacional o una apertura política.

Algo similar ocurre con la designación de Arianny Viviana Seijo Noguera como nueva procuradora general de la República, aprobada por la Asamblea Nacional este martes en reemplazo de Reinaldo Muñoz Pedroza. La nueva titular no proviene de la academia independiente ni de sectores críticos. Su perfil, aunque menos público, responde al patrón clásico de la rotación interna: una abogada con larga trayectoria en instituciones del Estado chavista, sin rupturas ni cuestionamientos al ejercicio de un poder que pretende perpetuarse.

Esta dinámica se ha repetido en las últimas semanas. Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia que pasan a ministerios, viceministros que ascienden a embajadas, generales que rotan en cargos estratégicos para el mantenimiento del poder… En fin, la nomenklatura.

Delcy Rodríguez también ha elevado a ministros a otras figuras tales como Miguel Pérez Pirela, ahora al frente del Ministerio de Comunicación e Información, y además vicepresidente sectorial; o Raúl Cazal, en el Ministerio de Cultura. Son figuras que operaban en segundos planos y que, de pronto, acceden a los despachos ministeriales. Estos ascensos no son casuales. Precisamente porque provienen de estratos intermedios de la nomenklatura, su lealtad está blindada hacia quien les designó.

Las pocas “caras nuevas” que han aparecido confirman, más que desmienten, la tesis. Oliver Blanco, designado viceministro para Europa y América del Norte, es uno de los pocos que hasta hace meses se identificaba públicamente con sectores opositores. Sin embargo, su incorporación parece responder a un movimiento de cooptación que no altera la esencia del poder, sino que lo amplía con elementos útiles para la narrativa de “diálogo”.

Igual ocurre con Ana María Sanjuán, nueva ministra de Educación Universitaria. Es una académica con méritos, pero cuyo ascenso podría estar más vinculado a la amistad y cercanía compartida con José Vicente Rangel, al igual que Jorge y Delcy Rodríguez.

Son excepciones que, paradójicamente, refuerzan la regla: el poder tras ejercerse largamente -sin contrapesos- no se abre, sólo se expande, pero con dinámicas selectivas donde priva la confianza personal.

Vistas en su conjunto, todas estas designaciones que refuerzan la imagen de que existe una nomenklatura chavista, apuntan no a una transición en el sentido de apertura a algo distinto en el modelo político, sino que más bien son señales de un reacomodo entre quienes han venido ejerciendo el poder, movimientos para continuar al mando del país.

La nomenklatura chavista demuestra una resiliencia notable. Ha sobrevivido a la muerte del fundador, a sanciones, crisis económicas, protestas masivas, derrotas electorales y, desde el 3E vive una suerte de mutación tras la captura y extracción de quien ejercía como cabeza del Estado.

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