Votar sin elegir
Me cuenta una amiga, asidua a los mercados de cielo abierto que instala la alcaldía de su municipio, que fue testigo de cómo un dirigente político -inhabilitado por el TSJ- recorría cada uno de los puestos del mercadito para estrechar manos, sonreír y presentar al candidato al que, según él, los electores debían favorecer con sus votos en los próximos comicios. El aspirante, un muchacho que, según ella, jamás había visto, caminaba tímido al lado de su “portaaviones”, que hablaba por él, lo arropaba con su discurso y lo ensalzaba mencionando los logros de su gestión como concejal en pleno ejercicio de sus funciones. Insiste ella, que ni siquiera el nombre del candidato le sonaba familiar.