Iglesia

José Gregorio, el santo en la calle

En Venezuela, José Gregorio Hernández parece estar en todas partes: en las paredes, en los hospitales, en los comercios, en las carteras, en franelas y, sobre todo, en los hospitales

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José Gregorio, el santo en la calle
todas las fotos son de daniel hernandez |@danielimagengrafica


Para conocer una ciudad lo mejor es pasearse por sus calles a pie, escuchar las conversaciones de los demás, ver sus colores, identificar los mensajes en sus paredes, decodificar sus símbolos. Es un proceso inconsciente que hacemos a diario. Los códigos religiosos quizás son los más ricos por su variedad y su matices. En mi caso, aunque soy un caraqueño no creyente, disfruto de cómo los criollos llevan los símbolos de su fe en su día a día, y hay una frase que siempre se repite: «Que Dios, la Virgen y José Gregorio te cuiden».

Avenida Panteón de Caracas; este motorizado dice que no es muy religioso en general, pero siente devoción por el santo José Gregorio Hernández y tiene su estampa en la cartera. Crédito: todas las fotos son de Daniel Hernández / @danielimagengrafica
Jorge Villamil es un zapatero que hace vida en una de las esquinas de la parroquia Candelaria. Le tiene una gran fe al doctor José Gregorio Hernández.

Para no haber vivido en la época de las redes sociales, el doctor José Gregorio Hernández ha sido uno de los venezolanos más populares durante décadas, desde la Caracas de los techos rojos hasta la que vivimos hoy con grandes edificios, a veces, a medio terminar. Esto se pudo evidenciar cuando el fotógrafo Briceño Hernández capturó, con su lente, a la multitud que acompañó al médico trujillano en su sepelio cubriendo de luto la ciudad capital.

Pasó de ser el médico de los pobres a ese santo al que se le piden favores en los altares. Aunque pasaron muchos años en la lista de peticiones para llamarlo formalmente santo, para el venezolano sencillo, la señora de la bodega, el del kiosco, el plomero, el conductor del autobús y hasta la doña que hace las empanadas, para todos, José Gregorio Hernández es un símbolo de humildad y sencillez, es mucho más que un noble santo.

Una señora entra a un local donde venden figuras religiosas en la esquina La Palma que está cerca a la basílica de Santa Teresa
María Sánchez trabaja en un consultorio médico en Petare. Relata que ha pagado promesa dos veces por la sanación de sus hijos cuando estaban pequeños. En una de esas curaciones soñó que el doctor José Gregorio Hernández tocaba a uno de los niños. Al día siguiente la mejoría fue inminente

Entre esos devotos está Jorge Villamil, un zapatero popular entre los vecinos, que trabaja en una esquina de la parroquia Candelaria. Parece el sujeto más popular de esa cuadra, con una sonrisa que se puede ver desde la otra calle. Jorge tiene su mano una estampita del nuevo santo. Dice que «no hay nada mejor que creer en José Gregorio Hernández porque no hay nada que él no pueda hacer, es un hombre bendito y hace milagros». Y concluye el zapatero: “Yo curo zapatos viejos, él cura a los enfermos”.

En las librerías religiosas de la parroquia Candelaria se puede apreciar la venta de libros e imágenes del doctor José Gregorio Hernández
Una joven muestra una estampita del doctor José Gregorio Hernández frente a la iglesia Dulce Nombre de Jesús, en Petare

Caminando, busco las imágenes de José Gregorio Hernández, porque pueden estar en cualquier lugar, a veces pareciera que las voy persiguiendo. Pasa un Encava por mi lado, un autobús de esos grandes de 32 puestos. Su chofer, Julián, es uno de esos hombres que cuenta que le gusta la autopista y la carretera.

Julián manifiesta que debe tener a José Gregorio Hernández en su autobús, porque es el santo de su abuelo, de su papá y de él. «¿Cómo no voy a tener a José Gregorio Hernández en el autobús que me da de comer?. Ese hombre bendito tiene que estar aquí todos los días que salgo a la calle a trabajar», dice.

