Terremoto en Venezuela

Vivir el duelo a distancia: "Por favor, ¿puede reconocer estas manos?"

Durante seis días, Liz Marrero no pudo hacer nada más que llamar, esperar y prepararse para lo peor desde Los Ángeles. Su madre, hermana y cuñado fueron encontrados en los escombros del edificio Punta Piedra en Macuto. Ahora, a miles de kilómetros, está haciendo una campaña para no dejar desamparados a sus sobrinos

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“Sebastián, tu mamá y tu papá fallecieron”. A Liz le tocó darle la noticia a su sobrino por videollamada. Desde la distancia, escuchó sus gritos sin poder hacer nada que ayudara a consolarlo: 16 años, recién graduado de bachiller una semana antes del terremoto.

“Ese momento lo tengo tatuado en el fondo de mi alma. Lo vi desplomarse en el piso y gritar por su mamá”.

Liz Marrero conoce ese dolor que golpeó a Sebastián. Esa misma agonía la estaba sintiendo al no encontrar a su madre, Norellys Marrero, desaparecida desde la tarde del terremoto en La Guaira.

Reconocida bailarina venezolana, Liz Marrero reside desde casi una década en Estados Unidos. El 24 de junio comenzó para ella la angustiosa incertidumbre que terminó con la peor de las noticias: la muerte de su madre, su hermana y su cuñado.

“El proceso de espera para entender qué era lo que estaba pasando fue lo más difícil”, cuenta Liz.

Familia Brito

Un mensaje que lo cambió todo

“Amiga, hubo un terremoto bien feo en Venezuela, asegúrate de que tu familia esté bien”. Así se enteró de lo que había pasado en el país. Estaba viendo el juego de Brasil, y en el momento de la pausa de hidratación revisó el teléfono. Ese mensaje de su amigo fue el primer aviso.

Cayó en estado de shock inmediatamente. No sabía qué hacer ni cómo reaccionar. Sin embargo, tenía que salir del lugar en donde estaba para llegar a su trabajo a tiempo.

En el camino siguió buscando en redes qué era lo que había pasado.“Veo un video que salió en Instagram y vi el primer edificio derrumbado”.

Liz relata que se orilló a un lado de la carretera a seguir viendo los videos. “La gente no entendía mi urgencia. Yo les decía que hubo un terremoto en Venezuela, pero la gente no entendía que en el país no hay recursos, que la catástrofe era terrible”.

La mayoría de sus familiares vivían en La Guaira. Llamó a su mamá y a su hermana, no hubo respuesta. Luego trató con su cuñado, tampoco. Hasta que dio con sus tías y las noticias no eran alentadoras.

“Mi niña se me cayó la casa, se me cayó el carro, lo perdí todo”, dijo una de sus tías.

Logró llegar a su trabajo, su jefa le dio un par de pastillas para calmarla y la mandó a su casa.Al llegar ya había transcurrido algo de tiempo y todavía no habían noticias de su mamá, su hermana o sus sobrinos. En su celular había más de 100 mensajes y todos repetían la misma pregunta: ¿Sabes algo de tu mamá?

Liz intentó de todas las maneras posibles pero la contestadora sonaba una y otra vez, hasta que se acordó que tenía el localizador del teléfono. Allí se dio cuenta de que su madre estaba su edificio en Punta Piedra, en Macuto, justamente en el piso 2.

“En esas horas estaba en un estado de alerta total. Estaba desesperada, llegué al punto del desespero donde empecé a correr, a caminar, nadie sabía nada”.

Ya caía la tarde en Los Ángeles, donde está residenciada Liz, y sabía que eso significaba que en Venezuela se estaba haciendo de noche. Aún nadie sabía qué era lo que había pasado en su edificio ni cómo se encontraba su familia.

“Prima, el edificio se derrumbó por completo”

El teléfono de Liz repicó a medianoche, hora Los Ángeles: era su sobrino Sebastián, el mayor. En ese momento no logró establecer conexión, pero siguió llamando hasta que cayó, lo que vino después fue un grito de desesperación.

“Se ve que tiró el teléfono porque no aguantó y lo agarró otra persona. Me explicó que estaban en la fiesta de San Juan”.

Liz movió cielo y tierra para mandar un Yummy, buscar a su sobrino y llevarlo a un lugar seguro con algún familiar.En ese lapso, recibió otra noticia: el edificio en donde vivían su madre, hermana, cuñado y sobrinos, se había derrumbado.

