Opinión

Cómo evitar una hiperinflación

En el año 2015 están dadas las condiciones para un auge inflacionario sin precedentes. El descalabro de los precios del petróleo agrava aún más el déficit fiscal, el cual se calcula entre 18-20% del PIB. Si semejante brecha se financia con desmesuradas emisiones de dinero sin respaldo por parte del BCV, la expectativa inflacionaria se recrudecerá, la presión de demanda aumentará aún más y esto puede desatar las fuerzas ciegas de una espiral inflacionaria que convertirá en sal y agua cualquier aumento de sueldos.

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El BCV finalmente informó que el índice nacional de precios al consumidor (INPC) en 2014 ascendió a 68,5%, superior a la ya alta inflación de 2013 que llegó a 56,3 %. Según el INE, la Canasta Alimentaria Normativa (CAN) -compuesta por 50 productos representativos del consumo de una familia integrada por 5 personas-, se ubicó a finales de 2014 en Bs. 6.382,62; mientras que el salario mínimo -con el incremento de 15% aprobado a partir del 1° de febrero-, se ubica en Bs. 5.622,48, lo que quiere decir que no alcanza para comprar la canasta alimentaria.

En los datos oficiales se destaca el repunte inflacionario en alimentos y medicinas, lo cual revela la ineficacia del anclaje cambiario a 6,30 Bs/$ para mantener a raya la inflación en esos rubros. Ni la Ley Orgánica de Precios Justos ni el control de precios a través de la SUNDDE pudieron contener y frenar la inflación en el 2014 para proteger la capacidad de compra de los salarios, lo cual sugiere que las causas de la inflación son otras.

En Venezuela, el 70% del PIB lo produce el sector privado, el cual necesita asegurar la sostenibilidad económica y financiera para mantener operativa sus empresas. Si se controla el PVP pero se mantienen liberados los precios de las materias primas, insumos, maquinarias y fuerza de trabajo, llega un momento en que los crecientes costos de producción superan el precio controlado, lo cual genera pérdidas. Y como nadie produce para perder se desestimula la producción, cuestión que causa la consiguiente escasez.

El PIB cayó en torno a 4% y se estima una nueva contracción de 7% en 2015. Cuando no había suficiente producción nacional lo que escaseaba en el mercado interno se compraba afuera, pero ante la restricción de divisas ya no se puede importar la misma cantidad, cuestión que puede agravar el acaparamiento y la especulación si no se reactiva en lo inmediato la producción nacional.

Evitar la amenaza de hiperinflación impone el diseño de una eficaz estrategia con decisiones coherentes en política fiscal, monetaria, cambiaria y de precios, así como en materia de política agrícola, industrial y tecnológica. Con la unificación cambiaria en torno a 40-50 Bs/$ y el aumento del precio de la gasolina en 4 Bs/litro se pudieran corregir al menos 12 puntos del déficit fiscal. La revisión de los convenios de cooperación energética y la reducción del gasto militar pudieran compensar 4 puntos más. Si se revisa el presupuesto público suprimiendo el 100% de gastos superfluos en publicidad, remodelación de sedes y oficinas, compra de flotas de vehículos, viajes y viáticos, etcétera, se podrían corregir otros 2 puntos del déficit. Otro margen está en la sustitución de subsidios indirectos a la electricidad, gas y agua por subsidios directos a las familias más pobres. Y si se ahorran los $ 10 mil millones de importaciones públicas en alimentos y medicinas para reorientarlos en favor de la producción, prácticamente el déficit fiscal quedaría corregido y ya el gobierno no se vería en la necesidad de presionar al BCV para que financie con emisiones de dinero inorgánico la brecha entre ingresos y gastos del gobierno, PDVSA y las empresas públicas.

La armonización de la política macroeconómica con las políticas sectoriales coadyuvaría a reactivar la agricultura e industrias nacionales, generando una abundante oferta de productos de la canasta básica, además de empleo productivo y bien remunerado, todo lo cual ayudaría a abatir la amenaza de hiperinflación.

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