«Me persigno y le pido a papá Dios que me cuide y también le pido José Gregorio Hernández que me ayude, que me cuide, que me proteja y salgo bendito de la casa hasta que llego en la noche, porque manejar un autobús desde La Pastora hasta Petare y de regreso a la Pastora es un ritmo riguroso y agotador. Necesito al santo conmigo”, cuenta, al hablar de su rutina de cada día.

Desde que el doctor José Gregorio Hernández fue nombrado beato se han incrementado los murales con su imagen en paredes de toda la ciudad, como ésta en la Candelaria

La calle siempre habla. Los símbolos están presentes en toda su extensión. José Gregorio está en todos lados, en los murales, en las estampitas, en las iglesias, en los cuadros, en los altares de cualquier hospital, quizás ahí es donde se concentran más historias de sanación. Es en la adversidad del hospital es cuando ese médico sencillo, con su corbata negra y su bata blanca, aparece con más vehemencia. Nadie quiere estar en un hospital porque eso implica que algo no está bien, que hay alguien que debe curarse, es allí cuando las plegarias no paran: “Cuídame José Gregorio” o “Cuídalo, protégelo, en tus manos lo encomiendo”, son frases familiares en ese entorno.

El doctor José Gregorio Hernández es referencia en los hospitales. Por ejemplo, en el hospital José María Vargas donde el actual santo trabajó como médico hay una capilla en su nombre.También en el piso 10 del hospital Miguel Pérez Carreño de Caracas donde van enfermos y familiares a pedir por salud
Angelys Carrillo asegura que, además de los médicos, el santo trujillano hizo un milagro en ella, durante su cirugía

Son muchas las historias de sanación hechas por José Gregorio que se escuchan en los pasillos de los hospitales y clínicas del país. La protagonista de una de ellas, Angelys Carrillo, está en el piso 7 de la Unidad de Hospitalización de Urología del Domingo Luciani en Caracas. Está reposando, recuperándose de una operación donde le extrajeron cálculos renales, además de retirarle un catéter que le quedó en su interior hace 6 años después de una cesárea. Angelys llegó con la hemoglobina muy baja, le había dado un paro respiratorio y fue tratada para luego ser intervenida. Según los médicos y ella misma, Angelys está viva de milagro. Lo que más me llama la atención es la indumentaria que tiene en su cama: un gorro y una franela alegórica al doctor José Gregorio Hernández, y no sólo mandó a hacer estas prendas para ella, sino para todos los doctores que la atendieron.

Angelys afirma que en sus horas más críticas vio al médico espiritual tocarla y por eso siente que él intercedió por el milagro de dejarla vivir. Aunque tuvo mucho miedo de morir, se aferró a la fe porque era su último recurso. Hoy sigue en observación pero su estado crítico ha mejorado.

Una paciente en el hospital Domingo Luciani tiene una estampita de santo criollo al lado e su cama
Si ya la imagen del doctor José Gregorio Hernández se había mezclado con las imágenes que se usan en la santería y en esos ritos mágicos venezolanos, las ventas se han incrementado desde que fue proclamado beato y, aún más, cuando se oficializó su santidad
En la iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria hay ventas de objetos religiosos. Y en este caso, rosarios con la figura del doctor José Gregorio Hernández.
Muchísimos conductores de transporte público tienen la imagen del doctor José Gregorio Hernández delante del volante, ese fiel compañero que los cuida en su ruta diaria
Erika y Benito son de esas personas que siempre tienen una estampita del doctor José Gregorio Hernández consigo. Su fe es constante, dando valor a lo que simboliza el médico de los pobres

María Sánchez trabaja en un consultorio de especialidades médicas en Petare. María me muestra su llavero: tiene una figura de José Gregorio. Dice con orgullo: “Yo sí, yo sí soy fiel creyente de José Gregorio Hernández y he pagado promesas dos veces para el santo en Isnotú (el pueblo natal del médico)”.

