"Red Rooms": el voyeurismo, las parafilias... eso que ves y te ve
En "Red Rooms", la protagonista asiste puntual al juicio de un hombre que raptó, violó y torturó a tres jovenes menores de edad. El interés por el caso parece llevarle a la locura, hasta que toma una decisión que cambia todo lo que sospechábamos
En una de las escenas más aterradoras de «Red Rooms» («Les chambres rouges» en su idioma original), el espectador sabe exactamente lo que va a pasar. Al menos, si ha seguido la trama y con un poco de experiencia cinéfila, advierte lo que busca la protagonista Kelly-Anne (una magnífica Juliette Gariépy). Y esa no es otra cosa que llamar la atención del presunto asesino en serie, Ludovic Chevalier (Maxwell McCabe-Lokos).
¿Para qué o por qué Kelly-Anne quiere que Ludovic la vea? Es el espectador quien debe responderse estas preguntas. Pascal Plante, un joven canadiense de corta filmografía, no está interesado en explicaciones. Solo nos presenta a este personaje que parece encajar en una nueva etiqueta médica: Kelly-Anne es una persona parasocial.
Usado por primera vez por el psicólogo estadounidense Donald Horton y el sociólogo canadiense Richard Wohl en 1956, desde 2021 se habla cada vez más de manera abierta de las relaciones parasociales, que son las que se establecen con una celebridad o personaje ficticio. No hace falta reciprocidad. Es una conexión unilateral.
Para comprenderlo mejor, es el fenómeno que se ha visto por años con los hermanos Menendez. O de manera más reciente con Luigi Mangione, el joven que asesinó al director ejecutivo de UnitedHealthcare, Brian Thompson. ¿Por qué alguien admira o quiere estar cerca de un individuo que mata sangre fría? En el caso de la película es peor, pues se trata de un hombre que secuestra, viola, tortura y descuartiza a menores de edad. Incluso tuvo relaciones con los cuerpos sin vida.
El punto se complica más aún cuando Kelly-Anne toma una decisión en el último tramo de la cinta de Plante. Esto confunde al espectador. Puede que la protagonista de «Red Rooms» no esté tan interesada en Ludovic sino en la propia naturaleza de los sucesos. Ella, que lleva una vida exitosa como modelo, parece siempre ausente, vacía. Busca entonces emociones intensas, de allí que su otro hobby sea el póker en línea, apostando bitcoins.
Por supuesto, existe una larga lista de películas que tratan el tema de la relación entre el deseo y el riesgo. Paul Verhoeven ha hecho una carrera tocando este tópico y una de sus obras más explícitas en este sentido es «Elle», con Isabelle Huppert (Michèle) fantaseando con una violación, hasta que sucede. Luego ella decide perseguir a su violador en un viejo juego del gato y ratón.
Sin embargo, en «Red Rooms» (como se llaman los lugares para ver videos explícitos reales) no pareciera que las pulsiones eróticas estén en juego. Si bien hay elementos sexuales en el juicio que se le sigue a Ludovic, y existen videos de las agresiones, no hay indicios formales de un interés en este punto por parte de la protagonista. La atención se centra en la naturaleza descarnada de los crímenes y, tal vez, en la propia muerte.
En la medida que Kelly-Anne asiste al juicio del presunto agresor, emerge una oscuridad que contagia sus sesiones fotográficas. Como modelo, pasa de presentar su joven y hermoso rostro a ocultarlo con máscaras y maquillaje, lo que pareciera ser una alusión a las torturas de las víctimas de Ludovic. Sin embargo, ¿es así o el director solo está dejando que concluyamos lo más fácil?
Especulaciones aparte, es obvia la alusión que hace Pascal Plante a la relación entre la sociedad y el True Crime. No en balde es el género más exitoso de servicios de streaming como Netflix y la fuente de ingresos de Investigation Discovery. Es claro el espejo que propone el director: lo que ves en la pantalla es lo que te consume. La conexión no es tan inocente como muchas veces se hace ver o justificar.
Claro está que jugar un videojuego de armas no te convierte en un asesino, así como disfrutar de la serie «Dhamer» no te lleva a ingerir carne humana. No obstante, que las parafilias, los videos snuff y el porno agresivo reine en Internet y la Dark Web es, en parte, consecuencia de eso que ves y -ahora que el algoritmo puede identificarte- lo que te ve.
Nota del editor: «Red Rooms» ya se puede ver a través de los servicios de streaming Prime Video y Apple TV.
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