Economía

¿Qué puede pasar con la economía venezolana tras la salida de Maduro?

La influencia de EE.UU. tras la salida de Maduro genera un 2026 lleno de preguntas sobre economía, petróleo y soberanía

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Predecir lo que pasará en la economía venezolana siempre ha sido un reto debido a la volatilidad con la que el país vive desde hace décadas. Sin embargo, la salida de Nicolás Maduro de la silla presidencial y la influencia que ahora tiene EE.UU. en el manejo político y económico de Venezuela reajusta las perspectivas en el corto, mediano y largo plazo. 

Los pronósticos que se manejaban para el 2026 en medio del entorno económico ubicaban a Venezuela en una situación muy complicada. Con el fantasma de la hiperinflación respirando en el cuello, con una producción petrolera estabilizada en torno al millón de barriles diarios (muy por debajo de los 3 millones diarios de producción de hace 15 años), con sanciones petroleras, con 8 millones de migrantes y con más de la mitad de la población viviendo en pobreza estructural, el panorama del país no se veía muy alentador. 

Para el economista Asdrúbal Oliveros, “nunca antes política y economía habían estado tan entrelazadas como en estos momentos en Venezuela” y eso hace que en el corto plazo se vean unos cambios que afectarán la dinámica económica en 2026 y que generan ajustes de predicciones.  

Sin embargo, analistas económicos como José Manuel Puente advierten que es un error también pensar que con el cambio de rumbo que podría generarse con la influencia de la administración Trump en las políticas económicas y principalmente en el manejo de la industria petrolera impulsará un milagro económico inmediato. 

La confusión sobre lo que sucede aún impera y el daño estructural en la economía de Venezuela es tan profundo que no será sencillo para ningún proceso de transición (sea el que sea) reconstruir una economía que se contrajo en 80 % desde 2013. 

Al mismo tiempo, hay muchas preguntas que aún permanecen abiertas sobre cómo se desarrollará la transición, cuál será el papel real de EE.UU., y cómo se garantizarán los derechos humanos, la soberanía y la estabilidad a largo plazo. 

El petróleo: ¿qué cambios se pueden esperar?

La administración Trump ha sido muy clara en señalar que su plan es controlar las ventas de petróleo venezolano de forma indefinida. El secretario de Estado de Casa Blanca, Marco Rubio, habló de la venta inmediata de 50 millones de barriles de crudo venezolano durante la primera de las tres fases en las que el gobierno de EEUU pretende gestionar una transición en Venezuela. 

Para los analistas, la cifra corresponde a crudo almacenado ya en Venezuela en tierra, así como crudo de petroleros incautados previamente. El punto clave sobre esta venta es que se realizará a precios de mercado y no con los descuentos con los que Venezuela negociaba su crudo tras las sanciones petroleras. Bajo este panorama, el flujo de caja aumentaría automáticamente, aunque en este caso quien maneja el dinero sería Estados Unidos. 

AñoProducción (Barriles diarios – bpd)
20142,373,000
20152,357,000
20162,154,000
20171,911,000
20181,354,000
2019796,000
2020527,000
2021553,000
2022704,000
2023749,000
2024856,000
20251,200,000*

*Dato reportado al cierre de diciembre de 2025.

Funcionarios estadounidenses, como Marco Rubio y Chris Wright, han afirmado que los ingresos del petróleo serán administrados para beneficiar al pueblo venezolano y estabilizar la economía, prometiendo que la supervisión permitirá que los fondos se destinen a mejorar la situación de los ciudadanos y a reactivar la industria petrolera. 

Esto significa que, aunque el petróleo genere ingresos, el gobierno de Venezuela no tendrá control pleno sobre su explotación ni su destino, al menos en el corto plazo.

El economista José Manuel Puente advierte que, aunque el petróleo puede aumentar la liquidez y mejorar la economía a mediano plazo, solo se materializará su potencial si existe estabilidad política, reglas claras e instituciones sólidas. “El petróleo ha sido siempre el motor más potente de la economía venezolana”, señala Puente, “pero sin un marco legal y político confiable, un aumento de producción no garantiza prosperidad para la población”.

Por su parte, Asdrúbal Oliveros agrega que la participación de empresas estadounidenses puede traer flujo de caja más estable y pagos en divisas, reduciendo la dependencia de mecanismos alternativos como las criptomonedas, que se han usado para facturar exportaciones petroleras en meses recientes. Esto podría mejorar la dinámica económica en términos de liquidez y facilitar pagos internacionales, aunque no elimina riesgos como la hiperinflación o la brecha cambiaria.

En términos prácticos, el aumento de la producción no será inmediato. Expertos estiman que podría llevar años y decenas de miles de millones de dólares restaurar la infraestructura petrolera a niveles cercanos a los 3 millones de barriles diarios que Venezuela alcanzaba hace décadas. Sin embargo, la intervención estadounidense sí podría generar ingresos rápidos a través de la venta de petróleo almacenado, inyectando liquidez al mercado y al flujo de caja del país, aunque bajo supervisión y condiciones externas.

¿La deuda venezolana se pagará o por qué suben los bonos?

Los bonos soberanos de Venezuela y los títulos emitidos por PDVSA registraron una apreciación de más de 30 % en la última semana. El movimiento estuvo liderado por los bonos con vencimientos más cortos, que venían cotizando en niveles muy deprimidos y ahora se acercan a precios que el mercado suele anticipar en escenarios de recuperación. Analistas recuerdan que los activos venezolanos han sido de los de mejor desempeño desde que la administración Trump asumió el cargo en enero de 2025, llegando incluso a duplicar su valor en los últimos 12 meses.

