“Compañera perfecta”, de Drew Hancock, es una extraña mezcla de terror y comedia que indaga en la naturaleza del amor, el control y el miedo. Su premisa acerca del uso — y abuso — de la inteligencia artificial se convierte en un punto de vista incómodo acerca de las relaciones, la búsqueda de ser deseado y hasta de la frustración romántica
En “Compañera perfecta” (2025) Iris (Sophie Thatcher) es la novia ideal. Y lo es en el sentido más conservador y arcaico del término. Además de amar de manera devota y total a su novio Josh (Jack Quaid), se somete a sus exigencias, restricciones y límites.
Por lo que el director y guionista Drew Hancock reflexiona sobre la naturaleza de la relación de ambos con cierto sentido burlón acerca de la necesidad de complacer. Después de todo, ella parece necesitar la atención desmedida, controladora y agresiva de Josh para comprenderse a sí misma. Y está dispuesta a soportar una relación violenta con tal de ser amada.
Pero Iris no es un ser humano, sino una sofisticada muñeca sexual. Josh tampoco es su novio, es su usuario. El juego de roles y extrañas percepciones acerca del deseo y el amor en el que “Compañera perfecta” profundiza es intrigante en la manera en que reconstruye el habitual tópico de la sumisión.
Durante buena parte del primer tramo de la película es complicado separar el hecho de las órdenes de Josh como propietario de Iris, de las de un hombre que presiona en medio de una relación abusiva. La analogía, a la que la película volverá una y otra vez, es lo suficientemente interesante como para expresar una idea a la trastienda: el precio del deseo cumplido es la deshumanización.
Puede parecer un concepto abstracto — lo es — pero el argumento lo maneja desde una sátira oscurísima que se vuelve progresivamente más incómoda. Iris debe — y quiere — complacer todo lo que Josh le pide. Eso, a pesar de sus directrices de programación, que él hackea para lograr que le obedezca incluso contradiciéndose a sí misma.
Paso a paso, la trama profundiza en la posibilidad de que Iris sea solo un instrumento tecnológico que en manos de Josh se convierte en un arma sofisticada bajo su completo dominio. Hasta que deja de estarlo.
La maldición del deseocumplido
Buena parte del éxito en la propuesta de “Compañera perfecta” es subvertir la habitual idea acerca de los peligros de la inteligencia artificial y los robots. De “M3GAN” (2022), en la que la tecnológica villana titular se hace cada vez más peligrosa a medida que toma conciencia de sí misma, a Alice (“Subservience”), en la que la amenaza ocurre cuando Alice (Megan Fox) decide tomar el control. Lo cierto es que el cine parece obsesionado con la idea del desperfecto, la ruptura de los parámetros y la amenaza del mal funcionamiento.
Solo que Iris está haciendo justamente lo que se le indica, incluso cuando su uso se pervierte para convertirla en un tipo complejo de armamento.
El argumento de “Compañera perfecta” está muy consciente de que la tecnología depende del uso que reciba, por lo que basa buena parte de su conflicto en la sensación urgente de que cualquiera puede ser el detonante de un tipo de horror muy relacionado con la responsabilidad individual. Algo que hace de Josh, tanto un criminal mezquino como un villano que no parece tener una consciencia total de lo que Iris puede hacer.
Sophie Thatcher es Iris, en «Compañera perfecta»
No obstante, la película alcanza sus mejores momentos cuando Iris se aleja de la idea corriente del robot como entidad carente de matices, para reflexionar acerca de la tecnología que responde al entorno. El hecho de que esta inteligencia artificial aprenda de los errores de su usuario para escapar de su control y materializar su voluntad, resulta desconcertante. Pero mucho más, es una astuta manera de reflexionar acerca de los límites éticos y cuáles son los espacios que las herramientas tecnológicas pueden simplemente subvertir su función principal.
Gradualmente, Iris se volverá más compleja y más peligrosa. En particular, cuando comprenda que su experiencia como herramienta — y objeto del deseo — es solo una capa de todo lo que le permite su sofisticada capacidad para aprender del mundo humano. Eso, mientras se vuelve una exquisita villana, una especie de rarísima versión del mal contemporáneo, a mitad de camino entre la amable Alexa y un asesino en serie.
¿Razonamos?
“Compañera perfecta” quizás sea la primera película de terror tecnológico de los últimos años que no intenta sermonear o ser moralista con respecto a la inteligencia artificial y sus peligros. Atrás quedó la visión pesimista y angustiada de “Terminator” o las versiones más filosóficas de Stanley Kubrick y Ridley Scott. En el mundo de la cinta, la tecnología es parte integral de la sociedad y la cultura, así que el debate sobre lo idóneo de su uso parece haber sido superado y convertido en algo más turbio.
Por lo que cuando la cinta apunta a la pregunta imprescindible acerca de qué hace a un ser humano serlo, la respuesta no es tan sencilla como un origen natural. De hecho, la cuestión de la separación entre la máquina capaz de razonar y el hombre en todo su raciocinio, se plantea desde el error.
La máquina — Iris — toma autoconciencia y se hace autónoma a medida que es capaz de asumir sus equivocaciones y puntos bajos. Al contrario del ser humano, que solo parece ignorarlos. Una óptica subversiva que la película lleva a sus últimas consecuencias en un final hábil, burlón y temible, en el que deja claro que la estupidez humana es la única característica que seguramente ningún robot llegue a imitar jamás.
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