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“Todo el mundo ha tenido paludismo por aquí”

A sus 22 años, Sulay Lozano afirma haber padecido malaria unas 40 veces. Residente en Las Claritas, municipio Sifontes del estado Bolívar, vive junto a su familia de la minería, esa que va depredando el sur del país. Venezuela tuvo en 2018 el 51% de todos los casos de paludismo registrados en el continente, según la data consolidada más reciente de la Organización Mundial de la Salud, cuadruplicando el dato en apenas un lustro

“Todo el mundo ha tenido paludismo por aquí”

Mi nombre es Sulay Lozano y tengo 22 años, y he sufrido de paludismo. Mi familia proviene originalmente de Ciudad Bolívar, pero la ciudad se volvió demasiado cara en los últimos años y mis padres ya no podían encontrar trabajo allí. Así que dejamos nuestro hogar para vivir un tiempo dentro de la mina. Luego, cuando mi madre quedó embarazada, nos mudamos a Las Claritas, un pueblo a las afueras de la mina.

En general, me gusta vivir aquí. Nos sentimos seguros y estamos en una mejor situación que en Ciudad Bolívar. Allí, no teníamos dinero pero aquí siempre podemos encontrar oro, incluso en pequeñas cantidades. Probablemente nos quedaremos por un tiempo.

paludismo

Mercedes, la madre de Sulay, está embarazada de nuevo y vive con sus dos hijos y un nieto en una casa con paredes de plástico

Todos los días, mi padrastro, mis primos y hermanos van a buscar oro para ayudarnos a sobrevivir. Yo me quedo en casa con mi madre. Me levanto a las seis de la mañana, preparo el desayuno y luego espero a que pase el resto del día… Todos vivimos en una habitación compartida hecha de láminas de plástico por ahora, pero construiremos algo de madera, cuando tengamos suficiente oro para eso.

Aquí pagamos todo en oro. Por ejemplo, el mosquitero que uso cuando duermo en mi hamaca me costó 0,8 gramos de oro. Fue bastante costoso, pero lo compré porque la malaria es una plaga en esta área. Tan pronto como dejas tu mosquitero, un mosquito te pica. Todos han tenido paludismo por aquí. Sin embargo, no estoy demasiado preocupada, incluso cuando uno de nosotros se enferma. He tenido malaria 40 veces y mi hermano pequeño unas 10 veces. Mi madre, mi hija y mi sobrino también la han tenido en muchas oportunidades. Eso es algo normal para nosotros. Solo intentamos prevenir el paludismo cuando podemos y tratarlo cuando nos da.

He tenido malaria 40 veces y mi hermano pequeño unas 10 veces. Eso es algo normal para nosotros.

Ahora sé cómo identificar los síntomas de la malaria y, por lo general, voy a pedir un diagnóstico tan pronto como empiezo a sentirme un poco mal. Cuando aún vivíamos dentro de la mina, tuve que comprar el tratamiento para el paludismo, no había forma de obtenerlo gratis. Una ronda completa de tratamiento me costaba alrededor de 1,5 gramos de oro en ese entonces. Era costoso, pero me habría costado aún más llegar al ambulatorio en la ciudad donde se proporcionaba de forma gratuita. Conozco personas que murieron de malaria, así que sé lo importante que es el tratamiento.

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Sulay Lozano retira el tratamiento para la malaria que le dará a su hermano Édgar

Hoy fui al ambulatorio de Santo Domingo para recibir tratamiento gratuito para mi hermano pequeño, Edgar. Ayer le dieron un diagnóstico positivo de paludismo y se sintió demasiado débil para venir conmigo. Cada vez que voy al ambulatorio, trato de obtener una consulta. El hecho de que ahora vivamos cerca del ambulatorio y de que no tengamos que pagar por el tratamiento allí es útil, porque no nos lo podíamos permitir.

Todos vivimos en una habitación compartida hecha de láminas de plástico por ahora, pero construiremos algo de madera, cuando tengamos suficiente oro.

Todos los días, trato de ayudar a mi familia tanto como puedo con los pocos medios que tengo. Mi madre está a punto de dar a luz, por lo que necesita que yo esté allí para ella y mi para mi familia. Otra razón por la que nos mudamos de las minas fue para que su parto fuese más fácil. Desde Las Claritas, solo tendremos que tomar un taxi durante una o dos horas para llegar a uno de los hospitales estatales. Debería ir bien… Solo espero que tengan los insumos para cuidarla. No siempre es el caso…

El hijo de Sulay Lozano, Richelis (3), duerme en una hamaca con mosquitero

Cuando pienso en su futuro bebé, también pienso en mi propia hija. Ella tiene tres años ahora. Espero que pueda estudiar algún día. Espero poder volver a la escuela yo también. Dejé de asistir en quinto grado, cuando quedé embarazada. Pero los estudios son importantes si quieres trabajar. Y tendré que trabajar si alguna vez quiero pagar mi propia casa. Ese es mi único sueño.

En Ciudad Bolívar no teníamos dinero pero aquí siempre podemos encontrar oro, incluso en pequeñas cantidades.