Vivir con sarna, la enfermedad de la pobreza

Pobreza e insalubridad, una mezcla que pica. Enfermedades endémicas más propias de la dictadura de Juan Vicente Gómez, al principio del siglo pasado, se reproducen por doquier. La sarna también escuece. La falta de higiene en un país sin agua potable le abre el camino, y no hay cómo limpiar para cerrarlo. Las recomendaciones son básicas, pero el entorno condena

En un hospital del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS), ubicado en Caracas, está Luis Carlos Pacheco. Tiene 19 años y dice su nombre sin problemas, pero luego no abunda en detalles de su padecimiento. No es un orgullo un diagnóstico como el que pesa sobre en su ficha médica: tiene sarna, la enfermedad de la pobreza.

-¿En qué zona vive?

-En Petare. Arriba… arribota…

-¿Usted tiene sarna?

-Sí

-¿Y cómo la contrajo?

-Bueno, el doctor dice que por la falta de agua que hay en mi zona. La mala limpieza, el hacinamiento, en mi casa vivimos cinco personas, y dormimos en tres colchones.

-¿Vive en un rancho?

-Sí

-¿Le pica mucho la sarna?

-Uy! Sí… sobre todo por la noche… y cuando pega más calor…

-¿Dónde tiene más picazón?

-Bueno, acá entre los pliegues de las manos y los pies… y mientras más me rasco más me pica… mire, estas ampollas entre los dedos de las manos… esas son las vesículas, como dice el doctor… se me rompen… y me pica mucho…

-¿Pero se ha atendido la escabiosis? ¿Qué le dice el doctor?

-Es que las medicinas no se consiguen. Me estoy poniendo una crema de vaselina con azufre. En un laboratorio me dijeron que tenían la medicina, pero que no la venden detallada.

-¿Y ha mejorado?

-Mejora, pero luego empeora, y así…

-¿Desde cuándo tiene escabiosis?

-Desde hace como seis meses

-¿Y la higiene de su ropa, la ropa de cama, los otros miembros del hogar?

-Es que ese es el problema. Que el agua nos llega cada tres semanas, más o menos. Entonces, uno hace como puede. Subimos pipotes de agua, y así, pero el doctor dice que lavar la ropa es muy importante. Y eso no es fácil…

El diálogo se produce en un nosocomio del Seguro Social, público, y gracias a que uno de los médicos guía el camino. El galeno pide, sí, reservar su identidad y la del centro asistencial. Lo importante es la realidad, que escuece, más que las señas de identidad de quienes la denuncian, asume el de la bata blanca. Todos quieren salud, no represalias.

Dicen que noticia no es que un perro muerda a hombre, sino que un hombre muerda a un perro. Pues bien, hoy en día en Venezuela el panorama noticioso es cada vez más rayano y descarnado. Hoy en nuestro país, noticia no es que un perro tenga sarna, sino que la tenga un ser humano.

Según el anuario de Morbilidad de 2011 del Ministerio del Poder Popular para la Salud (MPPS), en los registros Formatos Epidemiológicos EPI 15, se registraron a nivel nacional 57.326 casos de escabiosis con una tasa de 195,8 por cada 100.000 habitantes. Para el mismo período, en el estado Vargas se registraron 1.680 casos con una tasa de 490 por cada 100.000 habitantes, lo cual es 2,5 veces mayor que el promedio nacional. A escala completa, en los Registros EPI 15, con las enfermedades clasificadas por enfermedades infecciosas y parasitarias, la escabiosis es la número ocho como causa más frecuente.

«No es que hay en estos momentos un brote de sarna, hay una presencia permanente de la misma en el país, que no cambia, porque no cambian los factores sociales que la producen»

Dicha información fue suministrada por el médico internista José Félix Oletta, quien fuera ministro de Salud en el segundo mandato del copeyano Rafael Caldera. Oletta dice que de ahí en adelante “no hay data disponible, el Estado no levanta la información, y por lo tanto no está definiendo parámetros que le permitan actuar, ni importar las medicinas necesarias para combatir la escabiosis o sarna, como también se le llama”, espeta el experto, del otro lado de su escritorio, en la avenida Libertador.

Oletta pertenece a una red de galenos de todo el país que se agrupan bajo la consigna “Defendamos la Epidemiología”, pero dice que para ellos es muy difícil levantar data estadística, por lo costoso que esto resulta.

¿Qué es la sarna?

José Félix Oletta explica que la sarna viene a ser algo así como “la enfermedad de la pobreza, porque se origina a raíz de una serie de malas condiciones sociales, y de fallas en los servicios, como condiciones de la vivienda, hacinamiento, falta de agua, carencia de higiene personal, etcétera”, indica el vocero. Se entiende que en Vargas la incidencia sea 2,5 veces mayor que el promedio nacional “porque en ese estado hay graves problemas con el agua, pasan hasta tres meses sin recibir una gota”, asevera Oletta.

