Nicolás Ernesto Maduro Guerra, siempre bajo el ala de su padre

Estudió Economía en la Unefa, universidad militar, pero se ha desempeñado en cargos públicos de distinta índole, siempre designado por su padre. Como figura individual no tiene ninguna popularidad

Nicolás Ernesto Maduro Guerra, siempre bajo el ala de su padre

Nicolás Ernesto Maduro Guerra tiene 31 años. Es decir, tenía 8 cuando inició la era chavista y 25 cuando su padre, Nicolás Maduro Moros, llegó a la presidencia.

Aunque anteriormente ocupó cargos públicos de baja relevancia mediática, fue apenas en 2017 cuando se lanzó a la palestra pública, durante su candidatura como diputado a la Asamblea Constituyente. Luego vuelve a sumirse en un bajo perfil, hasta finales de 2020, cuando le asignaron mayores “responsabilidades” dentro del gobierno de su padre. Lo último: será delegado presidencial en las negociaciones con la oposición.

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Pero, ¿qué hizo el “primer hijo” del gobierno chavista antes de esto?

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Estudiante de la Unefa

Nicolás Ernesto, como lo llama su padre, o Nicolasito como lo nombra el resto del país, estudió Economía en una universidad militar pública: la Nacional Experimental Politécnica de la Fuerza Armada Bolivariana (Unefa), controlada por el gobierno. Pero su desempeño laboral poco ha tenido que ver con esta carrera.

Siempre bajo el ala de su padre, Nicolás Ernesto trabajó en el Partido Socialista Unido de Venezuela (en el ala juvenil) mientras Chávez estaba en la presidencia. Apenas nombraron a su padre en Miraflores, en marzo de 2013, se le creó el cargo de “Jefe del Cuerpo de Inspectores Especiales de la Presidencia de la República”.

Meses después, en septiembre de 2014, se le nombró como “Coordinador de la Escuela Nacional de Cine”. A Maduro Guerra le gusta la música, como a su padre. Según cuenta, estudió flauta en el Sistema Nacional de Orquestas.

​En enero de 2017, su padre lo nombró en otro cargo totalmente distinto: Director General de Delegaciones e Instrucciones Presidenciales del Vicepresidente.

Nicolás Ernesto, el diputado

Tres meses después, en abril de 2017, asume otra función: se lanza de candidato a la Asamblea Nacional Constituyente, el Parlamento paralelo que creó el gobierno chavista para anular el verdadero, con mayoría opositora. Es entonces cuando el país comienza a ver más seguido a Nicolás Ernesto, entonces de 26 años.

¡Si Estados Unidos llega a mancillar el suelo patrio, los fusiles llegarían a Nueva York y tomaríamos la Casa Blanca!, Nicolás Ernesto Maduro.

Resulta electo el 30 de julio de 2017. A excepción de algunas anécdotas, como esa frase en la que confundió Washington con Nueva York, su primer paso como diputado fue discreto. En diciembre de 2020, en unas elecciones parlamentarias sin verdadera oposición, fue elegido como diputado por La Guaira, aunque no es oriundo de ese estado vecino a Caracas. Se dice que está motivado por la futura creación de una zona franca en la región, que sería manejada por Nicolás Ernesto.

“Su carrera ha sido meteórica gracias a ser el único hijo del dictador venezolano”, escribió el diario español El Mundo en diciembre de 2020.  Y agregaba caprichos, como saltarse la cuarentena por covid-19 para celebrar una gran fiesta por su cumpleaños, en junio de 2020, la peor época de la pandemia.

En las más recientes elecciones parlamentarias, el consultor de Datanálisis, Luis Vicente León, declaró a AP en una entrevista que reprodujo Chicago Tribune que, por su propia cuenta, el hijo de Maduro Moros carecía de arrastre electoral. Es decir, si no entra por listas impuestas, no logra ningún cargo de votación popular: “Maduro Guerra no aparece en ninguna encuesta a título espontáneo ni representa una figura lo suficientemente popular como para que pueda convertirse en un heredero”.

Pero, como en las monarquías, parece que es lo que quiere su padre.

De lo que no se habla

Más allá de los cargos que asume por decisión de su padre, a Nicolás Ernesto se le atribuyen otras funciones de las que no se habla públicamente.

Una investigación de El Mundo, suscrita por el periodista Daniel Lozano, asegura que “regenta minas de oro y propiedades de coltán en el Arco Minero, custodiadas por guerrilleros colombianos, según la oposición y Estados Unidos” de las que obtendría millonarias sumas de divisas y que tiene “su propio testaferro”.

Además, siempre según Lozano, “ejerce como enviado especial de su padre a los fastos de (dictador) Kim Jong-un en Corea del Norte; imparte órdenes a altos mandos militares como si fuera un general civil y se convierte en el principal investigador del caso Odebrecht en Venezuela, sin avanzar un solo centímetro en la búsqueda de responsabilidades pese a ser la segunda gran trama de corrupción después de Brasil”.

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Venezuela es uno de los pocos países de Latinoamérica donde no hay sancionados por los pagos irregulares de la constructora brasileña de grandes obras públicas a altos funcionarios. En el caso local, todas las obras contratadas con Odebrecht, la mayoría inconclusas, se contrataron en el gobierno de Chávez.

Siempre cercanos

Los dos Nicolás Maduro siempre han sido muy cercanos. Según comentaron allegados a la familia, ya separados sus padres y por mutuo acuerdo, el pequeño Nicolás pasaba mucho tiempo con su padre. Entre ambos progenitores (Nicolás Maduro Moros y Adriana Guerra Angulo) hay armonía. También en la relación de Nicolás Ernesto con Cilia Flores, a quien conoce desde que era un niño.

Nicolás Ernesto actualmente está casado y tiene dos niñas.