Las 10 mejores películas del 2024
El 2024 cinematográfico ha sido una combinación entre cine de autor y un renovado énfasis en el comercial. ¿Se puede hacer un top 10 de películas del año? Claro que sí. Y esta es nuestra propuesta

El 2024 cinematográfico ha sido una combinación entre cine de autor y un renovado énfasis en el comercial. ¿Se puede hacer un top 10 de películas del año? Claro que sí. Y esta es nuestra propuesta

Para definir el año cinematográfico 2024 hay que remontarse, por necesidad, a los últimos cinco años. Eso debido a todos los obstáculos que el cine debió atravesar, en la que ya se considera una de sus épocas más complicadas y duras. Del parón obligatorio que ocasionó la pandemia a la huelga de guionistas, pasando por una crisis de ideas y planteamientos, la industria de las películas tuvo que abrazar el cambio y tomar algunas decisiones para sobrevivir.
El cine pudo encontrar, de nuevo, un punto de equilibrio. De las grandes producciones destinadas a romper récords de taquilla, a historias intimistas que profundizan en la condición humana a través de la belleza, el 2024 mostró un crecimiento evidente en sus proyectos y premisas. Por lo que la lista de las diez mejores películas del año es una mezcla entre relatos profundos y complejos, con otros destinados a hacer, reír y cantar. A la vez, reflexiones de la naturaleza del mundo actual, las implicaciones de las nuevas sensibilidades y hasta una perspectiva sobre el futuro.
Denis Villeneuve tomó la obra seminal de Frank Herbert y la convirtió en una lujosa visión acerca del poder, la política y el mal, con un apartado visual que sorprendió por llevar la ciencia ficción a elegantes paisajes desérticos y ciudades imposibles.
La segunda parte de la saga “Dune” — destinada a convertirse en trilogía — sorprendió por su ambición y por la decisión de su director de explorar en sus personajes desde ángulos poco comunes, lo que transformó a la cinta en una experiencia convincente sobre la codicia, el totalitarismo y el fanatismo religioso.
Esta historia de amor trágica y pesimista desafía las expectativas al negarse a ser solo un melodrama. De hecho, lo mejor de esta película del director Sean Baker es su capacidad para combinar humor, una honesta visión sobre el sufrimiento, la desigualdad y el deseo, en un cuidado equilibrio que se hace más interesante a medida que avanza la trama.

Como la pequeña joya que es, “Anora” tiene dimensiones brillantes y otras oscuras y angustiosas. Lo que permite que la cinta se parezca más a un experimento afortunado de autor.
Esta visión durísima sobre la violencia estética es una combinación de terror y moraleja cínica que resulta deslumbrante por su osadía. La directora Coralie Fargeat logra crear en esta obra imperfecta, inspirada y poderosa, un mundo en el que la apariencia lo es todo. Y en el que la belleza es un deseo irrealizable que puede costar la vida.
Que es precisamente lo que descubrirá Elizabeth (una inmensa Demi Moore), cuando la industria del entretenimiento la deseche. Mordaz, repugnante y, en sus mejores momentos, sutilmente aleccionadora, “La sustancia” se enfrenta a los estereotipos y demuestra su lado más vil en un final tenebroso para la historia del body horror.
Esta adaptación de la saga infantil de Peter Brown es sorprendente en su pureza, buen corazón y profundidad. La historia de un androide que termina por convertirse en la madre de un ganso huérfano, puede parecer tópica. Y lo es, en sus momentos menos inspirados y más cercanos al entretenimiento puro.
Pero cuando la película dedica tiempo e interés a reflexionar sobre el ciclo de la vida, el amor y la libertad, se vuelve una pequeña épica sensible que hará llorar al más duro. Una demostración — otra más — del valor del cine animado en la actualidad.
Este drama histórico de Brady Corbet, tiene todo para ser una de las mejores películas del año. La historia de un arquitecto sobreviviente al Holocausto Nazi es poderosa, muy poco complaciente con la tentación del melodrama y profunda, al narrar el trauma generacional y colectivo.
Pero también es una celebración a la capacidad del hombre para crear su propia realidad, reflexionar sobre ella y llevar el espíritu del triunfo a una nueva dimensión. Con actuaciones de premio y un apartado visual nítido y bien construido, es de las grandes apuestas del año a otro tipo de cine, más allá del espectáculo en salas.
Alex Garland tomó la premisa de un conflicto armado en una Norteamérica futura para analizar, desde un punto de vista novedoso sobre la fragilidad de las democracias actuales y lo cerca que cualquier cultura se encuentra de la violencia descarnada y directa.
Lo que hace del escenario de la cinta una distopía más cercana a la profecía autocumplida de lo que podría desearse. Con actuaciones extraordinarias — atención a Kirsten Dunst — es una de las propuestas más elaboradas e intelectualmente más valiosas del año.
Oz Perkins tomó la historia de un asesino en serie para reflexionar acerca del mal primigenio y logró una rareza visual que desafía todas las expectativas y atraviesa un paisaje crepuscular tenebroso, en el que la necesidad de creer y la atención al horror sugerido se vuelven parte esencial de la trama.
El argumento sorprende por evitar caminos sencillos para mezclar lo sobrenatural con lo sangriento. Lo que brinda a la cinta la oportunidad de ser un thriller de terror atípico con tintes de pesadilla estilista. Magnífica como una nueva mirada al terror.
Robert Eggers convirtió al clásico de 1922 en un relato sobre el deseo, con un subtexto erótico que asombra por su delicadeza y densidad. El clásico vampiro emerge del argumento como una criatura aciaga, atemporal y audaz, dispuesta a cruzar la vida y la muerte a partir de la magia.

Eggers, conocido por su perspectiva cinematográfica eminentemente pictórica, encuentra en “Nosferatu” su punto más alto y también la muestra más lograda de su talento para la puesta en escena. Una joya destinada a formar parte de las grandes colecciones del cine de terror.
Edward Berger dirige esta exploración del poder religioso, más interesado en la profundidad política de su historia, que en sus ribetes sobre la fe y otras virtudes teologales. El resultado es una exploración acerca de la Iglesia como símbolo de manipulación e intereses ajenos.
Todo a través del Cardenal Lawrence (Ralph Fiennes, de premio), el decano del colegio cardenalicio que atraviesa una crisis de fe en el peor momento posible. Una estilizada intriga política que basa su efectividad en un guion elegante y una puesta en escena sofisticada.
La adaptación del histórico musical de Broadway es mucho más que un musical. Que lo es y uno de los mejores de los últimos años en la pantalla grande, pero también se trata de una historia sensible acerca de la exclusión, la soledad y la discriminación.
Todo, contado a través de una escala extraordinaria y varios de los números musicales más espléndidos de los últimos años. Ideal para los amantes tanto de la obra sobre las tablas como del libro de Gregory Maguire en el que se basan ambas cosas.