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Pedro Luis Pedrosa: La democracia está sobrevaluada

El consultor político asevera que la democracia no es un fin en sí mismo como consideran algunos, sino que es un medio dentro del sistema republicano. Clímax presenta «Democracia en crisis», una serie de entrevistas de opinión sobre el papel de la representación política en el siglo XXI

Pure democracy doesn’t work. Un mantra político que tuvieron presente los padres fundadores de Estados Unidos cuando, ante la necesidad imperativa por establecer un gobierno federal en 1789, decidieron asumir la democracia como medio legitimador de la representación política. James Madison, Alexander Hamilton y John Jay venían ejerciendo una campaña de apoyo a esta moción desde las páginas de The Federalist Papers, artículos que argumentaban la existencia de un gobierno administrador del nuevo Estado, ante la crisis y las discordias que la guerra había dejado. Ese órgano, además, debía concordar con el checks and balances de Montesquieu, el ejercicio liberal.

En su libro ¿Qué es el Tercer Estado?, Emmanuel Sieyés recogía la idea de una voluntad común por encima de la general. Es decir, la escogencia de ciudadanos laboriosos para la representación política, una voluntad de capacitados, frente a la amenaza hacia la libertad individual que auguraba la democracia roussoniana. Sieyés consideraba que, tras el derrumbe del Antiguo Régimen, debía haber un sistema regulado de acuerdo a las capacidades para poder opinar y actuar. Escribió sobre la importancia de la representatividad del ciudadano industrioso, abierta a todos aquellos que cumplan con las exigencias tras haber sido formados, en antagonismo también al estamento cerrado, basado en el linaje sanguíneo, que regía hasta ese momento en los Estados occidentales.

 Pedro Luis Pedrosa

Casi tres siglos después de aquel debate que definió el modelo político de la contemporaneidad, la democracia liberal pareciera estar ante una crisis, pues, las demandas de participación y alternancia en el poder cuestionan el papel de la representatividad ideada en el siglo de las luces. Estados Unidos, uno de los países precursores de este sistema, enfrenta en la actualidad un profundo debate acerca del origen electoral: ¿quién debe gobernar, el más popular o el más capacitado? Pedro Luis Pedrosa, un exoficial de la Armada venezolana con estudios en Ciencias Políticas, Relaciones Internacionales y Economía analiza como consultor político esta pregunta.

«El régimen venezolano es una tiranía totalitaria. Las dictaduras son autoritarias, buscan establecer un orden; pero el totalitarismo secuestra el alma de los pueblos, nos lleva a niveles como los de Venezuela, donde muchas personas piensan que recibir la bolsa del Clap es un beneficio, y eso ha anulado la capacidad de esa persona de aspirar a algo más que esa bolsa Clap»

—¿Vivimos el fin de la democracia liberal? ¿Los autoritarismos son el futuro?

— Yo no creo que los autoritarismos sean el futuro. La democracia liberal que nace a finales del siglo XVIII tiene un agotamiento. La más exitosa de ellas, que es la de Estados Unidos, es la que más va a durar y la que más va a resistir esa crisis precisamente por su diseño inicial. No así, democracias en otras partes del planeta, en Hispanoamérica, donde adoptaron a la democracia como fue concebida en Francia, que nace de un principio contrario al que nace en Estados Unidos. La democracia norteamericana pone en el centro a la libertad, mientras que el francés sitúa en el centro a la igualdad. Y el modelo francés de democracia fue el que más se extendió en el mundo hispano. Y por eso es que tenemos esto que llamamos la crisis de la democracia. Hay un agotamiento y la democracia está sobrevaluada. En algunos países occidentales no utilizan a la democracia como un medio, sino como un fin en sí mismo, entonces, cuando deja de ser un medio para alcanzar un orden moral superior o para estabilizar a la sociedad y lo conviertes en una finalidad, pues entonces hay alteraciones. Y las formas de lograr esas alteraciones fueron descubiertas por los enemigos de la democracia. Por eso ves el auge de esos movimientos que son de izquierda, y que se valen de la democracia para tomar el poder y luego destruirla.

