Empresas y Negocios

Digitalización del Seniat: los retos que enfrenta la modernización del sistema

José Javier García, asesor tributario de PwC Venezuela, plantea que el reto no es solo digitalizar, sino generar incentivos reales para dejar la informalidad

RIF ya no vence
Publicidad

La suspensión de las sanciones por no exhibir el RIF y las solvencias en los establecimientos, ordenada por el superintendente del Seniat, Román Maniglia, se vende como un gesto de alivio administrativo. En el fondo, es mucho más que eso; representa la primera señal concreta de que el organismo recaudador venezolano quiere migrar de un modelo de control basado en el papel pegado en la pared a uno de interconexión de datos en tiempo real.

La pregunta que queda flotando, y que responde con matices el asesor tributario de PwC Venezuela, José Javier García, es si el país tiene hoy la infraestructura, la normativa y la cultura de cumplimiento necesarias para sostener ese salto sin abrir, en el camino, una nueva ventana a la arbitrariedad fiscal.

García, en entrevista a El Estímulo, ofrece un diagnóstico que combina optimismo técnico con cautela práctica. La digitalización es «sin duda alguna» positiva, pero su éxito depende de variables que no dependen únicamente del Seniat, como el servicio eléctrico o la conectividad a internet.

1. Lo que significa en la práctica no tener que exhibir el RIF

Para García, la medida encaja en una lógica que el propio contribuyente ya vive a diario. Buena parte de la información tributaria (declaraciones de IVA, impuestos municipales, tributos administrados por el Seniat) se gestiona desde hace tiempo por medios electrónicos. Exigir además que ese mismo contribuyente imprima y exhiba en un lugar visible documentos que la administración ya tiene en su base de datos, dice, había dejado de tener sentido.

Sin embargo, García introduce una advertencia importante para los comerciantes. «La no publicación o la no utilización de cartelera tributaria obedece solamente a aquellos tributos regulados o regidos por el Seniat«, precisa.

Las obligaciones de exhibición previstas en ordenanzas municipales (como la carta patente o la última declaración de impuestos municipales) siguen vigentes y deben revisarse caso por caso según cada municipio.

2. Formalizar para crecer: la digitalización como herramienta contra la informalidad

Para García, reducir la informalidad no es un efecto secundario de la digitalización, sino uno de sus objetivos centrales. «Con la digitalización también se generan efectos buscando la formalidad de los contribuyentes», explica, en referencia a quienes hoy generan ingresos u operan sin estar inscritos en el registro tributario correspondiente.

Pero advierte que ese salto no ocurre de manera espontánea, sino que requiere incentivos concretos. «En Venezuela se ha hablado mucho del monotributo como una figura en la cual yo busco incorporar a la formalidad a ese grupo de contribuyentes que actúan de manera informal«, aunque aclara que «hay que buscar qué incentivos otorgarle a esos contribuyentes».

seniat

Uno de los frenos que identifica es la lentitud de los propios trámites de formalización. Pone como ejemplo la constitución de una empresa.

«Entre que seleccionamos el tipo de figura jurídica, introducimos los documentos al Registro Mercantil, pueden pasar 6 y 7 meses en los cuales esa compañía no está constituida». El resultado, dice, es contradictorio con el objetivo. «Si yo me quiero formalizar, pero para formalizarme me cuesta tanto, prefiero seguir en la informalidad».

Esa misma lógica, sostiene García, debe guiar cualquier reforma tributaria de fondo. No se trata de exprimir más a quien ya cumple, sino de crear condiciones para que a las empresas les convenga crecer dentro del sistema.

«La reforma tributaria tiene que estar orientada sin duda alguna a que sea una herramienta que motive e incentive, número uno, la inversión privada, y número dos, que coadyuve a generar una mayor rentabilidad», explica. Y esa mayor rentabilidad, argumenta, termina siendo también más beneficiosa para el propio fisco porque «va a haber una mayor recaudación de tributos».

