Internacionales

Lula le habló claro a Trump: "Las incursiones neocoloniales en busca de recursos estratégicos son gestos anacrónicos"

Sin señalarlo directamente, Lula da Silva inauguró el debate en la ONU con una tanda de mensajes a Donald Trump que pasaron por temas desde Venezuela hasta los antivacunas y los chantajes arancelarios

Publicidad
Lula

Luiz Inácio Lula da Silva inauguró -por décima vez- el debate general de la Asamblea de Naciones Unidas y en buena medida su discurso parece haber estado dirigido a los oídos de Donald Trump. El presidente brasileño comenzó fustigando a la propia ONU y a su debilidad para contener los conflictos globales. Pero eso fue apenas el punto de apoyo para enviar su mensaje al colega estadounidense.

«No me son ajenas las realidades del poder, pero las concesiones a la ley del más fuerte han superado todos los límites. Y esto no es idealismo, es puro realismo», dijo Lula: «La guerra no es la continuación de la política por otros medios, sino que es el colapso total de la política».

El cuestionamiento al gobierno de Israel dio pie a la primera crítica abierta a Trump: «Generaciones de palestinos llevan consigo el dolor y el trauma que ha dejado el genocidio de mujeres y niños perpetrado por el gobierno de Netanyahu en Gaza. Los civiles israelíes pagaron el precio del radicalismo y la intolerancia de los actos terroristas de Hamás. Perseguir a la Corte Penal Internacional y a sus miembros fomenta que estos crímenes queden impunes».

Y siguió: «El estrecho de Ormuz se ha convertido ya en un campo de batalla, cuando debería haber seguido siendo un paso vital para el comercio internacional».

«En América Latina y el Caribe, la proximidad geográfica a la mayor potencia militar del mundo es un hecho ineludible, especialmente en un contexto de renovadas tentaciones hegemónicas«, apuntó Lula ya en específico sobre la región. Y advirtió: «Brasil no cabe en el patio trasero de nadie. Necesitamos socios con una agenda positiva que fomente el desarrollo. Las diferencias ideológicas no deberían obstaculizar una mayor integración entre vecinos».

«Los países de la región han sufrido los horrores de regímenes autoritarios y han recorrido un largo camino para restablecer la voluntad popular. No obstante, la democracia se ve una vez más amenazada por la creciente injerencia extranjera en los procesos electorales. Dividir el mundo en zonas de influencia y las incursiones neocoloniales en busca de recursos estratégicos son gestos anacrónicos», planteó el mandatario para finalmente aterrizar en la situación más compleja de América Latina en este momento: «El pueblo venezolano merece definir su propio destino».

A propósito de la inseguridad y el crimen internacional, también aprovechó para hablarle a Estados Unidos: «No vamos a externalizar la responsabilidad de defender nuestras fronteras y garantizar a nuestra población el derecho a vivir sin miedo. No necesitamos portaaviones vigilando nuestras aguas».

Lula ya le hizo un planteamiento directo a Trump: «Necesitamos cooperación para bloquear el flujo de armas y dinero que alimenta el crimen. Y ese es el espíritu de la propuesta que entregué personalmente al Presidente de Estados Unidos: queremos luchar contra el blanqueo de capitales que llevan a cabo los delincuentes brasileños en el extranjero».

Y más adelante en su discurso, volvió a la carga por varios frentes: «Damas y caballeros, se están erosionando los pilares del multilateralismo. La Organización Mundial del Comercio se mantiene con vida artificialmente. Cuando los gobiernos ceden ante quienes usan los aranceles como armas de coacción y chantaje, las consecuencias son nefastas«.

«En la era de la desinformación, los oscurantistas se resisten a la ciencia. Nunca olvidaremos los millones de vidas perdidas debido a la negligencia en la lucha contra la COVID-19. Las campañas antivacunas están haciendo ahora resurgir enfermedades que creíamos del pasado. Debilitar a la Organización Mundial de la Salud nos hace a todos más vulnerables».

«Hasta hace poco, la respuesta al cambio climático ocupaba un lugar central y firme en la agenda internacional. Y, sin embargo, este año el tema ha desaparecido de los debates del G7 y del G20, que reúnen a los mayores emisores de carbono. Es hora de retomar la ofensiva e infligir una derrota al negacionismo. La naturaleza nos recuerda cada día que solo tenemos un planeta para vivir».

«La ONU nació bajo el signo de la esperanza. A lo largo de ocho décadas ha contribuido a la descolonización, ha promovido los derechos humanos y ha apoyado el desarrollo sostenible. La ONU ha protegido a migrantes y refugiados, ha condenado el racismo, el antisemitismo y la intolerancia religiosa. Fueron logros de líderes que subieron a este atril impulsados por la indignación ante las injusticias de su época. Hombres y mujeres que se negaron a aceptar la guerra como destino, el colonialismo como derecho o el apartheid como un sistema legítimo. De esa capacidad de decir «no» a las desigualdades surgieron algunas de las mayores transformaciones que hemos vivido».

Publicidad
Publicidad