“Desde que Venezuela es Venezuela o desde que el territorio es territorio, siempre ha habido este tipo de eventos sísmicos. Siempre hemos sido un país sísmico, por algo tenemos las rocas más antiguas en el sur de Venezuela, que son las más estables”. Lo dice Luiraima Salazar, ingeniera geóloga y científica venezolana egresada de la Universidad Central de Venezuela (UCV), quien conversó con El Estímulo para aclarar dudas sobre la actividad sísmica actual del país.
Luiraima desde hace años ha sido voz sobre eventos sísmicos a través de sus redes sociales. Se ha dedicado a analizar de forma independiente la actividad sismológica de Venezuela desde Alemania. En sus publicaciones comparte reportes e interpretaciones, pero desde el 24 de junio su labor cobró aún más relevancia para los venezolanos.
Luraima tiene algo claro: la actividad reciente no representa un incremento anómalo, sino la expresión natural de un territorio tectónicamente activo.
—Es una percepción hasta mundial, pero científicamente no hay ninguna evidencia de que esté temblando más en Venezuela. Simplemente, esto corresponde a la tectónica normal de un país que está ubicado en la interacción de dos placas tectónicamente activas como son la placa Caribe y la placa Sudamericana.
Las placas que interactúan en Venezuela funcionan de esta manera: la placa Caribe se mueve aproximadamente 20 milímetros al año hacia el este y la placa Sudamericana hacia el oeste, entonces es normal que haya este tipo de sismos.
Además, este sismo es centenario, los períodos de recurrencia son bastante largos en Venezuela. El mínimo es de 60 años, y este que ocurrió el 24 de junio está asociado al sismo de 1812. Estamos hablando de 214 años de diferencia entre sismos de esta magnitud. El último (sismo) ocurrió en otro contexto tectónico, pero también estuvo asociado al movimiento de la placa Caribe con respecto a la Sudamericana, fue el de Cariaco en 1997 y, anterior a ese teníamos el de 1967. Entonces, digamos que es mucha la distancia que hay entre un sismo y otro, y quizás por eso la gente asume que es algo extraordinario, pero no, no lo es.
Si vemos las estadísticas sismológicas o de acumulación sísmica en el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), vamos a tener entre once y quince sismos de esta naturaleza al año, por lo que todavía estamos muy por debajo de esa estadística.
Lo que sí cambia es la percepción, porque obviamente la gente tiene mayor acceso a las redes sociales, y también estamos pasando por un proceso de hiperfoco, que nos invita de manera espontánea a buscar más información. Y por supuesto, mientras más buscas, más encuentras. Si antes no estabas acostumbrado porque sencillamente no conocías el subsuelo sobre el cual está construida nuestra vida, es bueno atender el tema porque el conocimiento puede salvar vidas.
—¿Somos un país sísmico? ¿Cuándo empezamos a tener conciencia sobre esto?
—Vamos a hablar de nuestra configuración sismo-estructural. Desde que Venezuela es Venezuela, o desde que el territorio es territorio, siempre ha habido este tipo de eventos sísmicos. Ya nos iríamos a la geología histórica, pero nuestra concepción fue a partir de la actividad sísmica entre dos placas tectónicas: la placa Caribe y la placa Sudamericana, por eso al norte la actividad tectónica es mucho más potente porque estamos en una zona de interacción entre dos placas que se están moviendo siempre.
Por algo tenemos las rocas más antiguas en el sur de Venezuela que son las más estables, lo que pasa es que debido a que no ha habido una distribución de esos movimientos, se formaron grandes fallas en el norte del país y hacia la región andina. Esto hace que el país sea mucho más potente sísmicamente hablando.
Tenemos fallas distribuidas a lo largo y ancho del país, podemos dividir Venezuela no por la cantidad de fallas que nosotros podamos contabilizar, sino por dominios tectónicos. Eso creo que es un punto importante que nosotros como venezolanos, debemos empezar a entender, a Venezuela tenemos que comprenderla como un mapa mental que incluya todos estos sistemas de fallas.
—Cómo se divide el sistema de fallas de Venezuela?
—Iremos por dominios, en la parte de la región andina se extiende hasta la parte central del país un dominio activo en donde la falla principal es la falla de Boconó, pero no podemos ver a Boconó solamente como una gran extensión de falla o como una zona de fractura larga que se extiende desde Colombia hasta el Golfo Triste en la zona de Morón, sino como una falla que tiene además varios segmentos.
Según algunos autores, la zona se divide en cinco tramos y cada uno tiene un poder sismogénico importante. El que se activó en el sismo del 24 de junio, que fue el primer sismo procursor, se generó en el bloque «Block E» de la falla de Boconó, y ese mismo sismo tuvo su anterior en 1812, es decir, este segmento estuvo 214 años acumulando energía.
Luego hacia occidente, está el bloque Maracaibo con la Gran Falla Oca-Acón, que también tiene un poder sismogénico sumamente importante donde intervienen otro tipo de fallas que están vinculadas con esta zona occidental y que van hasta la parte de Perijá, haciendo que esta zona también tenga una sismicidad importante. El norte de Falcón también tiene sismicidad importante.
A medida que nos vamos hacia el oriente del país, tenemos en la zona centro norte costera la famosa falla de San Sebastián con una orientación este-oeste, y que además solo una pequeña parte aflora en terreno, lo demás está bajo el mar. Por eso también ha sido complicado hacer estudios paleosísmicos en esta zona, pero espero que ahora se intenten hacer unos nuevos para estudiar mucho más esta falla.