“Sentí una puñalada en el centro del estómago profundamente, como si me clavaran algo y me saliera por la espalda. Me tiré al piso y grité, lloré, miré al cielo y dije ‘Dios, no entiendo por qué me estás haciendo pasar por esta angustia’».

Todavía Liz no tenía la confirmación sobre la muerte de sus familiares, pero cuenta que en ese momento sintió un escalofrío: el daño ya estaba hecho.

“A partir de ahí fue llorar, desahogarme, temblar, hacer yoga porque no podía dormir, hasta que apareciera la noticia de alguien. Yo estaba buscando cómo calmar la desesperación”.

Y llegó la primera confirmación en otra llamada: “No tengo buenas noticias. Acabamos de encontrar a tu cuñado (Roberto Brito), y no está con vida”. 

“Automáticamente ahí dije: ‘Lo más seguro es que mi hermana tampoco, porque ella siempre estaba con su esposo, y mi mamá siempre estaba con ellos porque cuidaba de los niños”.

Familia Marrero

El cuerpo de Liz no aguantaba una noticia más y solo tuvo fuerzas para acostarse a dormir.Sus amigos, que la estaban acompañando en ese proceso, temían que le pudiera dar un infarto.

“Encontraron a Samuel”

Su sobrino más pequeño, Samuel, de 12 años de edad, salió de los escombros. Un chamo desconocido que andaba de viaje por Chuspa con su novia, lo encontró en un restaurante llamado La Iguana, ubicado justo al frente del edificio de su familia.

“El chico monta a Samuel en las redes con el propósito de que su familia lo reconociera. Allí es cuando Samuel se hace viral y nos llega la noticia de que estaba vivo. Eso no fue la policía, ni un bombero, no era un militar, no era alguien de otro gobierno, es la gente, la gente encontró a Samuel”.

Encontrar a su sobrino Samuel fue el alivio que necesitaba. Liz se comunicó con su familia, buscaron al niño y lo llevaron a una clínica en Caracas. Samuel ganó recientemente el campeonato de la Liga Nacional de Béisbol Juvenil, representando a La Guaira,y ahora se recupera de tres fracturas -cráneo y dos de cervical- y de una parálisis facial por estrés postraumático.

Samuel Brito

Reconocer cuerpos a distancia

Pasaron dos días sin recibir noticias y Liz recibió una llamada: “Por favor, ¿puede reconocer estas manos?».

“Era mi hermana (Kairol Marrero). Los dos (mi cuñado y mi hermana) tenían las manos flexionadas, como si estuviesen empujando al niño (Samuel)”.

Liz no tiene certezas de lo que pasó en esas casi 12 horas que tardaron en recuperar a su sobrino Samuel, pero piensa que su cuñado y su hermana pudieron haber estado vivos después del colapso del edificio. Esa, sin embargo, es una información que solo tiene una persona: su sobrino Samuel.

“Él lo sabe. Obviamente en este momento la prioridad no es saber eso porque él está delicado de salud, pero estoy casi segura de que estaban cubriéndolo y en el momento en que se dieron cuenta que estaban atascados buscaron espacio para empujarlo, subirlo y salvarlo… Se sacrificaron por su hijo”.

Faltaba encontrar a su madre, Norellys Marrero, «la reina», como ella le llama. Una administradora de profesión con un sueño de ser arquitecta. Norellys luchó toda su vida por estabilizarse económicamente y darle la mejor vida a sus hijas.

Duelo
Norellys Marrero

“Por eso mi mamá para mí es un ejemplo a seguir. Me decía: ‘No importa de dónde vengas, no importa lo que tengas, lo importante es lo que puedes construir’”.

La madre de Liz vivió con ella tres años en Los Ángeles. La describe como una persona muy sabia, que siempre repetía los mismos consejos, ahora Liz entiende por qué lo hacía.

“Se estaba asegurando de que escuchara el mensaje antes de irse y de que yo tuviera las herramientas para poder salir adelante sin ella”.

Norellys fue encontrada en los escombros del edificio tres días después de que hallaran el cuerpo de su hija, la hermana de Liz. Cuenta que tenía unos hilos y una cinta métrica en la mano, la misma cinta con la que ayudaba a Liz a hacerse todos sus vestuarios de baile.

“Para el momento, ya estaba un poco más preparada mentalmente para recibir la noticia. Lo peor es que duramos mucho tiempo tratando de encontrarla».

“Viví una agonía emocional durante seis días. Ni si quiera sabía la fortaleza que yo tenía para afrontar la situación. Esto me probó por todos los lados».

