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Mi vida con el CLAP: Busca tu caja, pero con tapabocas

Poco le ha importado al chavismo lo que diga la OMS sobre los tapabocas. Aún en medio de una cuarentena por la epidemia de coronavirus, representantes del CLAP han llamado a las comunidades para retirar su bolsa o caja... eso sí, con tapabocas, así sea mal usado. Clímax presenta una serie dedicada a la cotidianidad impuesta a través de la entrega de comida de los CLAP

Al chavismo no le importa lo que diga la Organización Mundial de la Salud sobre el uso de los tapabocas por el coronavirus. ¿Que es necesario que presentes síntomas? No importa. ¿Que solo lo pueden utilizar quienes cuiden a alguien con sospecha de estar infectado? No importa. La orden es, sí o sí: usa tapabocas si vas a salir de tu casa en medio de la cuarentena.

Eso hizo que todo el mundo saliera corriendo a compras mascarillas, que te vean feo si no la llevas, que muchos sacaran trapos viejos para improvisar protección porque no consiguieron o no tenían cómo comprarlas y que hasta los representantes del Gobierno hayan dado declaraciones con la mitad del rostro cubierto. ¿Padrino López con tapabocas? Te lo tengo, claro que sí.

Fino, pero ese no es el problema.

El problema es que he visto poca gente utilizándolo cómo es. Lo llevan debajo de la nariz, lo tocan a cada rato, se lo quitan y se lo ponen. Eso me da arrechera. Si vas a obligar a usarlo –para comprar, para usar en el Metro, para entrar a un sitio–, al menos informa cómo utilizarlos correctamente. Pero no.

La arrechera fue mayor cuando el teléfono de mi casa sonó el lunes al final de la tarde y era la vocera del CLAP diciéndonos que estuviéramos pendientes porque iban a entregar la bolsa ese día. El mismo día que Nicolás Maduro había dicho que había cuarentena en varios sitios del país, entre esos Caracas. ¿No estábamos en distanciamiento social?

“El uso del tapabocas es obligatorio”, dijo la vocera antes de colgar. ¿Y ahora? En los pocos sitios a los que habíamos ido en busca de tapabocas, no había.

En realidad no había nada: ni mascarillas, ni antibacterial, ni alcohol. “No importa, el tapabocas no es para todo el mundo”, pensé yo de forma ingenua. Me fui a casa con las manos vacías, pero confiando en la información de la OMS. Qué OMS ni que nada.

Nos pusimos a buscar en la casa, entre las cosas viejas. Encontramos una bolsa con unos pocos tapabocas que sobraron una vez, hace mucho, cuando pintamos. Mejor que nada.

Nos llamaron a eso de las siete de la noche. Me vestí, me lavé las manos, me puse el tapabocas. Cuando lo hice sentí tantas cosas a la vez… Entre esas, arrechera, obvio. Como siempre que voy a buscar la bolsa. Ahora, en medio de una pandemia, más.

Cuando bajé tuve que esperar con los otros vecinos mientras los demás regresaban de buscar su bolsa, a una cuadra del edificio. La logística era ir de cinco en cinco para evitar que tanta gente estuviera junta. Fui sola, sin el apoyo moral de mi mamá porque es persona vulnerable al contagio.

Mientras esperábamos la gente se olvidó del coronavirus. El tapabocas servía de cintillo, de bufanda, de pulsera. Una señora, que creo que pasa los 70 años, ni tenía. La gente hasta se saludaba con beso, los hombres se estrechaban las manos. El virus dándose banquete.

Yo no bajé mi mascarilla ni una sola vez.

La vocera nos fue a buscar. Venía con el tapabocas en el cuello, amarrado de las orejas. Bajó las escaleras tocando la baranda y al llegar al portón, se subió la mascarilla a la cara. Quise llorar.

Eran casi las ocho de la noche, pero parecían las tres de la madrugada. Todo estaba cerrado, la panadería, el bar, la pollera, los motorizados no estaban. La farmacia era lo único abierto y tenía unos carteles que evitaban la preguntadera: “No hay tapabocas, alcohol, gel, guantes”. Váyase pa’ su casa.

Tenían las bolsas CLAP en el piso. Por primera vez me puse a hacer un cálculo rápido de la cantidad de sitios en donde estuvo la bolsa antes de llegar a ese lugar y automáticamente me dieron ganas de estar bajo la ducha.

Nos hicieron pasar uno por uno y firmar la lista con un bolígrafo que ya habían tocado todos las demás personas de los edificios de la zona.

Si cargar una bolsa con 20 kilos de comida es jodidamente difícil, no les quiero contar hacerlo con un tapabocas con el que no puedes respirar bien. “No te lo quites, no te lo quites”.

Llegué a mi casa jadeando, sudando. Me quité la ropa en la entrada y la metimos en la lavadora. Me saqué el tapabocas con cuidado y lo botamos. Y me fui a lavar las manos con la ayuda de una jarrita porque en mi casa solo hay agua dos veces a la semana.

Qué mierda pasar por esto. Y con esto me refiero al coronavirus y al chavismo.

Me restregué las manos con fuerza. Para evitar el contagio, del Covid-19 y del comunismo.