Paralela a la falla de San Sebastián, al sur de la cordillera de la costa, tenemos una falla muy importante que es la Falla de La Victoria, que conecta en Caracas con la Falla del Ávila Takawa. Estos sistemas de fallas deben ser estudiados con mayor profundidad, sobre todo la Falla de La Victoria, en la que faltan estudios paleosísmicos por profundizar.
Siguiendo hacia el oriente, tenemos la Gran Falla de El Pilar, que es una tectónica cortical —que significa que no tiene profundidades tan importantes—. Sin embargo, aquí intervienen varios contextos tectónicos relevantes, porque hacia la zona de Paria-Trinidad tenemos una zona de transición hacia el Arco de Isla de las Antillas, que es una zona de subducción, aquí cambia de un movimiento paralelo a que la Placa Sudamericana se introduzca debajo de la Placa del Caribe, marcando procesos de sismicidad sumamente importantes hacia el oriente del país.
Y además de esto, hacia la parte suroriental también tenemos zonas importantes, como la Cuenca de Maturín y la Serranía del Interior, donde hay corrimientos, y allí otra falla muy activa es la Falla de Urica, que reporta de vez en cuando algún tipo de sismicidad, pero desde hace mucho tiempo no ocurre ningún tipo de evento de gran importancia.
Desde el punto de vista sísmico, el conocimiento salva vidas, y por eso yo creo que es tan importante que la gente se apropie de este conocimiento para que pueda autocuidarse hasta donde la medida lo implique.
—Luego de conocer el sistema de fallas que tenemos en Venezuela, ¿es seguro vivir aquí?
—Es una pregunta muy compleja porque Venezuela es tectónicamente súpercompleja, y como ingeniera que soy, no te voy a decir: «Es peligroso, múdate a este otro sitio».
Yo creo que uno de los retos de la ingeniería actualmente no es mudar a la gente, sino construir de la manera adecuada, en sitios que sean seguros para el desarrollo de la vida. No solamente en Venezuela, sino también en toda Sudamérica, el 80% de la población vive en zonas tectónicamente activas a lo largo de la cordillera andina.
La cuestión no es que nos vamos a mudar hacia una zona, sino saber construir bajo estas condiciones de tectónica activa y además conocer los suelos en los cuales también construimos, porque las ondas sísmicas viajan de manera distinta entre un suelo blando a un macizo rocoso, eso lo pudimos ver en las consecuencias que tuvimos en este sismo del 24 de junio. Las zonas que estuvieron construidas de manera adecuada en zonas estables o digamos en rocas más consolidadas, pudieron sostenerse y soportar este sismo.
Entonces no es que nos vamos a mudar, porque eso implicaría un cambio sociocultural, implicaría también inversiones económicas y le cambiaría el modo de vida a muchas personas.
Hay que saber dónde construir a través de los estudios de microzonificación sísmica. Hay que aplicar nuevas normas sismorresistentes a las nuevas construcciones que se puedan hacer y además de esto. Hay que hacerlo de manera eficiente: no se deben construir edificios de 50 pisos en una zona donde hay sedimentos blandos no consolidados, con espesores de 400 o 500 metros. Allí ese tipo de viviendas o edificaciones no son posibles a menos que se adapte esa construcción a ese terreno, es decir, que tengas un proceso de estabilización del terreno y además de eso, los debidos sostenimientos a través de pilotajes profundos hasta roca intacta para tú poder elevar cualquier edificación de este tipo.
—Hablemos de algunas consecuencias del 24 de junio, lo que ocurrió ¿podría provocar un flujo torrencial actualmente?
—Son movimientos distintos, los movimientos de masas se generan por sobresaturación de agua en zonas de debilidad. El sismo solamente lo que puede generar son zonas de debilidad en esas laderas escarpadas, pero el trabajo de deslizamiento lo hace el agua.
En el caso de La Guaira hemos observado luego del sismo algunas zonas de debilidad en las laderas de ese frente de montaña que es El Ávila y hay que estar monitoreando, porque además estamos en un proceso de lluvias torrenciales, estamos pasando por El Niño y toda esta cuestión climática que, en la medida que el clima se hace mucho más cálido, tienden a incrementarse estas lluvias torrenciales que además aportan más cantidad en milímetros cuando llueve.
En este aspecto, nosotros tenemos que monitorear de manera permanente todas esas zonas de debilidad a lo largo de toda esta costa enlongada y mapear zonas potenciales de fallas o de debilidades. Debemos monitorear siempre con imágenes satelitales e ir estudiando la evolución de esas zonas de falla. Esto no implica que vaya a ocurrir mañana o pasado, pero estamos en procesos de lluvias que pueden potenciar este riesgo en la región.
Yo soy una convencida de que la ciencia salva vidas, y después de la tragedia del 24 de junio, nos obligó a revisar mucha bibliografía que desgraciadamente se mantiene cerrada en algunos sitios. Sin embargo, Funvisis tiene una gran cantidad de información accesible, está disponible al público, todo lo que es la parte de fallas, está allí muy bien documentado, con trabajos anteriores, años de estudios de los científicos que trabajan acá o que trabajaron aquí.
Tratar de que la ciudadanía se apropie de este conocimiento que está a disposición porque está publicado y además pueden ser traducidos a un lenguaje que la ciudadanía puede entender con facilidad.
Y bueno, aprender de toda esta experiencia, es autocuidarnos también. No solamente con las medidas preventivas iniciales de «agáchate, agárrate y cúbrete», que es una de las cosas que más se ha promovido, pero muchas veces eso tampoco te puede ayudar mucho si el edificio donde estás no aguanta los 5 segundos de norma para poder escapar. Mi invitación es a eso, a que nos apropiemos de ese conocimiento los que estamos en esta área, tratar de informar a la población con un lenguaje adecuado y entendible para todos.