Cinemanía

"El brutalista": 7 razones para pasar 3 horas y pico en el cine

Desde el jueves 23 de enero está en cartelera "El brutalista". Dirigida por Brady Corbet y con las actuaciones de Adrien Brody, Felicity Jones y Guy Pearce ya es una de las favoritas para los premios de la Academia

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1-Ya tiene sus premios y va por más

Si te guías por los premios a la hora de ir al cine, a estas alturas ya debes saber que “El brutalista” suma varios Globos de Oro y eso la ubicó de inmediato en la lista de favoritas para el Oscar. En la ceremonia del domingo 5 de enero, Brady Corbet se llevó el premio como mejor director y aprovechó de sacarse unas espinas: “Me dijeron que esta película no era distribuible. Me dijeron que nadie vendría a verla. Me dijeron que la película no funcionaría”, lanzó en su discurso de la noche. Adrien Brody, su protagonista, fue reconocido como mejor actor dramático y “El brutalista” se llevó el Globo de Oro como mejor película dramática.

2-Viene con todo

Sí, es un drama. Pero tiene de todo, incluso giros inesperados en los que la sala susurra “quéeeee”. “El brutalista” en esencia cuenta la historia de László Toth, un arquitecto húngaro judío que sobrevive al Holocausto y a mediados de los años 40 logra migrar a Estados Unidos donde aspira a empezar una nueva vida mientras espera durante diez años por la llegada de su esposa Erzsébet, quien está atrapada en Europa del Este junto a su sobrina. Tóth, quien era un profesional reconocido en Budapest, no es nadie en el país que lo recibe como víctima de guerra. Sin embargo, un acaudalado empresario de Pensilvania lo “descubre” y se establece una conexión que sella su destino. Así lo explica el actor Adrien Brody: “Es el viaje de un refugiado conectado con su pasado, del que también ha sido despojado. Trata de encontrar su camino en una nueva tierra con un nuevo conjunto de reglas”.

3-Parece verdad

“El brutalista” es una película histórica en su contexto de la posguerra. La vida del personaje principal está tan bien contada y abordada que por momentos da la sensación de que se tratara de alguien real. Y esa es una virtud. La verosimilitud es un gran logro y en buena medida sostiene el interés del espectador durante la prolongada narración.

Aquí el protagonista explica cómo hizo su parte: “Para interpretar a László Tóth tuve que construir un personaje basado en la verdad. Me inspiré en dos influencias profundas de mi vida: crecer como el hijo de una refugiada húngara y representar las memorias de Wladislav Szpilman como se relatan en ‘The Pianist’. Aunque ellos dos son personajes completamente diferentes, los meses que pasé investigando y conectando con el pasado de Szpilman y los horrores de aquella época aún me persiguen y me ofrecieron una comprensión emocional de las desgarradoras experiencias y pérdidas que caracterizan el viaje de László al llegar a Estados Unidos como refugiado”.

4-Grandes actuaciones, gran bigote

El tratamiento visual y las sólidas actuaciones completan esos pilares que sostienen a “El brutalista”. Hay un cierto vuelo poético en la mirada del director, un regodeo estético sin el cual se podrían ahorrar unos cuantos minutos pero a costa de perder una buena dosis del encanto y el la seducción. Esos planos de detalle, esas secuencias, esos puntos de vista son la película. Esto dice el editor de «El brutalista», Dávid Jancsó: “Los motivos arquitectónicos también se reflejaron en el estilo de la edición. La precisión limpia y geométrica de la arquitectura brutalista influyó en los patrones de edición, con tomas largas e ininterrumpidas intercaladas con cortes bruscos y abruptos, creando un ritmo que reflejaba las tensiones de la vida de László”.

Y no hay fallo alguno en las actuaciones y las caracterizaciones: desde la nariz de Toth hasta el perfecto bigote de Harrison Lee Van Buren, todo está en su puesto. En la historia del cine no debe haber otro bigote tan bien cortado a excepción del que portaba el inmortal Guy Williams en «El Zorro».

Guy Pearce comenta sobre el feroz y singular Van Buren: “La maquillista y peluquera Gemma Hoff me hizo una peluca y un bigote, y usamos un mechón de pelo plateado que envejecía al personaje y le daba cierta autoridad. El encanto, la fuerza y el poder de Van Buren van de la mano de un aspecto de estrella de cine elegante y anticuado. Cuando me puse el traje, me metí de lleno en el personaje”.

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Guy Pearce en su caracterización de «el malo» de «El brutalista»

5-Claro que hay arquitectura

Aunque no se detiene en mayores explicaciones sobre arquitectura, por supuesto que esta disciplina es un elemento constante, tanto en el regodeo poético-visual del director, como en el hecho de que es el motor en la vida y pasión de László Toth. ¿Y por qué el brutalismo? Esto dice Corbet: “El brutalismo puede ser austero, pero también es monumental en su estilo —esos extraños objetos que son amados y aborrecidos por igual, y que tardan tiempo en desarrollarse en el imaginario público porque la gente parece no ser capaz de descifrarlos en el momento. Para mí, esto refleja la experiencia de los inmigrantes y el brutalismo es un estilo arquitectónico predominantemente creado por inmigrantes. Por su alcance y escala, los edificios brutalistas piden a gritos ser vistos, pero quienes los diseñaron o construyeron luchaban por su derecho a existir”.

6-Es ideal para ti, que eres influencer

Si andas en plan de influencer de cine, esta es tu oportunidad. “El brutalista” tiene una duración de 215 minutos, pero eso incluye un intermedio de 15 minutos en el que seguramente vas a salir a montar videos en tus redes contando que estás en plena función de la nueva gran pieza del séptimo arte y podrás hablar de su fotografía, de la actuación del ganador del Globo de Oro, contarle a tus seguidores que esta gente tuvo que aprender incluso a hablar húngaro… y que no hay ni un superhéroe ni escenas postcréditos porque esto no es Marvel…

7-En el pasado y el tiempo detenido

Casi toda la acción de “El brutalista” se desarrolla en Estados Unidos y en particular en el pujante estado de Pensilvania, pero la película se filmó en Budapest. El perfil de ciudades como Filadelfia tiene ya poco o nada de lo que era en aquellos años, así que estar en Hungría ofreció varias ventajas, incluyendo menores costos, no tener que recurrir a efectos especiales en postproducción, lograr la inmersión en el húngaro que necesitaban Adrien Brody y la actriz Felicity Jones: “Budapest tiene mucha arquitectura neutral, cañerías expuestas y bodegas —es una ciudad industrial como la que solía ser Filadelfia antes de que la desmembraran y la modernizaran. La Pensilvania rural, donde reside el opulento clan Van Buren en una majestuosa mansión en una vasta extensión de tierra verde, se podía reimaginar fácilmente en las afueras de Budapest, donde las colinas onduladas y las grandes propiedades representan una vista familiar”, contó el director.

Pero además les permitió trabajar de forma cómoda con película de celuloide y en un anticuado formato llamado VistaVision, descrito como una variante de la pantalla panorámica con mayor resolución que el 35mm y que ya en la década de los sesenta se había hecho obsoleto. En Budapest hay dos laboratorios que procesan la película, así que otra preocupación menos. ¿Y por qué VistaVision? Corbet lo explica: “Es genial para la arquitectura porque puedes estar físicamente cerca de la estructura que estás filmando y apreciar todos los detalles, puedes ver la mineralidad del concreto y al mismo tiempo capturar todo el edificio dentro de tu cuadro”.

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