Duelo
Liz, madre y hermana

Prepararse para asumir una prueba más

¿Cómo seguir la vida después de una noticia tan devastadora? Liz explica que es una historia que puede contar así, con fuerza, debido a sus sobrinos.

“¿Me voy a tirar a morir o a deprimirme, cuando los que están demostrando resiliencia son Samuel y Sebastián? Si ellos dos están firmes afrontando la situación, yo no creo que mi mamá hubiese querido que yo estuviese deprimida, tirada en una cama por tres meses. Eso no fue lo que ella me enseñó”.

Liz está clara en que tiene que asumir y asegurar el futuro de sus sobrinos, es lo que su mamá y su hermana hubiesen querido.

Para empezar organizó un Gofoundme para los muchachos. El objetivo es recaudar lo suficiente para que puedan costear los gastos de rehabilitación, medicinas, atención psiquiátrica, comida, ropa, educación y otras necesidades básicas. Hasta el momento han recaudado más de 60.000 dólares y la comunidad del baile en Estados Unidos ha organizado clases para recaudar fondos para sus sobrinos.

“No somos solamente nosotros, son muchas familias. Es una situacióncrítica donde no tenemos recursos para salir lo suficientemente rápido. […] Esos niños tienen toda una vida por delante”.

Vivir el duelo a miles de kilómetros

5.814 kilómetros separan a la ciudad de Los Ángeles y el estado La Guaira. Durante toda la espera que Liz tuvo que pasar para saber algo de su familia recordó lo que su mamá le decía constantemente: “No esperes a que alguien te explique algo, sácale la cuenta”.

En el momento en que supo que su cuñado ya no estaba, ella entendió que su hermana y mamá tampoco estarían. Se preparó para lo peor, porque ya esperar por la esperanza era muy difícil. Para Liz era mejor aceptarlo de una sola vez, arrancar la curita, destrozar su corazón de un solo golpe.

“Muy dentro de mi corazón tenía un huequito por donde atravesaba un poco de luz, esperanza si se quiere, pero ya mi cerebro como mecanismo de defensa simplemente dijo que había que aceptarlo”.

Terremoto
Familia Brito-Marrero

Una cosa del destino

El recuerdo de la mamá de Liz vivirá en la naturaleza, así se lo enseñó ella y justo así es como Liz planea recordarla.

“Ella me decía: ‘Yo te voy a enseñar cómo amar la vida a través de la naturaleza. Cuando yo no esté aquí y tu quieras hablar conmigo ve a la naturaleza’”.

A Liz le resulta irónico, pero a la vez una jugada del destino. A su madre se la llevó la misma naturaleza y además murió frente al mar, algo que deseaba.

“¿Con quién voy a estar brava? Nadie la mató, no fue un acto violento. Esto es el destino. Dios lo quiso así».

Liz y su familia en la primera comunión de su sobrino Sebastián

Los seis días que pasó Liz buscando a su familia fueron duros, pero dice que nada la destruyó más que la llamada entre la psiquiatra y su familia para decirle a Sebastián todo lo que había pasado.

“Yo tenía que ponerme una soldadura por dentro y cerrar los ojos y aguantar porque su misma agonía la sentía yo en lo más profundo de mi alma. Los dos perdimos a nuestra mamá al mismo tiempo”.

Ahora le toca un proceso de recuperación más profundo, tratar de darle las herramientas a sus sobrinos para que puedan salir adelante. 

“Eso es lo que estoy haciendo con esta campaña, asegurarme de que podré costear todas las cosas que necesitan. Lo mínimo que se merecen es un futuro lleno de colores, que puedan encontrar algún tipo de felicidad o motor que los impulse, porque mi mayor motor es mi familia, entonces ¿cómo se pueden sentir ellos que perdieron la suya?”.

Liz no solo quiere ayudar a sus sobrinos con este GoFoundMe, sino también al equipo de béisbol al que pertenecen. Su objetivo es volver a levantar ese grupo y crear una fundación en nombre de su hermana Kairol, la madre de los niños.

Por ahora, Sebastián está viviendo con uno de sus abuelos en Guatire, mientras Samuel se termina de recuperar en la clínica.

Hermanos Brito

Liz sabe que de ahora en adelante la tarea es titánica, pero lo hace con la convicción y el amor de que tiene que entregarle una base y un futuro más brillante que el de ella a esos dos niños que ahora se convirtieron en su principal motor de vida.

Nota al editor: Las imágenes de los niños, Samuel y Sebastián, se publican con el consentimiento de los representantes.

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