“Coyote vs Acme”: cuando el cine se resiste al monopolio
Esta podría ser solo una comedia sobre accidentes imposibles que rinde tributo a la melancolía de los dibujos animados, pero en realidad esta película de Dave Green terminó por convertirse en una defensa bastante lúcida de la integridad del arte, la imaginación y la capacidad para crear en una época de IA
Hace poco, el crítico de cine, Brian Tallerico, comentó que ver “Coyote vs Acme” de Dave Greed era un pequeño acto de resistencia y de amor al cine tradicional. En especial porque la cinta, descartada por Warner hace tres años y que luchó por sobrevivir hasta convertirse en un curioso hito del cine, se transformó en un símbolo involuntario. La representación del cine -y el muy aplastado y menospreciado mundo de los dibujos animados-, contra una industria cada vez más cínica y dependiente de la IA.
Aunque el especialista de la página de Roger Ebert indagó en el sentido metafórico de la batalla de Wile E. Coyote (Eric Bauza) contra su infame y rápido enemigo, acertó en una cosa: la travesía de “Coyote vs Acme” representa mucho más que una excentricidad cinematográfica.
Este filme demuestra que un tipo de cine artesanal, basado en el amor al arte y en la reflexión sobre el valor artístico, tiene cada vez menos espacios para sobrevivir. De modo que hay un acto de resistencia en disfrutar esta rareza. Mucho más, de indagar en ella como una excepción en la habitual regla que insiste en que el poderoso siempre aplastará al más chico. Además, hay algo absurdo en que una película protagonizada por un coyote obsesionado con atrapar un pájaro veloz termine hablando de monopolios, abogados y responsabilidad empresarial.
Esa mezcla define “Coyote vs Acme”, que explora con habilidad el ADN de Looney Tunes y, al mismo tiempo, se atreve a convertir una persecución interminable en un pleito legal. Uno además, fuera y dentro de la pantalla, lo que le lleva a plantar cara al vendaval de los cambios corporativos a través de la poco convencional herramienta del humor.
«Coyote vs Acme» sorprenderá a los fans de los LooneyTunes
El resultado funciona porque nunca trata la inteligencia y la tontería como enemigas, si no que las mezcla en un humor festivo que los nostálgicos de toda la vida reconocerán y una nueva generación agradecerá. Wile E. Coyote, el personaje silencioso que durante décadas ha convertido su propia mala suerte en una disciplina olímpica, es la excusa ideal para analizar un hecho curioso: el sentido de la burla de nuestra propia capacidad.
Pero antes de burlarse de sus personajes o del público, “Coyote vs Acme” es un tratado interesante en clave de humor demencial sobre la capacidad de la animación para ser un arte autónomo. Un concepto complicado para una película que se sostiene sobre su capacidad para ser imprevisible, referencial y graciosa, en medio de una época cínica.
Para eso, algunas cosas se mantienen incólumes: Coyote sigue siendo víctima de sus inventos, pero ahora puede reclamar daños luego de entender que años de desengaños sistemáticos no se deben a su poca -o mucha- genialidad, sino a un enemigo mayor: la todopoderosa, vagamente anónima y violenta corporación ACME, defendida por el cruel Buddy Crane (John Cena). Dentro de sus límites y su universo, la premisa tiene una lógica cómica impecable, si una empresa vende productos diseñados para hacer posible lo imposible, alguien debería responder cuando esos productos convierten un desierto en una sala de urgencias con excesiva frecuencia. El guion de Samy Burch, escrito en colaboración con James Gunn y Jeremy Slater, aprovecha esa idea para construir una sátira amable sobre compañías gigantes que consideran al consumidor una estadística con piernas.
Una vuelta de tuerca para amantes delcine
“Coyote vs Acme” incluso juega con su propia existencia mediante un crédito inicial que presenta la historia como si estuviera basada en hechos reales y parte del éxito de la cinta radica, precisamente, en su autoconsciencia, en su maravilla por la referencia a gran escala y su brillante capacidad para jugar con todas esas ideas a través de vínculos entre mundos, formatos, historias, cine y hasta historia universal.
La cinta está llena de guiños, referencias y dobles sentidos, que tanto los amantes de los dibujos animados como del cine disfrutarán. Pero también, que enlazan a la cinta con algo más complejo: su naturaleza como símbolo de una batalla que saltó la mesa del dibujante para sacudir a toda la cultura pop.
“Coyote vs Acme” estuvo a punto de ser eliminada como parte de los recursos activos de Warner y por meses, languideció entre gavetas, el limbo de una posible destrucción de cada copia existente y una subasta pública que, de nuevo, la puso cerca de ser solo un rumor de internet. Para finalmente encontrar una ventana de exhibición. Esta no es la primera vez que una cinta atraviesa un periplo semejante, pero sí una de las pocas en las que parece indagar en esa serie de equívocos corporativos a mayor gloria de una industria despiadada.
La película reflexiona sobre su propia rareza; sin convertir esa circunstancia industrial en el centro del relato, Green consigue que la película tenga una segunda lectura involuntaria: una obra sobre una corporación que puede hacer desaparecer un problema resulta especialmente graciosa cuando pensamos en la dificultad que tuvo este proyecto para llegar al público. Una ironía muy cinematográfica en la que la ficción habla de un sistema que parece invencible, mientras que la película demuestra, por experiencia propia, que las producciones tampoco siempre controlan su destino. Algo que hace de “Coyote vs Acme” una obra rara que hará reír al público por las peripecias del querido Coyote, ahora revindicado.
También, por demostrar en la práctica, la multiplicidad de capas de significado que el mundo cinematográfico puede brindar a sus dilemas. Un subtexto extraño para una cinta que pasa buena parte del tiempo riéndose de su sufrido personaje principal y en la que un Correcaminos termina (por fin) humillado en varias formas posibles. Pero que dota a esta pequeña maravilla digna de museo del séptimo arte, una especial relevancia. Quizás, su punto más fuerte.
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