Carabobo: De polo industrial a cementerio de fábricas

En sectores como el ensamblador la capacidad ociosa alcanza 98%. Fedecámaras dice que en la entidad han cerrado más de 5.000 empresas en los últimos años, y solo en 2015 se perdieron 10.000 plazas de trabajo.

Carabobo: De polo industrial a cementerio de fábricas

A veces ocurre a las 10:00 de la mañana. Otras a las 2:00 de la tarde. Y con frecuencia ocurre en ambos horarios. Invariablemente el día de la semana, los trabajadores de los más de 200 comercios y de la Alcaldía de San Diego ubicados en el centro comercial Fin de Siglo de San Diego, Carabobo, saben que varias horas al día no podrán vender o registrar transacción alguna.

Adosado a la capital carabobeña, las fallas de electricidad en este creciente municipio eminentemente residencial son un reflejo de lo que ocurre en la vecina zona industrial, donde los cortes eléctricos llegan para empeorar la crítica situación que vive el estado con la mayor densidad industrial del país.

Pero de lo que fuera el principal polo industrial venezolano, poco queda. De hecho, estimaciones de los organismos gremiales de la región señalan que al menos 5.000 centros productivos cerraron sus puertas en los últimos años, lo que ha incidido en el deterioro del empleo y el empobrecimiento general del otrora pujante estado.

“La situación es muy grave. Primero que nada, todo el sector industrial está muy seriamente afectado por la falta de materia prima, lo cual mantiene a la mayoría de las empresas trabajando a menos de media máquina”, afirma Andrés Pérez, presidente de la Cámara de Industriales del estado Carabobo (CIEC), quien asegura que el promedio de producción en la entidad ha caído por debajo de 40%, una reducción de 10 puntos porcentuales respecto a la estimada a principios de año.

– Crisis generalizada –

Aunque no hay estadísticas recientes que avalen la opinión del dirigente gremial, una simple pasada por cualquiera de la calles de la zona industrial de la capital carabobeña permite corroborar que no se equivoca, pues son muchas las instalaciones que muestran evidentes signos de inoperatividad, y las pocas que laboran lo hacen por debajo de sus capacidades.

“Hay muchas empresas que están laborando 15 días y cierran porque se acaban los inventarios, y muchas otras han llegado a acuerdos con los sindicatos para enviar a parte de la nómina a sus hogares porque no pueden pagar los sueldos pues no están produciendo nada. Aquí lo que se está haciendo es administrando la escasez”, afirma Pérez, quien añade que no existe un solo sector que escape de la crisis actual.

Sin embargo, Damiano del Vescovo, presidente de Fedecámaras Carabobo, señala que la situación es más dramática aun. “Si hay que definir con una palabra la situación tendría que decir que estamos en bancarrota, con algunos sectores más golpeados que otros”, dice, agregando que hasta diciembre pasado unas 5.000 empresas habían bajado sus santamaría en la entidad.

De acuerdo con los datos que maneja el organismo cúpula, el sector industrial en general apenas labora a 30% de su capacidad. “No todas las empresas han cerrado, pero trabajan unos días, una semana a lo sumo y tienen que parar hasta esperar recibir otro poco de materia prima”, afirma.

Las cifras de Fedecámaras local apuntan a que, por ejemplo, el sector construcción –que llegó a tener un papel preponderante cuando el municipio San Diego se ubicó como el de mayor crecimiento del país- la contracción en el primer trimestre alcanza 20% frente al mismo lapso del año pasado, mientras que la baja en manufactura en -11%.

Del mismo modo, la actividad portuaria en Puerto Cabello, punto de entrada de más de 75% de las mercancías que ingresan al país, ha caído 48% en lo que va de año, con lo cual toda la zona se mantiene en recesión debido a que casi el 100% de la actividad económica de la región gira alrededor del comercio marítimo.

En cuando a la actividad comercial, las estimaciones del gremio que agrupa a los comerciantes apuntan a que la actividad se ha contraído de manera alarmante, y aunque no hay estadísticas que apoyen el señalamiento, Fedecámaras estima que el sector del comercio y los servicios se contrajo 14% en el primer trimestre frente al mismo período 2015.

“No hay sector que escape a la crisis”, dice Damiano del Vescovo, quien añade que en el último año se han perdido 10.000 plazas de trabajo y la informalidad ha alcanzado ya a las 200.000 personas, lo cual habla de la precarización del empleo en la región.

– Yo tenía una luz –

A la crisis generalizada se unen los efectos de los cortes eléctricos o racionamiento, un problema que en honor a la verdad viene afectando al interior del país desde el año pasado.

