Vamos a estar claros: hay que celebrar que se esté dando un espacio como este, inimaginable al menos hasta la madrugada del 3 de enero. ¿No? La primera reunión de periodistas, comunicadores de organismos del Estado, representantes de medios de comunicación y organizaciones gremiales como el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa y el Colegio Nacional de Periodistas, auspiciada por la muy activa Comisión para la Paz y la Convivencia Democrática designada por el gobierno de Delcy Rodríguez. Es largo de decir, pero hay que mencionarlos a todos, incluso a quienes fueron de curiosos, para tratar de entender la dimensión del hecho.
Es, por supuesto, una buena foto. Los medios y el gobierno comenzando -el viernes 13 de marzo- a dialogar para convivir en paz, la comisión haciendo su trabajo de escuchar y todo eso, un bonito salón en la Casa Rómulo Gallegos, cordialidad, café, juguito, botellitas de agua Minalba sin la etiqueta…
Muy bien, pero esta primera vez ya muestra rasgos preocupantes y hay que mencionar algunos. Empecemos por los personajes de siempre, con los discursos de siempre y una irrefrenable tendencia por apropiarse del micrófono para llevar las cosas al terreno de “nosotros los chavistas, los bolivarianos” y “ustedes los opositores”. Mal ahí. Ese no es el punto.
Otro: pretender dar lecciones de periodismo desde una supuesta autoridad moral adquirida por las canas o la militancia. Mal ahí también: la discusión no es sobre eso porque, solo para asomar un punto, un periodista de un medio independiente no concibe el oficio desde la misma óptica de un comunicador que trabaja para el Estado que, en el caso del chavismo, se entiende como el gobierno. Es decir, uno hace periodismo mal o bien, y el otro se mueve en el terreno de la propaganda y el requerimiento del discurso oficial. ¿O no es así?
Eso, por no mencionar a los operadores políticos que se disfrazan de entrevistadores… Ni a los devenidos en youtubers que falsean, inventan y exageran para monetizar.
En todo caso, no vinimos aquí a un taller de periodismo.
Tampoco es justo equiparar la situación de los medios privados con la del sistema de medios del gobierno. Los primeros se han empobrecido con el país, la radio y televisión llevan años con el cuchillo de Conatel al cuello, lo poco que informan lo hacen con una censura evidente y grotesca porque se hacen los locos por obligación y ya por comodidad, y los medios digitales sobreviven cada vez con menos personal, con presupuestos restringidos, bloqueados en casi todos los proveedores de internet tanto en hogares como en telefonía celular y con el constante temor de que un día “alguien” se moleste y uno de sus reporteros termine imputado por “terrorismo”.
Así que por esa ruta, la iniciativa no logrará mucho más que dos o tres ideas interesantes y muchos abrazos de reencuentro entre colegas…
Para allanar el camino hacia una verdadera libertad de expresión o al menos hacia una mejora significativa de las condiciones, entienda usted, camarada, que aquí el poder lo tiene y lo ha ejercido el Estado. ¿Que los medios han incurrido en excesos y parcialidades? Sí, pero eso se corrige -se ha corregido- y no es equiparable a activar el aparato de justicia contra un periodista por hacer su trabajo o para confiscarle los equipos a una humilde emisora de radio en el interior del país.
Vayamos al grano: dejen de acosar a la radio y a la televisión, dejen de lanzarle los perros de presa a los reporteros, dejen de ver a los medios como enemigos contra los cuales hay que usar todo el poder del Estado; no se moleste tanto ministro, si le dicen que está haciendo alguna vaina mal; ordenen ya de una buena vez el levantamiento del bloqueo digital; abran el acceso a fuentes oficiales y a información sin conflicto y con transparencia, y deroguen esas leyes de desacato que quién sabe si en el futuro no muy lejano terminen aplicándose de retruque.
El periodismo ya tiene una ley de ejercicio. Y para todo lo demás están la Constitución y el Código Penal.
En pocas palabras, seamos honestos en el planteamiento de esta “convivencia”, si es que de verdad les interesa avanzar en la libertad de prensa y -de este lado- a los medios y a los periodistas les tocará también recalibrar y reforzar los principios básicos del oficio.
Si lo que se busca es juntar fotos y alimentar la estadística de “mira todas las reuniones de convivencia que hicimos”, entonces sigamos en lo mismo: ustedes esto, nosotros lo otro, chavistas aquí, opositores allá, en mis tiempos tal cosa, en los tuyos tal otra… hasta fastidiarnos solo para cumplir con la burocracia de una tabla de Excel. Confiemos en que no será así y que en el corto plazo veamos acciones concretas: ahí está la lista, lo que falta es voluntad.