—¿Cómo llegan al poder en medio de democracias sólidas y luego las destruyen?

—La democracia está sobrevaluada. La democracia y la libertad tienen en su ADN el gen de su propia destrucción. La gente cree que la democracia es una forma de gobierno, y eso es mentira. La democracia es un mecanismo de resolución de diferencias. Como somos muchas personas y todos no nos vamos a poner de acuerdo, asistimos a las urnas y los que pierden, la minoría, acepta que la mayoría que ganó va a gobernar por un período de tiempo determinado. Es un mecanismo de resolución de diferencias, no es una forma de gobierno. ¿Cuál es la forma de gobierno? La república. Pero, entonces, los enemigos de la democracia entendieron que a través del voto popular podían obtener lo que no habían conseguido por los fusiles durante la época de las dictaduras militares. Así empezaron Chávez, Lula, Evo, los Kirchner, Correa, Ortega, López Obrador. Ellos descubrieron que a través de mensajes sencillos, potables, que van entorno al amor, a la esperanza, al odio y a la rabia –los sentimientos que más se manejan para efectos electorales y políticos–, se puede introducir una cantidad de información, que luego va a ser utilizada a favor de la opción más populista que termina destruyendo a la democracia.

—A diferencia de la izquierda que ha utilizado estas herramientas discursivas para llegar al poder, ¿por qué la derecha no ha calado lo suficiente? ¿Qué le ha faltado a la derecha para que su narrativa sea aceptada como lo fue la izquierda?

—Tú haces una buena pregunta: ¿qué nos ha faltado? Yo, en el ejercicio profesional, también me pregunto recurrentemente eso. Quienes decimos ser de derecha somos un archipiélago de vanidades, es decir, somos incapaces de juntarnos en torno a una agenda común, y en este proceso, lo que en algún momento pudo haber sido la derecha hispanoamericana, en lugar de dedicarse a ver qué nos falta para que nos entiendan, se dedicaron a izquierdizarse. ¿Qué le ha faltado a la derecha? Desde la comunicación política, llamar al orgullo del electorado y no a su necesidad, es decir, los pobres son pobres, no minusválidos. Eso le ha faltado a la derecha, llamar al orgullo, a la dignidad humana del electorado, en lugar de llamar a sus necesidades, y de eso se han valido cualquier cantidad de sinvergüenzas que te montan una campaña electoral en torno a lo que Giovanni Sartori, que lo habla en Homo videns: la sociedad teledirigida, la “sondeocracia”. Las sociedades se han vuelto lo que se han vuelto porque desde la política le han dicho lo que han deseado escuchar. Y en muchas oportunidades tú quieres escuchar que estás sano y que quieres salir corriendo, y el médico te tiene que decir que no estás sano, que debes guardar reposo y que debes comer esto. Y eso es lo que los políticos no han querido hacer, los políticos les han dicho a las sociedades hispanoamericanas lo que ellas quieren escuchar.

 Pedro Luis Pedrosa

—Es decir, ¿el latinoamericano entonces quiere ser del primer mundo, pero no está dispuesto a comportarse como tal?

Sí. El mejor ejemplo, por un tema geográfico, lo consigues en México. El wannabe mexicano quiere vivir como los pinches gringos cabrones que nos tienen oprimidos. Es una relación de que yo quiero ser como él, pero en mi incapacidad de ser como él, le echo la culpa a él de lo que yo soy. Esto lo desarrolló Carlos Rangel, quien le atribuye eso al hecho de que el origen de los Estados Unidos es protestante y el de Hispanoamérica es católico. Yo creo que es más la religión, porque no debemos despreciar el papel de España como ente civilizador. El problema no es ese, sino que la cultura anglosajona sabe que su libertad depende de ella misma, entonces son el free farm: yo siembro para mí y si me sobra vendo. Nosotros, por el contrario, siempre hemos esperado que alguien nos venga a regalar algo. Queremos vivir con el nivel de vida que han logrado los Estados Unidos, pero no queremos seguir las practicas exitosas que ellos han seguido. Por supuesto, el fracaso va a seguir siendo continuo, reiterado y prolongado porque no queremos entender que el Estado está es para preservar la libertad de los individuos y no para conculcársela.