“Aquí el promedio era de dos horas diarias, pero ahora van a ser cuatro, con lo cual los sectores industrial y comercial perderán media jornada de trabajo. Eso tiene graves consecuencias para la empresa”, comenta Damiano del Vescovo.

Si bien no hay mediciones que permitan cuantificar el efecto que estos cortes tendrán en la economía estadal, el presidente de la Fedecámaras local recuerda que la crisis no será peor porque la demanda energética en la entidad ha disminuido por la bajísima actividad productiva que se observa en estos momentos.

Los comerciantes, entre tanto, estiman que cerca de 11.000 empleos podrían verse afectados, toda vez que al reducirse la jornada laboral serán muchos los comerciantes que opten por prescindir de parte de la nómina.

A todas estas, y pese a contar con la que fuera la mayor planta termoeléctrica de América Latina, la posibilidad de paliar la falta de generación hidroeléctrica con Planta Centro es una entelequia.

De acuerdo con información de los trabajadores, la instalación opera a 13% de su capacidad, y de los 2.600 mW que pudiera generar, actualmente solo está en capacidad de suplir unos 300, cantidad apenas suficiente para satisfacer la demanda de una ciudad pequeña.

– Carabobo primero –

En opinión de Andrés Pérez, la condición de principal estado industrial del país hace de Carabobo un foco cuya recuperación de la actividad económica tendría incidencias en todo el país.

Aunque suene a regionalismo, las cifras dan la razón al dirigente de los industriales locales. Se estima que en Carabobo está asentada 65% de la industria ensambladora, 72% de los autopartistas, 90% de las productoras de cauchos, 60% de la industria química, 55% de la industria de alimentos y 60% de la agroindustria.

En épocas de crecimiento, de ese estado sale cerca de 30% de la producción manufacturare nacional y 60% de las exportaciones no tradicionales, lo que sostiene 20% de la mano de obra fabril global, estimada entre 400.000 y 500.000 empleos, entre directos e indirectos.

“Si Carabobo se recupera se recupera todo el país”, insiste Pérez, estima que el auge de la entidad podría potenciar el 60% de todo el tejido industrial nacional.

Pero para que ello se concrete, el líder gremial estima que deben darse dos condiciones esenciales: claridad en la política económica e industrial, y reactivación de las empresas básicas que suministran materia prima.

Lo primero pasa, a su entender, por determinar la cantidad de dólares disponibles y los sectores a los cuales debe destinarse ese flujo de divisas, así como reconocer la existencia de la deuda con proveedores internacionales y establecer mecanismos de pago, a fin de restituir el flujo de insumos.

En cuanto a las empresas básicas, Pérez hace énfasis en las industrias del hierro y aluminio, suplidoras de materia prima para los sectores construcción y metalmecánico, entre otros, sin olvidar la industria petroquímica, proveedor esencial para varios sectores, en especial el químico.

Con miras a alcanzar soluciones a la crisis actual, el presidente de la Fedecámaras regional estima que solo el consenso entre sector privado, gobierno y trabajadores podrá tener incidencia en la recuperación del pulmón industrial del país. “Estamos obligados a estimular el progreso, pero eso no lo puede acometer un solo sector, todos debemos contribuir”, añade.

En su balance de los sectores que peor están, el presidente de la CIEC, Andrés Pérez, no duda en nombrar en el tope al ensamblador, seguido del metalmecánico y químico y plásticos.

De acuerdo con los datos de la Cámara Automotriz de Venezuela (Cavenez), la producción de este otrora importante sector se encuentra prácticamente paralizada, toda vez que de las 21.000 unidades que puede producir al mes apenas se armaron 273 en marzo pasado.

De hecho, las tres grandes ensambladoras privadas establecidas en ese estado (Ford, General Motors y FCA) solo Ford ha producido algunas unidades este año, mientras que las dos plantas de la cuales el gobierno es dueño de 51% (Civetchi y Chery) la primera apenas arma tres autos al día y la segunda labora a menos de 50% de su capacidad, de acuerdo con informaciones suministradas por los trabajadores.

Las empresas alrededor de sector ensamblador también sufren los embates de la recesión. Por ejemplo, el sector metalmecánico aduce una contracción cercana a 80%, los fabricantes de rines de 85% y los autopartistas en general arrastran una caída similar.

Todo ello tiene incidencia en el empleo, al punto que la Federación Unitaria de Trabajadores Industrias Automotriz, Autopartes y Conexos (Futaac) asegura que están en riesgo alrededor de 10.000 puestos de trabajo directos y por lo menos unos 50.000 indirectos en las áreas conexas.