3. ¿Está el Seniat listo para sustituir la fiscalización física?

Para García la fiscalización tradicional, basada en la revisión física de documentos, ya es hoy una tarea materialmente imposible de ejecutar al 100%. Pone un ejemplo ilustrativo: una empresa que emita 10.000 facturas al mes acumula 120.000 al año; pretender revisarlas todas de forma manual, dice, «es una tarea titánica imposible».

Por eso considera que el camino hacia el control digital y la factura electrónica no es una opción, sino una necesidad. En los países donde este modelo ya opera, explica, la sola emisión de una factura, sin necesidad de entrega física, genera de manera automática los efectos fiscales correspondientes como el costo y el crédito fiscal de IVA para quien compra y el ingreso y el débito fiscal de IVA para quien vende.

Ahora bien, García matiza que ese tránsito no ocurre de un día. Los países que lo han implementado lo han hecho de forma gradual, por sectores o tipos de industria, con plazos y metodologías definidas. La pregunta de fondo, sugiere, no es si el Seniat quiere avanzar hacia ese modelo, sino en qué ritmo y bajo qué condiciones de infraestructura puede hacerlo sin dejar zonas grises.

4. Los vacíos en la construcción de la plataforma digital

El riesgo más concreto que identifica García durante esta transición tiene que ver con la infraestructura. «El éxito de esa digitalización va a estar supeditado a una infraestructura adecuada», advierte, refiriéndose a la necesidad de contar con «servicio de energía eléctrica constante, internet constante». Sin esas dos condiciones, cualquier sistema de control en línea puede fallar justo en el momento en que se necesita.

Esa es, según explica, una de las razones por las que otros países han optado por implementar la digitalización de forma escalonada, por regiones o por tipo de empresa, en lugar de un cambio general e inmediato.

«Hemos visto estos procesos de digitalización de los sistemas o procesos tributarios han ido por áreas, por regiones, por tipo de empresa. Esa quizás puede ser una opción».

Otro punto que señala como relevante para cerrar vacíos es el costo de adopción. «En países en los cuales se ha dado esta digitalización, sobre todo en materia de facturación, hemos observado que la propia administración tributaria ofrece de manera gratuita software, sobre todo a los pequeños y medianos empresarios, de manera que esto no represente un costo para ellos».

6. Las reformas prioritarias para una simplificación fiscal real

García distingue entre medidas de corto plazo —que no requieren reforma legal— y una reforma estructural de mediano y largo plazo.

A corto plazo, propone ajustes que podrían resolverse por providencia administrativa: volver a un IVA de declaración mensual para todos los contribuyentes en lugar del esquema quincenal actual para sujetos pasivos especiales, revisar la alícuota de retención de IVA, y agilizar el reintegro de las retenciones de IVA a quienes tienen derecho a ellas.

A esto suma dos piezas que considera clave: una ley de amnistía o remisión tributaria que permita a los contribuyentes con procesos administrativos o judiciales pendientes «ponerse a derecho» a cambio de «un perdón total o parcial ya sea de las sanciones o incluso del propio tributo».

A esa amnistía suma la necesidad de reformar el Código Orgánico Tributario para que las sanciones sean proporcionales a la gravedad del ilícito cometido. «Estaríamos hablando de un Código Orgánico Tributario no punitivo, si lo quiero llamar de alguna manera, sino más bien disuasivo».

A mediano y largo plazo, García habla de una reforma más estructural orientada a simplificar el cálculo del impuesto y hacerlo comprensible para el contribuyente promedio, respetando los principios constitucionales de la tributación como la capacidad económica, capacidad contributiva, legalidad y no confiscatoriedad.

El eje que atraviesa toda la propuesta de reforma que plantea García se basa en ampliar la base de contribuyentes en lugar de aumentar la carga sobre quienes ya cumplen, y usar la política fiscal como palanca de inversión y rentabilidad, no como un mecanismo de recaudación a cualquier costo.

Publicidad
Publicidad