En términos científicos, “la sarna es una infestación de la piel causada por un ácaro microscópico llamado Sarcoptes scabiei. Esta infestación ocurre a menudo en todo el mundo y afecta a personas de todas las razas y clases sociales. La sarna se contagia rápidamente en condiciones de hacinamiento, donde es frecuente el contacto directo de la piel entre las personas, como hospitales, instituciones cerradas, guarderías, residencias de ancianos”, entre otros, según establece Isabel Méndez Navas, socióloga salubrista del portal www.madrimasd.org.

 

Según Méndez Navas, clínicamente la sarna se caracteriza por un prurito intenso en la piel que se manifiesta donde se localizan las pápulas, vesículas o surcos lineales diminutos que contienen los ácaros y sus huevos. En los varones, son frecuentes las lesiones en la cara anterior de las muñecas y los codos, en los pliegues axilares anteriores, la cintura, los muslos y los órganos genitales externos. “En las mujeres, a menudo están afectados los pezones, el abdomen y la porción inferior de los glúteos. En los lactantes se puede afectar la cabeza el cuello, las palmas de las manos y las plantas de los pies. Estas zonas suelen estar indemnes en las personas de mayor edad”.

Lo que comienza como una presencia crónica de la sarna en Venezuela, puede irse complicando en un escenario de salud pública que vea crecer los casos de carditis reumática y glomérulo nefritis

En su trinchera, el doctor José Sardi, médico dermatólogo y profesor jubilado de la cátedra de Dermatología de la Escuela de medicina “Luis Razetti” de la Universidad Central de Venezuela (UCV) confirma que no se puede responder las inquietudes en torno a la escabiosis, “porque no se conocen estadísticas, ya que el ministerio de Salud no informa nada. El boletín epidemiológico es un secreto muy bien guardado. Pero la escabiosis está en el país desde hace más de 40 años, como parte de una epidemia casi universal. En la consulta externa de dermatología del Hospital Universitario de Caracas es un diagnóstico diario. Y también las consultas privadas”, aclara.

Sardi echa la película hacia atrás: “Es una enfermedad que llegó luego de decenas de años sin verla, los médicos que nos formamos antes de 50 años en este país, nunca vimos escabiosis. Y esto no es solamente en Venezuela, en casi todos los países de América es igual, incluido Estados Unidos”.

No hay políticas de Estado

“Es una parasitosis que se hace presente, de preferencia en poblaciones desasistidas de todo. Mala higiene, hacinamiento, desnutridos, y también en las clases pudientes. No sé realmente como están en otros países próximos a nosotros, pero no debe ser diferente. Para combatir este tipo de afección se requieren medidas asistenciales y públicas adecuadas, que ahora no tenemos. La enfermedad se complica frecuentemente con infecciones de la piel, por lo mismo, por mala higiene”, se explaya el académico Sardi.

“Lamento no tener cifras confiables que ofrecer, ya que en los servicio de atención pública que tiene hoy el país, no hay como hacer realmente el diagnóstico. Es habitual ver diagnósticos equivocados, porque para los médicos de atención primaria toda erupción que tiene prurito (picazón), es sarna. La única manera correcta de hacer el diagnóstico es con el examen parasitológico, y para ello se requiere de un microscopio, y saberlo usar”, remata el experto.

“Por lo menos un miembro de cada familia del sector Las Lluvias, en la parroquia Carlos Soublette del estado Vargas, ha contraído escabiosis en los últimos días. La enfermedad no es nueva en zonas populares de la entidad, debido principalmente a las constantes fallas en el suministro de agua potable y en la recolección de basura”, dice un despacho de El Nacional de 2017. Eso fue antes de los apagones, de los problemas eléctricos, de las excusas nunca solventadas. Y agregaba aquel texto de modo doloroso: “Desde diciembre no les llega agua de manera regular a las 300 familias que allí residen, y que dependen de la lluvia o de los bidones que cargan desde la parte baja o del agua de lluvia.

La sarna se puede tratar con medicamentos de uso tópico y oral, pero ambos fallan en estos momentos en el mercado. Incluso hay algunos pacientes que están usando medicamentos para perros

En 2019 la realidad no es otra. El lunes 25 de noviembre, vecinos de Los Ruices, municipio Sucre de Caracas, protestaron para exigir respuesta del Gobierno por las fallas en los servicios básicos. Wilfredo Villegas, coordinador de la junta vecinal de Los Ruices, detalló que no tenían agua desde hace cuatro días.

En Curimagua, una población del estado Falcón, no hay servicio de agua desde hace tres años. Son tuberías secas y olvidadas. Mientras que en Los Taques, en la misma entidad, la falta de líquido ya suma 100 días. En Nueva Esparta, al otro lado del país, habitantes de Juan Griego tienen dos años viviendo entre aguas servidas. Todos son reportes de El Pitazo.

