Economía

¿Economía de fantasía? 5 ilusiones de los venezolanos que podrían frustrarse en 2026

Desde el 3 de enero los venezolanos esperan muchos cambios, uno de ellos es mejorar su situación económica. Sin embargo a veces las expectativas superan la realidad

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Es bueno ser positivo, pero es mejor ser realistas. Tras el 3 de enero los venezolanos tienen altas expectativas sobre el porvenir de la economía del país, pero más allá del crecimiento del PIB y el aumento del ingreso petrolero, las mayores expectativas están en temas que tocan de cerca el bolsillo de millones de venezolanos.

Salario mínimo, pensiones, créditos de la banca, control de la inflación y en general la salida de la pobreza es lo que esperan en el corto plazo muchos ciudadanos. La realidad, advierte el economista José Manuel Puente, es que estas expectativas se enfrentan a limitaciones estructurales profundas. Cada uno de estos temas requiere reformas complejas y tiempo para implementarse; los ingresos petroleros o cambios políticos parciales no generan mejoras automáticas en la vida cotidiana de los venezolanos.

Según Puente, muchas de las esperanzas que circulan hoy en la calle, en medios y en redes sociales corresponden más a fantasías económicas que a escenarios realistas para 2026.

Estas “fantasías” se concentran en cinco áreas clave: el aumento del salario mínimo, un país sin inflación, créditos bancarios para todos, la revalorización de los inmuebles y la dolarización de la economía. Aunque los ciudadanos desean cambios rápidos en estos frentes, Puente enfatiza que la verdad económica es mucho más lenta y que cualquier mejora significativa requerirá tiempo, planificación y reformas profundas.

1. Aumento del salario mínimo

El aumento del salario mínimo y las pensiones son probablemente las expectativas más visibles de los ciudadanos, y muchos esperan que los incrementos lleguen de inmediato tras los ingresos petroleros y los cambios políticos recientes. Sin embargo, José Manuel Puente advierte que recuperar niveles de salario comparables a los históricos llevará muchos años y esfuerzo.

El ingreso mínimo de Venezuela sigue estando muy por debajo de los estándares regionales, y ningún ajuste puntual podrá compensar la pérdida de poder adquisitivo acumulada durante décadas de hiperinflación.

Para ver una mejora significativa en el ingreso de los venezolanos será necesario un crecimiento económico sostenido, profesionalización en sectores clave y control inflacionario, procesos que podrían tardar incluso una década en reflejarse plenamente.

3. Un país sin inflación

A pesar de que algunos indicadores mostraron una aparente moderación de la inflación venezolana tras años de episodios cercanos a la hiperinflación, la realidad de 2026 pinta un panorama muy distinto al deseo de estabilidad de precios.

Organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) proyectan que Venezuela será, con amplia diferencia, el país con la inflación más alta del mundo en 2026, estimando que podría alcanzar alrededor de 682% al cierre del año. Estas proyecciones contrastan fuertemente con las tasas moderadas que se esperan en la mayor parte de América Latina —donde las principales economías proyectan cifras de un solo dígito o levemente superiores—, y ponen de relieve la profundidad de los desequilibrios de precios que persisten en la economía venezolana.

Para Puente, el aumento de ingresos petroleros o la posibilidad de acuerdos económicos no impulsan por sí solos una caída sustantiva de la inflación si no existe un plan estructural robusto que aborde las raíces del problema. Más aún, cualquier reducción significativa de la inflación requeriría una estrategia de estabilización macroeconómica que combine política fiscal, monetaria y reformas profundas, y cuyo impacto real no sería inmediato ni a corto plazo.

3. Créditos bancarios para todos

Una de las ilusiones más comunes entre los venezolanos es la de que, con la mejora económica o un mayor ingreso petrolero, los bancos van a comenzar a otorgar créditos masivos a empresas y familias durante 2026. No será así.

Actualmente, la banca venezolana apenas concede crédito equivalente a 2 % del Producto Interno Bruto (PIB), una proporción extremadamente baja si se compara con el promedio de América Latina, donde el crédito bancario al sector privado alcanza cerca de 45 % del PIB, y países como Chile, Brasil y Ecuador superan incluso el 50 %. Esta diferencia evidencia que la banca venezolana carece de profundidad para financiar inversiones productivas o consumo masivo y que la expectativa de acceso generalizado a préstamos sigue siendo más un deseo que una posibilidad real.

