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Los secretos eróticos de Francisco de Miranda

Hijo del siglo de las luces, la figura de Francisco de Miranda no deja indiferente a nadie. No sólo fue por su participación en las tres grandes revoluciones de su tiempo, por ser considerado el "inventor de la independencia" latinoamericana o por ser uno de los primeros críticos de arte de la región. Miranda fue mucho más allá: fue un fiel cultor del erotismo y tuvo correrías sexuales con infinidad de mujeres en tres continentes.

Los secretos eróticos de Francisco de Miranda

Quizás por su galantería y encanto, su carácter extrovertido y su manejo con facilidad de los idiomas, Miranda tuvo un gran imán para las mujeres, en encuentros que muchas veces terminaban en sexo. Tomás Polanco Alcántara se atrevió a darle un número a sus aventuras: más de 200. Muchas de ellas prostitutas menores de edad o casadas con aristócratas europeos.
En su Diario, un profuso relato autobiográfico que comenzó a escribir en 1771, Miranda confirma aspectos que son obviados en los libros de la historia de bachillerato: su insaciable sed sexual. Diversos relatos eróticos que protagonizó en sus viajes europeos están reseñados en esta obra. No obstante, el gusto que tuvo por las delicias del cuerpo no minimizan la huella histórica dejada por este personaje.
Así, hagamos un pasaje por los mitos (documentados y no) que rodean la figura de Francisco de Miranda, nacido un 28 de marzo de 1750.
-Coleccionista de vellos púbicos: No cuenta con todo el respaldo de los historiadores, pero este mito es uno de los más conocidos en el historial sexual de Francisco de Miranda. Muchos dicen que en una pequeña caja de madera, guardaba una especie de «memorabilia» de cada uno de sus encuentros. Afirman que el ADN de grandes personajes de la historia estuvo guardada dentro de este pequeño cofre, como el pequeño vello de Catalina La Grande de Rusia.
-Amante de la zarina: El entorno de Francisco de Miranda dio fe de su cercana relación con Catalina La Grande. Con apenas 36 años de edad, logró captar la atención de la emperatriz, de 58. William Spence Robertson, un inglés cercano a Catalina, reseñó en uno de sus libros el influjo varonil del suramericano: «Con su penetrante mirada la analizó completamente. La emperatriz que era de baja estatura y gruesa, quedó extrañamente prendada de aquel avasallante personaje y le ofreció graciosamente su mano para que la besara. Luego la zarina le invitó a su mesa, y hablaron largamente sobre la América española y sobre la Inquisición». En su Diario, Miranda no abordó al detalle su relación con la aristócrata, quien lo nombró oficial del ejército ruso y le financió su estancia en varios palacetes de su imperio.
-Gusto por los burdeles europeos…: Si hay algo que está plenamente documentado es el particular gusto del prócer por los lupanares europeos. Sus expediciones al Viejo Continente se tradujeron en correrías nocturnas en Roma, Amsterdam, Goterburgo, Londres, Viena o Varsovia.  En su Diario, Miranda relata su gusto por las adolescentes de dudosa reputación:   “Fuimos hacia allá y encontré una muchacha de 18 años, decente y muy bien parecida, más que no quería franquearse a la primera visita y daba esperanza de hacerlo en la segunda. Yo solté los registros de mi persuasión, y al cabo de mucho rato lo hube de conseguir, con la promesa de no derramarme dentro (…) Tiene muy buen goce”, escribió el caraqueño sobre su presencia en un burdel romano.
..Y por las mujeres casadas: Historiadores dan fe de relaciones de Miranda con al menos dos mujeres que estaban casadas con miembros de la aristocracia europea.  Una de ellas fue Catalina Hall en Suecia y la otra, la marquesa Delfina Custine, cuyo marido compartió prisión con el precursor.
-Ávido lector del erotismo: Para muchos, Miranda fue el primer erotólogo de Venezuela. Su amplia colección de libros y escritos sobre el sexo apuntan el interés del prócer en temas como la masturbación, el sexo heterosexual o las enfermedades venéreas.]]>

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