Moda

Mete la coba como Kim: epifanía en un probador de SKIMS

¿Qué es lo que vende Kim Kardashian? Lo ha intentado varias veces en el campo comercial y tal parece que con SKIMS finalmente lo logró. ¿Por qué? Lo descubrimos en su tienda en Nueva York

kim kardashian
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Si hay algo por lo que pagaría el 99% de las mujeres es por unas buenas curvas. No hay ninguna evidencia o estudio científico que respalde esta afirmación, pero el mercadeo y las ventas de SKIMS sugieren que por ahí va la cosa. Ahora, de algo sí estoy segura: las mujeres pagamos por sentirnos divinas.

Pero este no es un texto sobre autoestima femenino, más bien sobre cómo la visita a la flagship store de SKIMS, la marca de fajas y ropa interior de Kim Kardashian, me dejó muy claro que lo que sea que uno vaya a vender debe estar atado a la marca personal que llevas cosechando hace rato, de cómo el retail puede aspirar a ser arte y que la sensualidad sigue siendo y será uno de los mejores negocios.

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¿Listos? Comencemos por la marca

SKIMS, un juego entre “piel” en inglés y el nombre de Kim, es la marca más reciente de la celebridad. Sí, porque lo ha intentado bastante. Desde boutiques de ropa que terminaron cerrando (DASH Boutique), hasta aplicaciones de emojis y tarjetas prepago que fueron retiradas del mercado. Sin embargo, con SKIMS, lanzada en 2019, Kim logró consolidar una propuesta sólida, inclusiva y comercialmente exitosa.

Lo que comenzó como una alternativa moderna a las fajas tradicionales, sosas y aburridas, esas que nos hacían sentir malísimo por tener que usarlas, se convirtió en una empresa valorada en más de 4 mil millones de dólares y que es una verdadera potencia en la industria de la moda. De esas que venden productos que no nos avergüenzan, más bien que nos hacen sentir que compartimos un secretito con la Kim. Pero ¿qué cambió esta vez? ¿Por qué sí lo logro con SKIMS?

Para mí, al fin Kim logró que le compraran lo que siempre había vendido. Su marca personal va más allá de un perfume, maquillaje o incluso una tarjeta de crédito. Su marca personal es su cuerpo. Y el deseo de las personas de estar en su piel.

SKIMS comenzó sus ventas en un e-commerce. Lo único que se veía y conocía del fit del producto era por videos que subían personas en redes sociales. No había manera de medirte el producto, es decir, la audiencia compraba confiando en lo que veía en las pantallas, en como se le veía a Kim y a otras compradoras. Y su público confiaba tanto en que Kardashian sabe lo que es poner «cada cosa en su lugar» que los estilos se agotaban a horas de ser lanzados.

Cinco años después, la marca abrió su primera tienda física en la quinta avenida en New York. Y sí, es un culto al cuerpo (al de Kim). Aquí te damos un paseo por el lugar.

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SKIMS en la Quinta Avenida de NY

Una fachada clásica, estilo parisina y una estatua desnuda tipo grecoromana de al menos un metro te reciben. Cuando entras cambia el estilo, por afuera es clásica, por adentro moderna.

Paredes blancas: el foco son los cuerpos. No lo olviden. Parece un museo, toda la atmósfera es blanca pero está muy claro que en la pared hay obras de arte. Maniquís de todas las tonalidades de piel, desde el más claro al más oscuro. Te da paz, también placer. No sientes que el producto sean las fajas o los sostenes, te están vendiendo otra cosa.

Por ahí leí que decían que «es la tienda que te hará querer estar desnuda».

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Tiene un estilo futurista, monocromático. Son cuatro pisos, puedes ir por escaleras o por ascensor. En el primero está la ropa interior, sostenes y pantys. En el segundo, las fajas o shapewears de todo tipo. En el tercero los básicos, t-shirts, monos, etcétera. Y en el cuarto, la ropa de hombre. Esto pudiera variar según la temporada pero es la base.

Las vendedoras visten ropa ancha, básica, color gris. Todas igual. Hablan por micrófonos y auriculares, se secretean cosas, se siente ese aire laboral del «El diablo viste a la moda». Están de pie, miran para todos lados, dan órdenes, pero no las veo ayudando a los clientes. La gente está vuelta loca. En serio. Agarran todo, intentan disimular porque el ambiente no es el de un mercado y hay silencio, pero lo ves en sus caras: estas mujeres están desesperadas por ver todo el producto, medirse, llevarse algo.

¿Ya lo dije? Me siento en una película futurística.

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La tienda es una extensión de Kim, no necesitas ver su foto allí para entenderlo. El lugar es sensual, se ve sensual, se siente sensual. Te hace pensar incluso en qué es la sensualidad. ¿Son las texturas? ¿Es la piel? ¿Son los colores? Hasta las escaleras tienen curvas.

Todo bien pensado, todo bien comunicado.

La obra de arte

Vale la pena decir que la forma como está exhibido el producto es bastante artística. De nuevo, hay una composición entre los maniquís y el producto que te vende algo más allá de un sostén. Lo más curioso es que el producto es muy parecido, todo tiene los mismos colores y digamos que patrones similares.

Las fajas y ropa interior que prometen ser «solución para cada cuerpo» atraen. No lo niego pero son básicos, colores neutros. No sé qué tantas veces vas a comprar lo mismo. Suele haber solo una cápsula en la tienda que rompe con los colores tipo piel, por ejemplo, la de San Valentín, toda roja, o la de verano, azul, pero sigue siendo un catálogo muy monocromático.

Los sostenes van desde 68 dólares, los bodys desde 74 y las fajas ya pasan de 100 dólares. Ahora ¿vale la pena? La fila de la caja grita que sí. Vamos a probarlo.

Hice este ejercicio: agarré lo que me gustaba sin ver precios. Me dije: «solo si lo amo con locura y me hace el cuerpazo que promete, paso la tarjeta. Si hay una sola parte de mi que duda, no lo haré».

Tomé dos bodys, uno negro y otro marrón. También unos sostenes. La propuesta del famoso sostén con pezón me coqueteó, a mi y a las de al lado, las vi pidiéndolo. Pero no era la primera pieza que tendría de Kim, así que fui por otras. Anoté mi nombre en el probador y esperé a que me llamaran.

Entré al probador como quien hace una apuesta consigo misma: qué problema si me gusta demasiado esto, pensé.

Me lo medí. Acepto que me puse dura: «no se lo voy a poner fácil a la Kim». «Uy, esto está apretado», «berro cómo entra esto…» «¿Es mi talla?».

Aquí va mi veredicto:

Los sostenes no hicieron nada por mí, incluso el de extra-relleno fue muy falso. Era una masa extraña en mi pecho. Creo que es más del target de las que se metían papel en el sostén cuando estaban en bachillerato. No pasó la prueba.

Los que no tenían relleno no fueron extraordinarios. No sentí que hicieran algo diferente. Pudo ser el tema de las tallas, no es tan fácil encontrar la exacta, muchas están agotadas.

En cuanto al body, tuve una revelación: todo se trata de la ropa que usas, si eliges la piezas correctas eres una bomba. Admito que no sé cómo entré allí, pero cuando lo hice, era otra persona. Los hombros, el pecho, las lolas, la cintura, todo encontró su lugar en el mundo.

Sí, eso era lo que quería sentir, que estaba divina. Me sentí Kim. Ya entendí todo. Pasé la tarjeta.

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