El Nazareno de San Pablo y el milagro del limonero
En el siglo XVII, la "peste del vómito negro" asolaba a la entonces pequeña Caracas, hasta que ocurrió el milagro del Nazareno de San Pablo que, en procesión, se enredó con un gran árbol de limón: el que bebió de sus frutos recobró la salud
“Sobre la cruz en procesión, en la esquina de Miracielos, ¡el limonero del Señor…!”, así finaliza el poeta cumanés Andrés Eloy Blanco, su célebre escrito sobre la historia del milagro del Nazareno de San Pablo.
Son muchas las plagas y epidemias que a lo largo de la historia han azotado a Santiago de León de Caracas, como la gripe española a principios del siglo pasado. Sin embargo, la que más persiste en la memoria de los caraqueños es la del vómito negro en el siglo XVII.
El Nazareno de Venezuela. Foto Daniel Hernández
La Caracas de techos rojos y pocas calles empedradas fue testigo, entonces, de uno de los milagros más recordados y mencionados en la historia de la ciudad. Es, además, el punto de partida de la tradición de venerar cada Miércoles Santo la hermosa imagen que guarda el templo de Santa Teresa: el Nazareno de San Pablo.
La milagrosa respuesta del cielo, manifestada en la esquina de Miracielos, a través de la imagen del Nazareno de San Pablo, salvó a los desesperados habitantes de la pequeña ciudad de tan terrible enfermedad.
Milagro en Miracielos
La popularidad de la imagen del Nazareno de San Pablo crece debido al milagro atribuido durante la peste del vómito negro o escorbuto, que asoló la ciudad en el año 1697.
Al Nazareno lo adornan con orquídeas para su procesión del Miércoles Santo. Foto: Daniel Hernández
En ese año -según la costumbre- se organizaron rogativas y se decidió sacar en procesión a alguna de las imágenes de los templos de la ciudad. La del Nazareno fue la seleccionada en esta oportunidad.
Continúa la historia contando que una vez en la calle, a la altura de la esquina de Miracielos, la imagen se enredó entre las ramas de un árbol de limón, y que todos los enfermos que bebieron del jugo de estas frutas cítricas recobraron su salud rápidamente.
Aunque no existen registros históricos, la fe y la tradición del pueblo han mantenido este hecho vivo su memoria.
En este sentido, el presbítero e historiador Ramón Vinke declaró a El Estímulo: “Que el milagro no tenga fecha registrada, no quiere decir necesariamente que no haya ocurrido”.
Ciudad mariana de Caracas
La llegada de los misioneros católicos desde España en tiempos de la Colonia sembró en Caracas muchas de las costumbres y tradiciones de fe que aún hoy día se siguen en el país. Aclimatadas al contexto, los habitantes de la Capitanía General de Venezuela las tomaron para sí.
La pequeña ciudad, con siete iglesias y pobre en comparación con sus hermanas sedes de deslumbrantes virreinatos, se acostumbró a transitar el año en torno a las diversas solemnidades y procesiones. Era de los pocos momentos para salir a la calle y celebrar en comunidad.
Las ventanas de las casonas coloniales, cerradas todos el año para evitar el polvo y el calor, se abrían, por fin, para ver pasar las imágenes que salían de los templos. Y los caraqueños, especialmente las mujeres, abandonaban la privacidad de las casas con sus mejores galas, para acompañar procesiones que cada noche de Semana Santa recorrían la pequeña ciudad consagrada a la Inmaculada Concepción de María.
Miércoles de dolores
Una de las imágenes más veneradas, aún antes del milagro del limonero, era la del Nazareno que se encontraba en el Templo de San Pablo Primer Ermitaño, como lo afirma Enrique Bernardo Núñez en La ciudad de los techos rojos (Caracas, 1947). Salía en procesión el Miércoles Santo o Miércoles de Dolores, según la tradición española.
Foto Daniel Hernández / Archivo
Señalan algunas fuentes, que la primera referencia documentada de la existencia de la imagen figura en el informe elaborado por el obispo Mariano Martí, a raíz de una visita pastoral realizada al referido templo de San Francisco en 1772. En ella, el obispo precisa que el altar de Jesús Nazareno “es de talla dorado. En el medio tiene un nicho grande y dentro de él, la imagen de Jesús de cuerpo entero”.
El ilustre americano y el pequeño París
Por muchos años, la imagen permaneció en su nicho de San Pablo hasta el periodo de Guzmán Blanco, que estuvo marcado por los enfrentamientos y acercamientos con la Iglesia Católica. En ese gobierno se derriba el templo para construir el teatro Guzmán Blanco, hoy teatro Alfredo Sadel, como parte del plan urbano de reformar la capital al estilo francés que tanto amaba.
Una basílica para la imagen
Por un breve periodo de tiempo se pierde la pista de la escultura, hasta que reaparece en la nueva iglesia de Santa Ana y Santa Teresa.
En esos días, el pueblo caraqueño afirmaba que el Nazareno se había aparecido en sueños a la esposa del Ilustre Americano increpándola por la destrucción de su templo. Esa fue la razón por la que se construyó la iglesia doble, dedicada a Santa Ana y Santa Teresa, aprovechando los cimientos de la iglesia de San Felipe Neri, paralizada desde la disolución de los conventos por orden de la presidencia.
Entronizado en el templo consagrado a las dos santas que, casualmente, eran las patronas de la primera dama Ana Teresa, el Nazareno conservó el distintivo de su locación primaria.
Desde entonces, cada año la imagen protagoniza una de las tradiciones religiosas más hermosas en la capital, y que se ha extendido a otras parroquias de la ciudad: la procesión del Nazareno de San Pablo.
Esta nota fue publicada originalmente el 31 de marzo de 2021 y reeditada el Miércoles Santo de 2023.
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