Cinemanía

“Digger”, una sátira salvaje sobre la estupidez humana

No es sencilla de digerir y se le acusa de pretenciosa, moralmente ridícula y hasta de insoportable. Pero en realidad, ”Digger” de Alejandro González Iñárritu es audaz y brillante en varias formas distintas. Un monstruo narrativo al que vale la pena darle la oportunidad

digger
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“Digger” de Alejandro González Iñárritu tiene un problema que podría parecer curioso de no ser porque resulta alarmante. Es una cinta que desafía la actual tendencia del cine a ser sobreexplicado, masticado y esencialmente, resultar sencillo. La cinta tiene un par de giros radicales que harán que la mayoría se pregunte qué es en realidad lo que está viendo. O qué tan cruel puede llegar a ser esta visión acerca de un mundo destrozado por los errores de los poderosos.

“Digger” es también una reflexión acerca de la forma en que nuestra cultura comprende sus propios dolores y la violencia de una sociedad que se fragmenta en arrogancia.

Si al hipotético lector lo anterior le parece pretencioso, es porque lo es. Y en realidad, buena parte de “Digger” tiene el capricho de ser trascendente. Alejandro González Iñárritu no lo disimula y lo deja claro desde el principio. Lo que veremos a continuación es un mensaje a gran escala sobre el poder, la arrogancia de las élites y la violencia irremediable de la incapacidad del hombre para proteger su entorno. El director, además, está decidido a decir esto de la forma más exagerada y pomposa posible. Y parte del éxito de “Digger” pasa porque esa ambición tiene un motivo y tiene un objetivo, aunque a primera vista, no lo parezca. 

La película empieza poniendo algunas cosas claras: esto va de un magnate petrolero obeso, envejecido, ridículo y teatral que parece haber escapado de una pesadilla capitalista con presupuesto ilimitado. Digger Rockwell (Tom Cruise) vive rodeado de lujo, asesores, funcionarios y tecnología, pero dedica parte de su tiempo a cuidar a un gato enfermo, una imagen doméstica que resulta casi más perturbadora que cualquier espectáculo apocalíptico. La contradicción define a la película desde el principio. Este hombre controla cantidades absurdas de dinero y posee una influencia política capaz de abrirle las puertas de la Casa Blanca.

Pero también tiene las inseguridades de alguien que necesita demostrar constantemente que sigue siendo el centro del universo. Cruise utiliza el maquillaje, el cuerpo y una colección de gestos desagradables para construir una criatura que podría haber sido una simple caricatura. Pero Iñárritu decide complicarla un poco y usando su sentido exagerado del drama (vamos, esto ya lo sabíamos), crea un animal cinematográfico desagradable y pesaroso que se vuelve cada vez más oscuro.

Por eso Digger funciona mejor cuando abandona la tentación de convertirse en una sátira convencional sobre un millonario haciendo ecos de millonarios. En realidad, es cómo la metaverdad asume la consecuencia del mundo y la forma en cómo entendemos el pasado, el presente y el futuro. Una combinación incómoda que la película muestra con un guion que, si bien no es tan bueno como podría ser, sí es lo suficientemente impactante para dejarte boquiabierto en más de una oportunidad.

El poder en “Digger” 

Por supuesto, la película quiere levantar polémica y lo hace de la manera sencilla explorando la fascinación social por quienes acumulan riqueza hasta convertirla en autoridad moral. O lo que es lo mismo, los insoportables Elon Musk del mundo, que la película parodia con una crueldad tenebrosa que hará saltar a los tecnobro amantes del paladín de Tesla. En especial, porque el retrato de Digger es intencionalmente retorcido: este hombre insoportable y decadente está acostumbrado a que sus empleados solucionen los problemas, sus científicos interpreten los datos y sus políticos obedezcan.

Cuando una consecuencia de sus propios negocios amenaza con transformarse en una crisis planetaria, su primera reacción consiste en preguntarse qué puede hacer para controlar el relato y no en cómo solucionar el dilema o asegurar al mundo para evitar su destrucción.

En realidad, el viejo y campirano Digger solo tiene interés en cómo quiere que se sepa en el futuro qué fue lo que pasó. La película encuentra entonces su combustible más corrosivo, porque es de hecho, la realidad triste y retorcida de nuestra época. ¿Está muy masticada para la audiencia? ¿Tiene ínfulas de proclama política? Sí y sí. Pero lo que se agradece en “Digger” es que esa obviedad discursiva tiene un motivo y uno que termina golpeando como un bofetón.

Por lo que el desastre ambiental importa, desde luego, pero también importa quién consigue apropiarse de él y sacar rédito, ventaja y un mensaje a futuro. De hecho, el bombástico y siempre vanidoso Iñárritu utiliza la catástrofe como escenario para hablar de una enfermedad mucho más antigua que cualquier emergencia climática: la convicción de que tener recursos equivale a tener razón, y lo hace retorciendo el rizo sobre la capacidad del poder financiero para imponerse en todo lo demás.

Más interesante todavía: Cruise comprende perfectamente el juego y somete su catadura de superestrella radiante para burlarse de todo y de todos. Su interpretación es exagerada, física y por momentos grotesca, pero debajo del espectáculo aparece un actor disfrutando de una libertad que las franquicias rara vez le conceden. Pero además, reflexiona en la idea inquietante de que el mal tiene un sentido absurdo, que todo en nuestra experiencia contemporánea es una mala y ridícula puesta en escena. 

Lo mejor es que “Digger” no solo no disimula su carácter de ópera fallida, lo convierte en su principal giro y su punto más interesante. Porque cuando todo parece dicho en esta debacle total, la cinta da un giro tan completo que al público despistado (o que esté mirando el teléfono) le tomará minutos entender. Un cambio que entonces traslada a “Digger” del debate del millonario papanatas al futuro destruido, el horror de la irresponsabilidad masiva y, al final, el dolor de la destrucción de lo que conocemos como nuestro mundo.

¿Es excesivo semejante mensaje para una película mainstream? Es probable que sí lo sea, pero será difícil que otra producción se tome la molestia tan radical de invitarte a pensar en la estupidez humana con tanta audacia.

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