Política

Jorge Rodríguez en dos actos: del conmigo no cuenten, al hagamos una hoja de ruta

Apenas cuatro días después de que negara cualquier diálogo político porque, según sus palabras, la prioridad es atender la crisis humanitaria post-terremotos, Jorge Rodríguez termina avalando un acercamiento con la oposición que también parece tutelado por Washington

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jorge rodríguez

El sábado 11 de julio, Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional y hermano de la presidenta encargada Delcy Rodríguez, compareció ante la prensa para dar un balance de la emergencia humanitaria provocada por el doble terremoto. Con tono firme y tajante, descartó de plano cualquier avance en la agenda política e institucional. El martes 14 de julio, el mismo Jorge Rodríguez y el gobierno interino anunciaron el inicio de negociaciones con sectores de la oposición vinculados a la Asamblea Nacional 2015-2020.

Este abrupto viraje ha sido interpretado como una rectificación forzada por presiones externas. Estados Unidos parece haber ejercido su tutelaje sobre el gobierno del también llamado “tercer chavismo”.

El sábado, Rodríguez fue explícito al rechazar cualquier discusión sobre la renovación del Consejo Nacional Electoral (CNE), el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) o un eventual cronograma electoral. Sus palabras textuales fueron: “No tenemos cabeza para estarnos preocupando sobre el TSJ ahorita, nos estamos preocupando es de personas que han sufrido lo indecible (…) Es un irrespeto, una grosería, es mentarles la madre estarse reuniendo entre políticos para estar decidiendo quién va para el CNE o quién va para el TSJ, no hay tiempo para eso”.

El video de esa intervención, difundido ampliamente, lleva por título “Conmigo no cuenten”. El Jorge Rodríguez del sábado, descartaba cualquier reunión política para designar autoridades electorales o judiciales, ya que -según él- era una falta de respeto grave a las víctimas.

Tras los dos terremotos del 24 de junio, Rodríguez argumentó que el país no tenía “cabeza” para otra cosa que no fuera la ayuda humanitaria. Sin embargo, tal como se reseñó en El Estímulo, una significativa parte de encuestados por la firma brasileña Atlas Intel tras los dos sismos, sí veían como una prioridad hacer cambios institucionales, incluso como condición para poder llevar adelante una efectiva respuesta oficial ante la emergencia humanitaria.

El martes 14 de julio, Jorge Rodríguez comunicó el inicio de negociaciones con sectores de la oposición para “fortalecer la democracia” y establecer una “hoja de ruta” con los miembros de la Asamblea Nacional electa en 2015-2020, cuya figura principal para estas tareas es Dinorah Figuera, ex presidenta del parlamento.

El contraste entre el sábado y el martes es imposible de ignorar. Lo que cuatro días antes era “un irrespeto” y “mentarles la madre” a las víctimas, ahora se presenta como un llamado a la unidad nacional en medio de la catástrofe. Analistas dentro y fuera de Venezuela leen el giro como una reactivación del diálogo político bajo presión de Estados Unidos.

El espaldarazo más visible llegó a través del secretario de Estado, Marco Rubio. El consultor político Luis Peche, precisó que apenas la Asamblea Nacional de 2015 anunció su agenda de reinstitucionalización política, desde la cuenta oficial del State, Rubio la retuiteó de inmediato, en un gesto interpretado como respaldo explícito a Dinorah Figuera como interlocutora válida con el chavismo.

Este movimiento se produce en un contexto ciertamente complejo en Venezuela. El gobierno interino de Delcy Rodríguez enfrenta simultáneamente la reconstrucción tras la tragedia sísmica y las presiones —internas y externas— para avanzar en un proceso de transición democrática.

El diálogo propuesto por las dos instancias, sin embargo, queda acotado a los sectores opositores vinculados a la AN de 2015 y parece excluir, de momento, a la principal dirigencia opositora que cuestiona la legitimidad del proceso electoral de 2024, léase María Corina Machado y Edmundo González. Ambos, por cierto, según el estudio de Atlas Intel hecho poco después de los terremotos, encabezan las preferencias de voto en caso de que ocurran elecciones en Venezuela.

La inconsistencia en el discurso del “tercer chavismo” no es menor y parece dejar en evidencia que Miraflores no tiene la última palabra. El sábado Jorge Rodríguez utilizó el dolor de miles de familias para blindar al poder de cualquier exigencia de renovación institucional. Argumentó que sentarse a discutir el CNE o el TSJ era una grosería y una falta de respeto a las víctimas. El martes, el mismo presidente del parlamento invoca la tragedia y la necesidad de “unidad nacional” para justificar precisamente lo que había descartado.

La crisis humanitaria es usada como pretexto: sirve para rechazar el diálogo cuando no conviene y para habilitarlo cuando las circunstancias (o las presiones) lo imponen.

El anuncio de las “dos” Asambleas Nacionales, si nos guiamos por la papelería ya que ambas presentan sus mensajes de forma institucional c on similar grafía, deja varias interrogantes abiertas. ¿Qué alcance real tendrá la “hoja de ruta” con la AN de 2015? ¿Incluirá eventualmente a otros actores opositores? ¿Qué rol jugará Estados Unidos más allá del espaldarazo inicial de Rubio? Y, sobre todo, ¿hasta dónde está dispuesto el gobierno interino a avanzar en reformas institucionales reales —renovación del CNE, del TSJ, cronograma electoral— o se trata de un movimiento táctico para ganar tiempo y legitimidad internacional mientras continúa la reconstrucción post terremotos?

Lo que sí queda claro es la velocidad con la que Jorge Rodríguez pasó de “conmigo no cuenten” a aceptar sentarse a la mesa.

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