Cuenta que, en momentos distintos, sus hijos sufrieron de bronquitis aguda con muchísima fiebre y, en ambos casos, los niños mejoraron rápidamente pero, lo más impactante y quizás controversial de esta historia, es que María soñó que cuando su hijo mayor tenía esas fiebres altísimas, José Gregorio Hernández lo tocó por la espalda. Al día siguiente el niño estaba totalmente sano y nadie pudo explicarse esa mejoría tan rápida.

Pero María tiene otra historia, esta vez con su hijo más pequeño, a quien lo hospitalizaron en Mérida, en una cama donde había una estampa de José Gregorio Hernández. «Al día siguiente, el niño amaneció como si nada», asegura. Ambas vivencias, más los relatos contados en su historia familiar, son lo que ha determinado la relación de María y la salud de su gente con el nuevo santo.

Un colector vocifera la ruta del autobús Encava con una imagen del doctor José Gregorio Hernández en una de sus ventanas
En una tienda de Chacao, donde venden y reparan impresoras, una imagen de José Gregorio Hernández está sobre una de las máquinas. El santo está en todos lados 

María, Jorge, Julián y Angelys son sólo una pequeña muestra de los muchísimos venezolanos que han entendido la importancia de la figura del doctor José Gregorio Hernández dentro del campo de la fe y la búsqueda de la sanación personal y física de la mano de uno de los médicos más trascendentales de la historia de nuestro país.

Pero ellos no son los únicos con historias increíbles sobre los milagros de José Gregorio, en mi recorrido me topé con muchas personas que me contaron sus anécdotas con el doctor y lo que más llamó mi atención es que todos coincidían que en el momento de mayor gravedad, cuando encomendarse al santo era el último recurso, sintieron, no sólo su presencia, sino su contacto físico. A todos los “tocó José Gregorio». Es cierto que es inexplicable desde la racionalidad, pero la fe es justamente eso, tener la certeza de que algo está pasando en nombre de un bien superior.

En la panadería Nobile de Puente Hierro hay piezas religiosas que se mezclan con productos en venta como cereales y snacks. Está en todas partes: en comercios, iglesias, cementerios, en la calle, en autobuses, en paredes, en muchos sitios

Ese hombre que llegó de Los Andes, el mismo que trajo el primer microscopio a Venezuela y que falleció atropellado en La Pastora, fue un ser común que quiso servir a Dios y a la iglesia católica y, en ese empeño, se dedicó a curar a quienes más lo necesitaban, se convirtió en santo porque su pueblo así lo proclamó y es ahora cuando la Iglesia nos ha premiado con su canonización oficial. Estoy seguro que José Gregorio saluda contento, como ese vecino cordial, desde cada mural que adorna las paredes de La Pastora.

Berta tiene una estampita de José Gregorio Hernández. Ella es devota y nada egoísta, porque me regala esta imagen como muestra de cariño y fe

Es obvio que con esta trascendental elevación a los altares, José Gregorio Hernández será más visible, se va a proyectar y estará de boca en boca durante mucho tiempo, entre el vecino el que vende pan, la abuelita que siempre pone a sus nietos dentro de la oración y en los jóvenes que, aunque no sean de ir a la misa, recuerdan que José Gregorio es el santo de su familia.

Yo, que dejé de creer en religiones hace mucho tiempo, entiendo que esta figura es un venezolano perfecto que trasciende por sus buenas costumbres, por su bondad, que se hace magnánimo por cada enfermo que atendió, por cada promesa cumplida pero, sobre todo, por no abandonar a esa gente humilde a los cuales no ha dejado de curar.

Cerca de Petare, en un comercio, tres hombres hablan sobre las ventas del día y, entre ellos, resalta una figura de José Gregorio Hernández tamaño grande que parece que estuviera dentro de la conversación
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