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El principal obstáculo estructural para que el crédito vuelva a ser una herramienta real de desarrollo económico es la ultra alta inflación y las distorsiones monetarias que dominan la economía venezolana. En un entorno donde los precios suben con rapidez, los bancos enfrentan enormes riesgos para prestar dinero, ya que cualquier préstamo en bolívares pierde valor aceleradamente debido a la inflación, lo que hace que el negocio mismo del crédito sea insostenible.

Para José Manuel Puente no existe un escenario creíble en 2026 en el que el crédito bancario se convierta de la noche a la mañana en un instrumento accesible para todos los venezolanos.

«Mientras la inflación siga dominando el entorno macroeconómico y no exista un programa de estabilización profundo que genere confianza en la moneda y en el sistema financiero, los bancos seguirán operando con cautela y con muy poca disposición a extender préstamos de largo plazo o en montos significativos.

4. Revaloración de los inmuebles

Dado que el crédito bancario seguirá prácticamente ausente en 2026, otra de las ilusiones que muchos venezolanos tienen —que los inmuebles se revaloricen de manera rápida— también enfrenta fuertes límites. Sin financiamiento accesible ni generalizado, la mayoría de las personas no podrá acceder a préstamos para comprar viviendas, y los sectores de inversión inmobiliaria dependientes de la demanda interna no tendrán cómo sostener aumentos abruptos en los precios.

Aunque algunos propietarios ya han ajustado sus precios ante expectativas de mayor liquidez o ingresos petroleros, la capacidad real de los compradores sigue siendo muy limitada, lo que hará que esos incrementos sean más una ilusión que una tendencia sostenida.

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Fabiola Ferrero

5. Dolarización del país

Finalmente, la idea de que Venezuela pueda dolarizarse de manera inmediata en 2026 es otra de las ilusiones que conviene poner en perspectiva.

Según José Manuel Puente, cualquier intento de dolarización requiere al menos dos reformas fundamentales: un acuerdo formal con la Reserva Federal de Estados Unidos para la emisión y control del dólar en el país, y una modificación constitucional que permita sustituir el bolívar como moneda de curso legal. Ninguno de estos pasos es trivial ni se puede implementar de forma rápida.

Puente enfatiza que, incluso si se cumplieran las condiciones políticas ideales, la transición a un sistema totalmente dolarizado tomaría tiempo, porque el país necesitaría ajustar la política fiscal, monetaria y bancaria para evitar desajustes económicos y sociales graves.

Inflación dolarización

Además, señala que la experiencia de otros países latinoamericanos muestra que la dolarización es un proceso que no elimina automáticamente los problemas estructurales de la economía; requiere disciplina fiscal, confianza en las instituciones y coordinación con los actores financieros, elementos que hoy aún están lejos de consolidarse en Venezuela.

Lo que sí va a pasar en 2026

Aunque muchas de las expectativas populares sobre mejoras inmediatas en salarios, inflación, crédito e incluso dolarización no se cumplirán en 2026, sí hay algunos cambios tangibles que marcarán al país este año —aunque con limitaciones claras.

Según proyecciones de consultoras económicas independientes, Venezuela podría registrar crecimiento del Producto Interno Bruto en 2026, impulsado principalmente por el sector petrolero y la reactivación gradual de la producción de crudo tras las decisiones políticas y operativas recientes. La firma británica Oxford Economics estima un crecimiento del PIB venezolano de alrededor de 4,2 % en 2026, luego de un avance de 6 % en 2025, gracias a un incremento moderado de la producción petrolera y una mayor actividad económica derivada de ello.

Además, algunos economistas locales proyectan que el Estado venezolano podría contar con casi 10.000 millones de dólares adicionales en ingresos petroleros este año, resultado del aumento en la producción y de mejores condiciones de comercialización con socios extranjeros, especialmente hacia Estados Unidos. Esto puede traducirse en una mayor disponibilidad de recursos fiscales que, aunque no resolverán todos los problemas estructurales, podrán aplicarse a rubros clave como mantenimiento de infraestructura, pago de compromisos u obras puntuales que generen empleo.

En varias proyecciones también se menciona la posibilidad de reducciones en la brecha cambiaria y cierta estabilización de precios relativos si se consolidan decisiones económicas recientes y se logra mejorar el acceso a divisas, aspectos que algunos analistas señalan como “señales positivas” para la economía venezolana.

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