Una encuesta realizada por el Observatorio Venezolano de los Servicios Públicos (OVSP) indicó que el servicio del agua es el peor calificado por los venezolanos debido a que el 65% de los encuestados presenta problemas con el servicio de agua potable. El caldo de cultivo para la sarna no moja.

Según José Félix Oletta los estados centrales de Venezuela son los más afectados, porque hay mucha pobreza y son los que tienen mayor densidad poblacional. Vargas es un caso que sobresale, pero tal vez la zona del Arco Minero, entre Bolívar y Amazonas, pueda ser igual o hasta peor.

Oletta expone que los continentes más afectados acaso sean África y Oceanía, pero la sarna puede verificarse en todos los países del mundo. “En Venezuela siempre tuvimos este tipo de enfermedades, pero estaban controladas, habían servicios, educación y habían medicamentos”, echa de menos. “El gobierno nacional no está haciendo nada”, asegura.

Unicef y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) -informa el galeno- acaban de hacer una importación de 500.000 dosis de un antiparasitario de uso tópico, que es lo que se usaba hace muchos años, pero “hace falta una campaña epidemiológica”.

El exministro informa que la sarna se puede tratar con medicamentos de uso tópico y oral, pero ambos fallan en estos momentos en el mercado. Incluso hay algunos pacientes que están usando medicamentos para perros. “Esto es impensable, porque tal vez un medicamento de uso veterinario tenga efecto en la sarna, pero también tiene efectos colaterales negativos. Yo no puedo recetar eso, porque me lo impide la ética”, indica la fuente.

Clínicamente la sarna se caracteriza por un prurito intenso en la piel que se manifiesta donde se localizan las pápulas, vesículas o surcos lineales diminutos que contienen los ácaros y sus huevos

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) 2018, realizada por la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IIES), la mitad de los hogares venezolanos son considerados como pobres a nivel multidimensional (51% para ser exactos, página 3). En 2018 Codevida denunció ante la ONU que 87% de la población venezolana vive en la pobreza, y seis de cada 10 en situación de pobreza extrema.

Una picazón que se puede complicar

La sarna se puede complicar, comenzando con la piodermitis, que es una inflamación de la piel, que puede generar pus. Lo grave de esto es que luego la cosa puede ir más allá, y la bacteria entra a los tejidos más profundos, indica Oletta.

La presencia de estreptococos puede generar dos enfermedades, “muy marcadoras de pobreza y de daños”: una de ellas es la carditis reumática post estreptocócica. Esta enfermedad produce inflamación del corazón, y puede afectar las válvulas del mismo. “El organismo produce respuestas inflamatorias contra el tejido de la válvula”.

La otra enfermedad que surge como complicación es la glomérulo nefritis aguda post estreptocócica. “En este caso el órgano noble dañado, es el riñón”, enarca las cejas en un mohín de preocupación. ¿Cuál es el problema con todo esto? Que lo que comienza como una presencia crónica de la sarna en Venezuela, puede irse complicando en un escenario de salud pública que vea crecer los casos de carditis reumática y glomérulo nefritis, por lo cual la cosa pasa a estadios más acuciantes.

Si bien no hay data numérica al alcance de la mano, Oletta dice que en su consulta como internista ve cada vez mayor incidencia de pacientes con escabiosis, y es lo que recoge también entre sus colegas dermatólogos y pediatras. “No es que hay en estos momentos un brote de sarna, hay una presencia permanente de la misma en el país, que no cambia, porque no cambian los factores sociales que la producen, ya mencionados antes, y además el gobierno no asume su responsabilidad de atacar el problema”, denuncia el ex funcionario de Caldera.

La sarna viene a ser algo así como «la enfermedad de la pobreza, porque se origina a raíz de una serie de malas condiciones sociales, y de fallas en los servicios»

Un pronunciamiento de la Sociedad Venezolana de Salud Pública, fechado el 7 de diciembre de 2015, establece de modo categórico que “la escabiosis, ectoparasitosis causada por Sarcoptes escabiei, enfermedad descuidada y olvidada, vuelve a ser una preocupación de salud pública en nuestro país. Por una parte, las condiciones socioeconómicas de la población se han deteriorado y la pobreza aumenta de manera acelerada; por otra, las condiciones ambientales, de la vivienda y de salubridad de muchos venezolanos es precaria; los servicios públicos, como la disponibilidad de agua para uso humano es intermitente y en algunas poblaciones, de los estado Vargas, Miranda, Distrito Capital, y otras entidades federales, los usuarios reciben agua a intervalos cada vez mayores, de 3 a 4 semanas”.

Han pasado cuatro años de aquel escrito, y el silencio oficial no ha dejado de existir. Mientras un grupo de privilegiados gozan de las mieles del poder, y acaso recuerdan aquella conseja popular según la cual “sarna con gusto no pica”, los menos favorecidos por la hiperinflación y de debacle rojita, se rascan malamente la piel como animales.