Cinemanía

“La noche del demonio: están entre nosotros”, la franquicia se reinventa y se queda corta

“La noche del demonio: están entre nosotros” tiene la enorme responsabilidad de revitalizar una saga clásica del terror. Y lo hace tomando una decisión audaz: comenzar una historia alejándose de sus personajes más queridos. Pero el esfuerzo se queda a medias y condena al nuevo capítulo de la franquicia a la intrascendencia

la noche del demonio
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“La noche del demonio: están entre nosotros” demuestra un punto esencial en las nuevas franquicias del género de terror. La longevidad de una saga del género suele medirse por su capacidad de ser cada vez más impactante o al menos, agregar elementos de origen a medida que la historia central avanza. Y “La noche del demonio”, que desde su estreno en 2010 logró sacudir los cimientos de lo terrorífico, lo logró. 

Es por ese motivo que “La noche del demonio: están entre nosotros”, la sexta parte que se estrena 20 años después de la primera, sabe a poco. Peor aún, parece un intento de retorcer todos los elementos que identifican a la serie de películas, sin la capacidad narrativa y la habilidad para provocar miedo de las anteriores.

Eso, a pesar de que el director Jacob Chase toma algunas decisiones interesantes. Por un lado, en lugar de intentar reconstruir exactamente lo que funcionó durante la primera etapa de la saga (con la familia Lambert al frente), convierte a “La noche del demonio: están entre nosotros” en una variación exagerada y singular sobre el mismo escenario. ¿Qué pasaría si los demonios capaces de poseer y destruir encontraran finalmente una vía sencilla para entrar en nuestro mundo y arrasar todo a su paso? La idea es interesante en la medida en que subvierte el género por completo. También, que analiza la posibilidad del mal desde un punto que ha sido central en “La noche del demonio”: ¿Qué es exactamente el más allá?

Miedo para nuevas generaciones

Al contrario de otras sagas que se acercan más al llamado terror elevado o se reinventan desde la idea de refundar su premisa en elaborados teoremas filosóficos, “La noche del demonio” siempre ha sido más directa, frontal y extraña que cualquier otra. A la vez, ha dejado espacio en su trama para la experimentación acerca de lo que puede (o no) ser el lugar del que brotan las amenazas espectrales con las que deben batallar sus personajes. 

¿Se trata de un purgatorio habitado por todos los horrores del alma humana? ¿O de un espacio de puro dolor y miedo creado a la medida de la experiencia de la víctima propiciatoria? Ninguna de las cintas de “La noche del demonio” lo aclara y tampoco lo hace su sexta parte.

Lo que sí hace es ahora establecer reglas y posibilidades sobre lo que habita en ese lugar de sombras. Y que ese mundo de amenaza sea algo más que solo penumbra emocional. Por lo que los demonios no solo intentarán atormentar a los incautos que perciben su existencia. También, intentarán apoderarse del mundo real a como dé lugar.

Para eso, Jacob Chase, quien también escribe el guion, conserva las reglas esenciales creadas por Wan y Leigh Whannell, pero introduce una personalidad mucho más cercana al exceso de Malignant o Dead Silence. Esa elección altera la temperatura de la saga. Hay monstruos, apariciones y dimensiones sobrenaturales, pero también una voluntad evidente de jugar con lo absurdo. Una decisión que marca el tono y el ritmo, pero además, analiza a la saga entera como una especie de evolución constante desde un mismo concepto. El horror no tiene por qué ser lógico, elegante o atractivo. Y esa capacidad para lo caótico y lo denigrante, también forma parte del juego. 

Para eso, la nueva historia cambia de apellido y de árbol genealógico. La familia Lambert queda fuera del centro narrativo, como ya había ocurrido en “Insidious: Chapter 3” e “Insidious: The Last Key”, aunque esta vez la película no retrocede en la cronología para explicar el pasado o agregar información. La trama se enfoca en Gemma (Amelia Eve), una madre soltera cuya vida cotidiana está construida alrededor de una herida infantil que nunca terminó de cerrar. Cuando era niña presenció la muerte de su madre y, décadas después, continúa viviendo en la misma vivienda asociada con un trauma semejante. 

Ahora de adulta y como higienista dental, Gemma vive con su hija y ha intentado organizar una existencia funcional, estable y razonablemente aburrida. Hasta que lo sobrenatural la alcanza de nuevo. Gemma es una especie de metáfora sobre la capacidad del horror para atraer otros tipos de oscuridad y miedo.

El planteamiento permite que el terror surja de una idea sencilla: el pasado familiar es algo más que un trauma y puede ser, de hecho, la personificación de lo monstruoso.

Gemma descubre además que posee una capacidad extraordinaria para trasladar objetos (y después seres) entre el mundo que conocemos y lo que hay más allá. Y ocurre lo inevitable: una entidad demoníaca pretende utilizarla para cruzar hacia nuestro mundo acompañada por otras criaturas.

Es entonces cuando “La noche del demonio: están entre nosotros” transforma lo que parece ser una película de terror tradicional en algo más brutal y angustioso, envuelto y sostenido por la idea de que lo monstruoso es parte de lo humano y viceversa.

Cuando se mantiene en ese límite, la película tiene la suficiente capacidad para crear su propia mitología y analizar todos sus espacios desde un punto de vista original que se agradece. El director no solo logra transformar la idea de un puente condenado entre dos mundos en una alegoría de la mente humana. También lo hace una percepción angustiosa y retorcida acerca del horror que habita en cada uno de nosotros. La cinta es una especie de mezcla de los momentos más exagerados y terroríficos de la saga, con una reflexión más sutil sobre la cualidad (y el concepto) del miedo.

Narrar una idea compleja

No obstante, Jacob Chase es incapaz de mantener esa solidez. Y parte del problema es que parece que el guion cuenta dos historias a la vez. Por un lado, la de Gemma como puerta y elemento que une a dos mundos; por el otro, una batalla para salvar las mejores partes de sí misma y al final, incluso reconciliarse con su pasado. Paso a paso, “La noche del demonio: están entre nosotros” parece olvidar incluso su propia premisa e ir de un lado a otro de su historia, para completar puntos que se salen de control.

De la forma en que las reglas del mundo cambian en beneficio de la trama, a las ambivalencias de la propia Gemma, que se convierte, más que en un personaje, en el centro de una especie de operación militar exagerada y sin sentido, en un mundo terrorífico. La película pierde su propio eje. Tan abarrotada de giros (la mayoría mal resueltos) y de situaciones lacrimógenas, que “La noche del demonio: están entre nosotros” se pierde a sí misma a medida que intenta sostener tantos temas a la vez.

El resultado es irregular, extraño y ocasionalmente ridículo. Una mezcla demencial que hace de esta entrega de la saga, un capítulo olvidable y la mayor parte del tiempo, tedioso.

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