—En relación a eso, hay intelectuales que aseguran que Hispanoamérica está estancada en una discusión de izquierda y derecha que no le permite avanzar.

—Aquel que diga que estamos estancados en una discusión de izquierda y derecha, es un progre zurdo. Un izquierdista que no quiere dar ese debate y está dentro del consenso progre: tenemos que ser así, no se puede ser de otra manera. Denostar de los liberales y de los conservadores, porque para ellos ser progres es ser cool, pero si eres conservador eres facho, machirulo, retrogrado. Ellos no quieren dar el debate que está más vigente que nunca: vigente en España, en Estados Unidos y nunca se dio en Hispanoamérica. Aquí, con excepciones, nunca fuimos de derecha, fuimos zurdos, progresistas. Y recordemos que progresismo es a progreso lo que carterista es a cartera. En Hispanoamérica no ha habido tradiciones bipartidistas izquierda-derecha. Esos debates son sanos, dan estabilidad, porque los consensos se obtienen a partir de extremos, no todo puede ser progre, tiene que haber enfrentamiento de ideas.

«La democracia está sobrevaluada. La democracia y la libertad tienen en su ADN el gen de su propia destrucción. La gente cree que la democracia es una forma de gobierno, y eso es mentira. La democracia es un mecanismo de resolución de diferencias»

—Liberales y conservadores, pero, ¿esa reacción liberal no parece más bien conservadora? Digo, está en desacuerdo con banderas del liberalismo anglosajón.

—Para algunos ser liberal es ser proaborto, por LGBT, pro matrimonio gay, pro animalismo, pro feminismo y pro todo lo que la cultura posmoderna pretende inculcar. ¿Es malo ser conservador? Para algunos sí, porque va en contra de sus agendas particulares. Pero sí, tiene que haber una agenda conservadora, tiene que haber un movimiento conservador. ¿Es malo? ¿Por qué? Por reacción natural y por necesidad imperativa del país, habrá una sucesión generacional que será muy conservadora. Porque si algo tiene que rescatar este país, antes que su economía, es la moral. Y para rescatar la moral está lo conservador. Un conservador que es respetuoso de la dignidad humana es profundamente liberal en lo económico. Tú no vas a ver a ningún conservador expropiando, ni vas a ver a ningún conservador invadiendo la propiedad privada de otro, porque el eje central del conservadurismo es la dignidad de la persona humana, por eso los conservadores están en contra del aborto. ¿Es una reacción? Sí, natural, al fracaso del socialismo venezolano, al fracaso y a la demencia que están mostrando a nivel mundial todos estos movimientos de nueva izquierda, basta ver a las feministas en Argentina. No hemos salido del comunismo primitivo de la lucha de clases y ya nos quieren clavar las luchas de estas nuevas minorías oprimidas. Ya no es la lucha de clases, sino heteros contra homosexuales, mujeres contra hombres. Animalismo contra taurismo. Y ellos parten de la premisa de que todo lo nuevo es bueno por ser nuevo –por el nuevo orden moral que predican– y todo lo malo es malo por ser viejo, entonces, estarían afirmando que la música de Bad Bunny es mejor que la de Freddy Mercury, Dios nos libre. En este caso música y moral son proporcionales: el rock fue la banda sonora del desarrollo y el reguetón es la de la decadencia. Así que no todo lo nuevo es bueno, ni todo lo viejo es malo.

 Pedro Luis Pedrosa

—Justamente, habla del comunismo primitivo y de la lucha de clases. Venezuela parece estar atrapada en una izquierda atrasada, de los sesenta, muy cubanizada.

