En su caso, pasa lo mismo pero al revés. Me explico: usted también ha resuelto prohibirle a un grupo de funcionarios venezolanos el ingreso a territorio norteamericano y, más grave aún, ha dispuesto que congelen los bienes que tendrían en Estados Unidos. Un fallo garrafal. Si en realidad usted quiere ayudar a la democracia venezolana, debe abrir las puertas de su país de par en par a todos los camaradas que deseen viajar hasta allá. Que vayan, compren y disfruten las mieles del capitalismo sin temor a represalias. Quizás cuando observen la abundancia en un mall, se darán cuenta de que con su plan económico nos están haciendo mal.
Pero eso no es lo peor de su estrategia, señor Obama. El mayor desacierto es que con su política usted le está dando argumentos al chavismo para que siga con la cantaleta de la amenaza del imperio, la invasión yankee y bla, bla, bla. Entonces, en lugar de tener que enfrentar las críticas por la escasez de alimentos, la falta de insumos médicos, la violencia y la inflación, usted le facilita a Maduro escapar de esos temas que son los únicos importantes en estos momentos para instalarse en su zona de confort: la guerra verbal contra el todopoderoso y maligno Tío Sam.
¿Usted quiere echarle una broma a la revolución? ¡Hable con ella! Fíjese cómo quedaron el Gobierno venezolano y sus aliados de la región cuando se enteraron de que usted estaba conversando con Cuba. Todos como pajarito en grama, sin alusiones al comandante eterno. Incluso, en medio de la sorpresa, Maduro solo alcanzó a balbucear una felicitación para usted por su acercamiento con la isla.
Usted mismo reconoció que la hostilidad contra el régimen de los Castro no sirvió de nada. Entonces, qué le hace pensar que sí será de utilidad con sus herederos venezolanos. La estrategia está tan descaminada que hasta el momento solo ha sido usada como coartada para solicitar una nueva Ley Habilitante y convertir en un acto de reafirmación patriótica el nombramiento de otro militar en el Ministerio Relaciones Interiores. Está claro que el tiro, Mr. President, le ha salido por la culata y ha impactado directamente en la ya mal herida democracia venezolana.
Señor Obama, la decisión está en sus manos. O cambia de rumbo o seguirá dándole elementos al chavismo para desviar la atención de los problemas reales y unificar a sus bases, hoy diezmadas por la escalada de la crisis económica. Usted tiene la última palabra, pero de antemano le informo que ya está corriendo un rumor que afirma que usted se puso de acuerdo con Raúl para salvar a Nicolás. En pocas palabras: Obama es un espía, pero no de la CIA sino del G2.