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Vinotinto: Las individualidades en el progreso del colectivo

Venezuela debutó en la Copa América Centenario funcionando como un sistema. El módulo ordenado de elementos que se encuentran interrelacionados y funcionan entre sí, marcó el desempeño de un grupo que va recomponiéndose en cada una de las facetas que estaban resquebrajadas.

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El resultado (victoria sobre Jamaica 1-0) es consecuencia de la evolución progresiva de los aspectos que urgentemente eran necesarios de atender. Aún existen muchos elementos por corregir, pero hay que encontrar los puntos altos en un arranque victorioso.

Primero: Rafael Dudamel priorizó la recuperación de la unidad y la moral de los seleccionados afectados por los conflictos dialécticos que crecieron con el pasar del tiempo. El buen rollo y la renovada ilusión en cada uno de ellos para representar a la selección nacional es evidente. Paso dado.

Segundo: Encontrar una identidad de juego. Venezuela necesita volver a ser competitiva y para ello Dudamel ha probado nombres y esquemas para estructurar un funcionamiento que marque un estilo, que plasme en la cancha su idea o intención. La construcción desde la seguridad defensiva sigue retocándose y va de a poco generando una propuesta de lo que quiere mostrar la Vinotinto con su juego. Aún está en ese proceso esencial.

Tercero: Ganar. La primera victoria oficial de Dudamel llega en el mejor momento posible, cuando el equipo comienza a competir. Con varias dudas que los ensayos en los amistosos previos no pudieron resolver, ante Jamaica se recupera ese camino que se había perdido hace mucho tiempo, el del triunfo. En un país donde el apoyo de cualquier sector depende de los resultados, el 1-0 en el Soldier Field renueva la ilusión de todos.

El análisis individual de la presentación de los jugadores es mezquino si no se aclara previamente que la victoria, el buen juego y hasta los fallos, dependen de lo que el grupo buscó.

Dani Hernández: Su regreso a la titularidad, luego de más de un año alejado de la selección, muestra la importancia que Dudamel le da a la experiencia y sobriedad en esta posición. No fue exigido ante Jamaica (las jugadas de peligro se estrellaron en los palos), pero sus movimientos bajo los tres palos y su voz de mando fueron vitales para que el funcionamiento defensivo mejorara y apenas se notaran escasas lagunas.

Roberto Rosales: Presionar al rival en su zona es un movimiento táctico que requiere de concentración y mucho ensayo. El lateral del Málaga desplegó todo su potencial como un carrilero avanzado y se convirtió en un arma más ofensiva que otra cosa. Su constante penetración por el flanco izquierdo de Jamaica elevó las opciones de entre varios caminos qué escoger para generar peligro. Notable actuación.

Wilker Ángel: Ajustado al sector derecho de la zaga, la capitanía en dos amistosos previos y la confianza ciega que parece brindarle Dudamel incrementan la autoconfianza de un futbolista que necesita de apoyo para terminar de explotar. Salvo algunos lunares posicionales, demuestra las cartas para ser el compañero de Vizcarrondo en el eje defensivo. Se animó a rematar dos veces, sumando opciones ofensivas en pelota parada.

Oswaldo Vizcarrondo: El trabajo complementado con Wilker Ángel le dio la tranquilidad necesaria para destacar. Su labor luce cuando hay confianza en su partner en el centro de la defensa y ante Jamaica se notó menos errático y bien ubicado. No hay otro como él para pensar en sustituirle. El gran despliegue de trabajo de sus compañeros en la cancha influyó en lo que ofreciera individualmente.

Rolf Felstcher: La más grata sorpresa. Titular por sus características físicas que permitieran amurallar los avances rivales por la zona izquierda, la confianza que el buen juego colectivo brindó a lo largo del partido benefició al lateral, que creció a medida que el duelo avanzaba. Como Rosales, se posicionó en la zona contraria para impedir la salida por los costados de Jamaica y hasta metió un centro que llevó sumo peligro. Cumplió (con creces) con la labor para la que fue encomendado.

Arquímedes Figuera: No hay dudas que es el jugador que más ha crecido en el último año con la Selección. Juega, hace jugar, corta, releva, roba. La jugada del gol parte de su ubicación en la presión alta del grupo. Los laterales y defensores ganan en confianza gracias al desgaste del jugador de La Guaira. Su lucha y brega es encomiable.

Tomás Rincón: Navega en aguas excesivamente tranquilas gracias al “Escudo Figuera”. Su participación es más libre en el juego, pero se antoja que pudiera ser más trascedental si aprovechara su capacidad de generar peligro cuando se acerca a la zona rival. Se estima que, por movimientos, falta poco para ver al tachirense ser más decisivo en su juego.

Alejandro Guerra: La experiencia y el buen momento en su club lo llevó a ser titular y cumplió con una faceta extraordinaria de atraer las marcas por la banda derecha del ataque criollo. No cumplió el papel que asume en Atlético Nacional pero su toque y velocidad de ideas permitió que Venezuela generara los espacios para ser peligroso. Cumplió con el rol.

Luis Manuel Seijas: Sacrificio y desgaste. Sin ser tan vistoso en el andar individual, el aporte de su dinámica en los movimientos colectivos permitieron que el desempeño grupal se beneficiara de su inteligencia táctica. Aportó experiencia y jerarquía al once, un elemento intangible que se materializa con la victoria final.

Josef Martínez: Está anotando y Venezuela lo agradece. Los delanteros están haciendo los goles (como debe ser) y se vindica como el compañero inamovible de Salomón Rondón en la artillería. Su capacidad de sacrificio es enorme lo que provocó que se vaciara cuando se había jugado apenas una hora. Certificó que es el arma de obstinación para los defensas contrarios por su movilidad.

Salomón Rondón: Se le nota involucrado y participativo. Contra Jamaica se creía que iba a ser el nueve grandote que chocaría contra las bestias defensivas jamaiquinas pero su aporte ofensivo no se limitó a solo buscar el gol: amplió la cancha, recogió marca para abrir espacios y desgastó a la defensa rival. Se nota a gusto con este esquema de un mediapunta y dos volantes de ataque.

Adalberto Peñaranda: Entró para asegurar manejo. Venezuela, en superioridad numérica y en el marcador, transitaba entre las dudas cuando no liquidaba el partido con un segundo tanto y el del Granada, con apenas 18 años, puso un toque de “experiencia” para dormir el partido con la protección de la pelota. Hizo lo que tenía que hacer, porque no le pidieron atacar sino preservar.

Rómulo Otero: En el poquito tiempo que estuvo en cancha fue capaz de generar dos faltas cercanas al borde del área contraria. Si bien había ganado prestigio para ser titular indiscutible, el entrar como destapador y pegador ante las necesidades le ubican más como un revulsivo cuando las habas cuezan. Si supera sus detalles de ansiedad, su aporte será mayor cuando le sea requerido.

Alexander González: Sin suficiente tiempo para ser evaluado.

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