—Sí, pero es que tampoco hay una izquierda moderna. Eso no existe, la izquierda es totalitaria toda. Hay socialismo carnívoro y socialismo vegetariano. Por ejemplo, yo no estoy de acuerdo con el matrimonio homosexual y la respuesta inmediata es que me dicen homófobo. Yo tengo amigos homosexuales, no siento ningún tipo de repulsión hacia ellos, simplemente pienso que el matrimonio es una institución, incluso, previa al Estado que establece la unión entre un hombre y una mujer. Si una pareja homosexual quiere juntarse, que vaya, firme un contrato y que lo llame “unión civil”, pero esa vaina no es un matrimonio. Si quieren dejarse sus posesiones materiales déjenlo sentado en ese contrato, eso es muy liberal porque ni siquiera estás recurriendo al Estado, si acaso vas a una notaría, pero no le estás pidiendo al Estado que defina tu relación. Pero entonces viene la gente de la agenda LGBT a decirte homófobo, retrogrado. Buscan, entonces, que desde el Estado se promulguen leyes para penar tu disenso con cierta forma o visión de ver el mundo. Ya desde ese momento se hace totalitaria porque dejó de ser un debate de ideas y de opiniones: a través del Estado te impusimos que tú no puedas manifestar que estás en desacuerdo. Y que si lo haces puedes ir preso, como en Canadá o en España.

«Yo no creo que los autoritarismos sean el futuro. La democracia liberal que nace a finales del siglo XVIII tiene un agotamiento. La más exitosa de ellas, que es la de Estados Unidos, es la que más va a durar y la que más va a resistir esa crisis precisamente por su diseño inicial»

—En Venezuela hay control sobre la sociedad, ¿es un totalitarismo? No coincide completamente con las características que describe Hannah Arendt en su definición.

Sí, de hecho, el régimen venezolano es una tiranía totalitaria. Las dictaduras son autoritarias, buscan establecer un orden; pero el totalitarismo secuestra el alma de los pueblos, nos lleva a niveles como los de Venezuela, donde muchas personas piensan que recibir la bolsa del Clap es un beneficio, y eso ha anulado la capacidad de esa persona de aspirar a algo más que esa bolsa Clap. No hace falta Hannah Arendt para definirlo, ya lo hizo Jacob Talmon en Los orígenes de las democracias totalitarias. Aquí todo empezó cuando la clase media aspiracional wannabe aceptó que le permitieran utilizar únicamente 300 dólares anuales en sus tarjetas de crédito. Eso es una restricción, porque si una persona ganaba 5000 dólares mensuales no los podía utilizar porque el Estado le decía que no. Así como el Estado le ha dicho a muchas personas: “no puedes viajar porque no te voy a dar pasaporte”, o “no puedes producir porque tu empresa va a ser mía”. Es un totalitarismo de hecho. El problema es que hay personas para quienes la libertad significa estar en sus casas, pueden ir al trabajo en su carro, eso es un concepto muy precario de libertad. Cada quien entiende la libertad como mejor le parece. Nosotros nunca jamás entendimos lo que era ser libre. Nadie nunca nos lo quiso explicar. Los políticos invierten su tiempo en explicar cómo es la pobreza, pero no explican cómo dejar de ser pobre.

—Una tiranía totalitaria…

—Aquí te voy a citar Los orígenes de las democracias totalitarias: Talmon decía Rousseau era un tipo muy resentido, Rousseau crea al legislador para que el pueblo ame a la voluntad popular, y donde tu instalas la voluntad popular jodes la voluntad individual de un montón de personas. El profesor español Jesús Huerta de Soto explica muy bien aquello de que el populismo es inherente a la democracia, porque quienes hacen campañas en las calles hacen demagogia. Ahora, volvemos al principio: ¿por qué funciona la democracia americana? Porque votan los colegios electorales, un sistema de regulación plenamente justificado por los padres fundadores: Pure democracy doesn’t work. La democracia pura está para los representantes y senadores que se hacen contrapeso en el Congreso. Y esto se engloba con lo que te dije: la democracia está idealizada.

«Casi tres siglos después de aquel debate que definió el modelo político de la contemporaneidad, la democracia liberal pareciera estar ante una crisis, pues, las demandas de participación y alternancia en el poder cuestionan el papel de la representatividad ideada en el siglo de las luces»