"Trabajar y llorar": la realidad del Hospital Dr. José María Vargas tras el terremoto
La doctora Analayluz López trabajó su guardia el jueves 25 de junio, apenas horas después del doblete sísmico. Ella y sus colegas atendieron los peores casos de primera mano, mientras se preguntaban si sus compañeros habían sobrevivido a la tragedia
Frente a los bloques del 10 de marzo se encontraba Analayluz López, una anestesióloga que trabajó en el Hospital Dr. José María Vargas, en La Guaira, desde el jueves 25 de junio, solo horas después del doblete sísmico. Era su día libre, pero estaba frente a la plaza de la zona, en donde se refugian algunos damnificados, para ayudar a su familia que sufrió pérdidas tras la tragedia.
Analayluz cuenta que desde el sismo no ha podido conciliar el sueño y que la situación que se vivió en uno de los hospitales más grandes de la ciudad fue indescriptible.
«Eso era amputar la pierna de un niño y llorar, dando anestesia y llorando, las enfermeras agarrando vías y llorando. Lo que se vivió allí fue indescriptible», cuenta Analayluz López,
«No logro conciliar el sueño. Muchos niños amputados y la cantidad de heridos que nos llegó era sorprendente […]. Dar anestesia en ese contexto, recibir a tantas personas que llegaban con síndrome de aplastamiento y a quienes debíamos hacer amputaciones, fue muy fuerte», dice López.
A Analayluz le tocó presentarse a su guardia el jueves 25 de junio. Ella, su esposo y su hijo se encontraban en casa en el momento del terremoto. «A pesar de que mi casa no sufrió daños estructurales, sí tuve grietas. La pared que tenemos al frente se cayó, los edificios de al lado, de enfrente. La calle estaba muy congestionada».
Su casa salió, dentro de todo, ilesa. Pero otros no tuvieron la misma suerte.
«Tengo muchos colegas que se vieron afectados, pero llegaron a su otra casa, que era el hospital, y allí trabajaron todos esos días. No habían salido de allí teniendo pérdidas materiales y familiares en su totalidad».
Las labores de ese día no solo implicaron enfrentarse a la tragedia de frente, sino hacerlo sabiendo que la persona que siempre estaba a tu lado estaba atrapada en uno de los edificios colapsados o peor aún ya había fallecido.
«El personal de salud se vio bastante golpeado y, sin embargo, hemos estado allí. El hospital no se ha dejado solo a pesar de todas las pérdidas humanas que tuvimos, porque son muchísimos los colegas que perdimos. Sin embargo, hemos estado allí. Trabajamos y lloramos, esa es la realidad: trabajar y llorar un rato».
Foto: Daniel Hernández
Analayluz cuenta que, durante muchos días, tuvo miedo por su familia, que —al perder todo— se quedó en plazas, refugios o en los hogares de quienes no tuvieron pérdida total.
«El personal de salud sigue durmiendo junto, porque también tememos por nuestras vidas mientras estamos trabajando».
Analayluz reconoce que no estaban preparados para afrontar una tragedia como esta, para ser sinceros, nadie. Pero desde el jueves los hospitales comenzaron a llenarse de insumos. «Empezó a llegar ayuda de todos lados».
«El día miércoles agotamos los recursos, pero ya para el día jueves hubo más abastecimiento y los días posteriores también ha habido respuesta. Ha llegado ayuda tanto nacional como internacional, al menos en los centros de salud donde trabajo, que son los más grandes de La Guaira».
Seguir trabajando en medio del dolor
Los momentos más difíciles, cuenta la doctora, son llorar junto a los niños que no resistieron en cirugía o acompañar a los familiares que deben pasar a reconocer a su hijo, hija, padre o madre fallecido.
«Fue llorar toda mi guardia encima de niños que no eran míos, pero que sentí míos ese día. Con cada papá o mamá que pasó a reconocer a sus hijas o hijos».
A pesar de la carga que ha llevado estos días, Analayluz sigue yendo al hospital por vocación y compromiso. Es un momento duro el que está pasando al ver a familiares, conocidos y amistades afectadas, pero Analayluz asegura que en su corazón persevera el impulso de ayudar.
«Las veces que no estamos en el hospital, estamos ayudando, resolviendo lo de nuestros familiares, lo de nuestras propias casas. La comida, el agua, son muchos factores. Pero estamos allí. Sabemos que tenemos que estar en el hospital. Y en realidad esa ha sido la respuesta, esa es la intención».
Analayluz sigue trabajando en el hospital aunque afirma que, por los momentos, solo están atendiendo a los casos de emergencias. Los pacientes que necesiten cirugía los refieren a los hospitales caraqueños: Pérez Carreño, Domingo Luciani, entre otras instituciones de salud.
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Que desapareció, que apareció, que es un héroe, que es un malandro. Hermano, tenemos miles y miles de muertos, de heridos, toneladas de escombros por mover, gente a la que hay que alimentar y darle protección... ¿y tú vas a andar persiguiendo a "El topo" porque se viralizó?