Entre el 4 y el 7 de enero, el bono soberano venezolano con vencimiento en 2027 subió de 32,92 centavos de dólar a 43,62 centavos, lo que representa un alza de 32,5 % en apenas tres jornadas. En el mismo período, el bono de PDVSA con vencimiento en 2026 avanzó de 23,41 a 32,56 centavos, acumulando una ganancia cercana al 39 %.

Este repunte en los precios refleja un mayor apetito especulativo por parte de algunos inversionistas, pero no implica una mejora estructural en la situación financiera del país.

Fuente: Bloomberg

De acuerdo con Moody’s, los bonos venezolanos mantienen la calificación más baja posible (“C”), debido a que el país permanece en default desde 2017, sin que hasta ahora se haya concretado una reestructuración formal de su deuda. La calificadora señala que Venezuela acumula alrededor de US$22.100 millones en intereses impagos y unos US$15.100 millones en pagos de capital vencidos, lo que eleva el monto total de atrasos a más de US$37.000 millones, considerando únicamente la deuda en bonos.

Moody’s subraya que, aunque los precios pueden subir de forma puntual ante expectativas políticas o señales de negociación, la ausencia de acuerdos claros con los acreedores, el peso de las sanciones y la debilidad institucional siguen siendo obstáculos centrales para resolver el impago. Mientras no exista un marco creíble para renegociar la deuda y restablecer la confianza, los bonos venezolanos continuarán siendo activos de altísimo riesgo, sensibles a rumores y eventos políticos, pero desconectados de una recuperación económica real.

Más allá del petróleo, ¿la economía de Venezuela mejorará?

Aunque el petróleo puede generar ingresos importantes, la economía venezolana enfrenta problemas que van mucho más allá del crudo y que limitan cualquier mejora inmediata en la calidad de vida. 

Según la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi 2024), más del 73,2% de los hogares venezolanos se encuentra en situación de pobreza por ingresos al enfrentarse a una inflación desbordada. Los número son claros, el FMI estiman un aumento de los precios de 548,6 % durante 2025 y proyectando una subida de 628,8 % para 2026, mientras que se esperaba (antes de la salida de Maduro del poder) una contracción del PIB de 3 % para este año. 

La brecha cambiaria, sumada a la incertidumbre política y la falta de instituciones sólidas, sigue dificultando la inversión y la actividad empresarial, manteniendo a la economía en un estado de alta fragilidad.

Aunque es indudable que el panorama es otro en este momento y que muchas cosas aún pueden cambiar, la gestión externa no elimina los problemas estructurales en Venezuela. Los analistas concuerdan que la pobreza, la inflación y la debilidad institucional seguirán presentes y requerirán años de políticas sostenibles y fortalecimiento interno para resolverse completamente. 

¿Qué pueden hacer los empresarios en Venezuela bajo este panorama?

Ante un entorno económico en constante cambio, marcado por la incertidumbre política, la inflación y una posible reconfiguración del sector petrolero, el economista Asdrúbal Oliveros recomienda a las empresas venezolanas actuar con prudencia, flexibilidad y planificación permanente.

En primer lugar, es clave realizar una evaluación constante de los escenarios. Las empresas deben analizar cómo su negocio, su sector y su mercado pueden verse afectados por esta nueva dinámica, no solo para identificar riesgos, sino también posibles oportunidades que puedan surgir en medio de los cambios económicos.

En segundo lugar, la prioridad debe seguir siendo el flujo de caja. En un contexto de alta inflación y volatilidad cambiaria, las ventas deben enfocarse en generar liquidez y, al mismo tiempo, proteger el inventario, que sigue siendo uno de los principales resguardos de valor para muchas empresas.

Como tercer punto, Oliveros subraya la importancia de revisar de forma permanente los costos operativos, la cadena de comercialización y los desafíos logísticos, que pueden variar rápidamente según las condiciones del mercado, el acceso a insumos y las restricciones cambiarias.

Por último, destaca la necesidad de una protección constante del personal. La inflación continúa erosionando el poder adquisitivo de los trabajadores, por lo que las empresas deben prestar especial atención a la estabilidad laboral y a las condiciones de sus empleados para sostener la operación y retener talento.

Oliveros advierte que este es un escenario en constante evolución, por lo que será fundamental mantenerse atentos a cómo los cambios políticos terminan impactando la dinámica económica y ajustar las decisiones empresariales en consecuencia.

¿Está en riesgo la soberanía económica?

El economista José Manuel Puente advierte que cualquier proceso que implique un acuerdo con Estados Unidos sobre la industria petrolera debe tener cuidado de no comprometer la soberanía de Venezuela. “Sí, es posible aumentar la producción petrolera rápidamente con inversión y tecnología extranjera, pero esto podría convertir al país en una especie de colonia, con consecuencias profundas en términos políticos y sociales”, señala. 

Según Puente, un acuerdo pragmático que mantenga al mismo grupo en el poder sin cambios institucionales no garantizará una mejora real en el bienestar de los venezolanos, y el riesgo de sacrificar libertades por beneficios económicos inmediatos es alto, aunque al mismo tiempo, Puente reconoce que las transiciones son muy complejas y difíciles.

Tal vez necesitemos un tutelaje temporal de Estados Unidos —aunque a mí no me guste— para que nos ayuden a resolver los grandes problemas y dilemas colectivos, y nos guíen en el camino de la reconstrucción, donde ambas partes se perdonen y se incorporen activamente en el proceso nacional”. 

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