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Dalila Itriago

Dalila Itriago

Periodista egresada de la Universidad Central de Venezuela. Su primer trabajo fue con Valentina Quintero, en la elaboración de las guías de turismo. Luego aprendió a hacer radio en el mejor lugar del país para ello: Radio Caracas Radio. También supo cómo cortar sonidos y montar notas en Globovisión y después de casarse y divorciarse decidió agarrar mínimo trabajando en Cáritas de Venezuela, donde entendió que sí hay quienes sufren verdaderamente; y a ellos hay que servir y ayudar. Posteriormente se iría al diario El Nacional, para trabajar en la fuente de Ciudad. Allí se enamoró de Caracas.

Estudia Letras en la UCV, porque ama las historias bien contadas, y tiene como amigos incondicionales al mar, al ron, la salsa brava, el Nazareno, la virgencita de Sabas Nieves, el ballet, y un gato negro que regaló debido a la crisis. Antes de morir quiere ver un mundo más justo, conocer París, escribir hasta que se le cansen los ojos, y encontrar un gran amor.

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Helena en Caracas

A partir del viernes 6 de marzo, el grupo teatral Séptimo Piso presentará todos los jueves y viernes de este mes “La Ilíada en Movimiento”, una versión del clásico de Homero, dirigida por Dairo Piñeres

Ricardo Ramírez Requena: “Somos como una vela en la oscuridad”

Resisten toda adversidad. Desconfían de los malos augurios y son sordos ante cualquier vaticinio catastrófico. Ellos viven dentro del caos, pero el enfoque que han logrado labrar en su propio camino de servicio los protege ante la centrífuga asesina. Ricardo Ramírez Requena es profesor universitario, y su misión de acompañamiento y enseñanza lo anima a continuar en Venezuela. Él es uno de los orfebres de la esperanza

María Graciela López García: “Vivo de la atención a los pacientes”

Resisten toda adversidad. Desconfían de los malos augurios y son sordos ante cualquier vaticinio catastrófico. Ellos viven dentro del caos, pero el enfoque que han logrado labrar en su propio camino de servicio los protege ante la centrífuga asesina. María Graciela López es infectóloga, y su misión de acompañamiento y enseñanza la anima a continuar en Venezuela. Ella es una de los Orfebres de la esperanza

María Guinand: “Somos como la semilla que germinará cuando salga el sol”

Resisten toda adversidad. Desconfían de los malos augurios y son sordos ante cualquier vaticinio catastrófico. Ellos viven dentro del caos pero el enfoque que han logrado labrar en su propio camino de servicio los protege ante la centrífuga asesina. María Guinand es músico y educadora, y su misión de acompañamiento y enseñanza la anima a continuar en Venezuela. Ella es una de los Orfebres de la esperanza

Rosana Herrera: “Nunca he tenido miedo de vivir en la Cota 905”

Resisten toda adversidad. Desconfían de los malos augurios y son sordos ante cualquier vaticinio catastrófico. Ellos viven dentro del caos pero el enfoque que han logrado labrar en su propio camino de servicio los protege ante la centrífuga asesina. Rosana Herrera es religiosa y docente y su misión de acompañamiento y enseñanza la anima a continuar en Venezuela. Ella es una de los Orfebres de la esperanza

La tragedia de sufrir depresión en Venezuela

Altruista, bonachón, sensible y generoso. Así se refieren sus amigos a Alejandro Cañizales. Pero pocos sabían de su enfermedad y de las dificultades que pasaba para conseguir tratamiento. Su caso alerta sobre los efectos de transitar por rutas neuronales obstruidas: el riesgo de sufrir depresión en Venezuela, donde las medicinas escasean y la subestimación abunda

The Night, una balsa hecha de letras que sortea túneles y laberintos

Rodrigo Blanco Calderón ganó la III Bienal de Novela Mario Vargas Llosa con su obra The Night (Alfaguara 2016), luego de medirse con otras 426 creaciones de 20 países distintos. Desde Málaga, España, donde ahora vive, nos ayuda a desentrañar su texto para lograr, con algo de suerte, un objetivo aún más ambicioso: esclarecer el país

En la Sierra de Perijá los ángeles mueren de paludismo

Indígenas de la etnia yukpa que viven en la Misión de Los Ángeles del Tukuko, tramo del estado Zulia fronterizo con Colombia, creen que no recibieron el tratamiento adecuado contra el brote de malaria registrado en este año. Niños y adultos por igual son vencidos por la epidemia, en medio de una alimentación precaria, de la ausencia de tratamiento suficientes y bajo la mirada indolente y silenciosa del Estado. Las cifras se acumulan, los muertos se cuentan por decenas, los infectados por miles. El paludismo es la constante, el hambre y el abandono sus mejores aliados