Chica, ¿y qué ira a decir "el catire" del Manifiesto de Panamá?
Más allá de lo que digan en redes y declaraciones los fans de María Corina y el grupo de señores que la cuestionan en X a toda hora, el Manifiesto de Panamá plantea una ruta que demanda respuestas de la Casa Blanca y de Miraflores. ¿Cuánto hay que esperar?
Dos conclusiones inmediatas se desprenden de la lectura del Manifiesto de Panamá divulgado ayer -jueves 28 de mayo- por el Comando Con Venezuela: la ratificación de María Corina Machado en el liderazgo de la coalición democrática y el planteamiento formal de su disposición a participar en negociaciones directas con el gobierno de la mandataria encargada Delcy Rodríguez bajo una mediación de Estados Unidos. Suena bien, ¿no?
Sobre el primer punto, no hay dudas ni muchas vueltas que darle: el documento lo subraya en varias ocasiones como para que nadie se equivoque: ella fue quien convocó a la Plataforma Unitaria Democrática a ese encuentro, ella liderará la «negociación política seria, firme y responsable con el régimen interino para restaurar la democracia en Venezuela» en su «rol de conductora del proceso democrático del país» y será ella quien designará al equipo que participe en ese proceso. Y también será Machado quien coordinará lo que bautizaron como un «Gran Acuerdo» que «proporcionará la base política y social para la gobernabilidad democrática, el crecimiento económico sostenido, la prosperidad compartida y el reencuentro nacional».
Convergencia, La Causa R, Copei-ODCA, AD en resistencia, Voluntad Popular, Primero Justicia, Encuentro Ciudadano, Proyecto Venezuela y lo que sea que represente la presencia en ese evento del exministro del chavismo Rodrigo Cabezas, dejan por sentado allí que las riendas del momento político están -y estarán- en manos de Machado. Algunos verán eso como una «sumisión», otros como una muestra de unidad.
La figura de Edmundo González en estos asuntos es cada vez más simbólica. El reclamo de su triunfo en julio de 2024 ya no existe o al menos no con la misma aspiración. Y si quedaban dudas, el propio González durante su intervención a distancia en el cónclave panameño, pidió hacer nuevas elecciones. Edmundo se quita los focos de encima y regresa al trabajo discreto, su ambiente natural de movimiento: la candidatura es de María Corina.
La disposición a negociar -el segundo punto- es algo que venía anunciando en un giro gradual de su discurso que pasó del tajante «tienen que irse» a plantear que hay que sentarse a conversar, pero esta vez con la participación del gobierno que hoy impone el plan general de acciones en Venezuela, lo que también llaman «tutelaje». Eso, hay que suponer, marcará una diferencia considerable frente a diálogos pasados en los que la buena voluntad de los mediadores terminó frustrada ante posiciones irreconciliables y un régimen que violó acuerdos sin pudor alguno y que aprovechó cualquier ocasión para imponer su fuerza.
Pero aquí llegan los peros. La mera existencia del Manifiesto de Panamá no implica que ya se esté encargando la decoración floral del evento en el que Delcy Rodríguez y María Corina Machado se sienten a dialogar. Y no sobra advertir esta obviedad. La propuesta contenida en el documento puede, eso sí, leerse como un doble emplazamiento a la Casa Blanca y a Miraflores.
Allá en Washington tendrán que entender que María Corina no se iba a quedar sentada esperando el día que Trump se desencante de su idilio petrolero, mientras los Rodríguez prolongan su estancia en el poder de forma indefinida. Tampoco es que esté obligado a responderle, pero al menos alguien del equipo de Marco Rubio tendría que incluirlo en agenda. Lo mismo en Miraflores, donde concebir un encuentro semejante es una herejía. No solo porque para ellos María Corina es una enemiga muy incómoda, sino porque el objetivo de ese proceso que propone es crear las condiciones para la transición a la democracia. Es decir, llegar a unas elecciones sin el ventajismo acostumbrado. Y ni al chavismo, ni al madurismo, ni al rodriguismo les gusta semejante cosa.
La propuesta está sobre la mesa y tiene respaldo. Y en ambos despachos deberían tomarla en serio, porque lo que viene después de eso es -casi seguro- la presencia de María Corina en Venezuela antes de que finalice el año para meterle más presión a la ruta.
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