Cinemanía

“La posesión de la momia”: esto sí es terror del bueno

“La posesión de la momia” es una extraña mezcla entre horror corporal, miedo a la muerte y las escenas más espeluznantes que el cine de terror a llevado a la gran pantalla en años. Una combinación a la que le cuesta funcionar siempre pero cuando lo hace, dejará sin aliento y también satisfechos a los amantes del terror más gráfico, violento y desagradable

la posesión de la momia
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“La posesión de la momia”, del director Lee Cronin, comienza con un prólogo corto que plantea el mundo en que se moverá. Uno en que las tradiciones de la muerte egipcias no son simplemente mitología fúnebre, sino una retorcida puerta al más allá.

Pero además, plantea de inmediato lo que será la esencia de la película en adelante: no hay espacios para sutilezas en esta historia depravada, oscura y que es la más explícita en su body horror en años, incluso por encima de la muy aclamada pero curiosamente conservadora “La sustancia” de Coralie Fargeat.

En realidad, Lee Cronin, que viene de la escuela de la saga “Evil Dead”, construye una visión del horror que está basada en el cuerpo destruido, demonizado y violentado. Y lo hace a través de la posesión, no como el control de un ente invasivo, que lo es, sino una corrupción total y perpetuamente horrorosa. Por lo que esta versión de la momia quiere ser brutal, independiente de cualquier continuidad previa y completamente peculiar, y aunque lo consigue a medias, lo mejor de “La posesión de la momia” es su capacidad para horrorizar desde la sensación que apela a temores primitivos, siniestros y tan depravados que ya es una osadía que la película los explore en la pantalla grande.

Por lo que el guion, que también escribe el director, apela al imaginario de la momia pero solo en toda su relación con la muerte, lo corrosivo de la pérdida y el luto como puerta hacia un universo de horrores. De modo que la historia comienza con una secuencia efectiva que muestra el escenario del duelo y el dolor de la muerte (tan sobreexplotado en las últimas décadas en diferentes películas de terror) desde la condición de un misterio que resolver en medio de la promesa de una pesadilla.

Miedo a gran escala

La trama muestra a una familia egipcia que lleva a cabo un trayecto cotidiano y a través del cual expone lo que ocurre en esta tierra siniestra y convertida en una cápsula de lo sobrenatural. Uno de los aciertos de Cronin es explorar en el universo que plantea a través de los símbolos del Egipto milenario convertidos en amenaza. Por lo que la creación del mundo es intercalar la sensación inmediata de que el terror será agónico, algo de la tierra, la piel corrompida y la putrefacción.

Si algo se agradece de la película, es el hecho de que toma la decisión brillante de no ponerse límites al momento de explorar en la complejidad del miedo de la tanatofobia. Así que el tema principal del argumento no es un monstruo clásico, sino lo que representa. Mucho más, la forma como la experiencia de lo que nos hace temer a la muerte, se entremezcla con un terror emparentado con el duelo, la angustia existencial y una serie de escenas espantosas y gráficas que incomodarán al público más sensible. En particular, cuando se explica el contexto, el foco del argumento cambia.

Todo, para seguir a Charlie (Jack Reynor), periodista y a Larissa (Laia Costa), su pareja embarazada, que se encuentran en Egipto con sus hijos Katie (Emily Mitchell) y Sebastian (Dean Allen Williams). Pronto y en medio de una escena que provoca escalofríos, Katie desaparece envuelta en viento y polvo. Pero lo más tétrico, es la forma en que el argumento utiliza ese punto pivotal, para enlazar con lo que ya había narrado. De modo que la muerte (el anuncio de una tragedia mayor, más peligrosa y latente) se convierte en el subtexto que la historia utiliza para moldear su terrorífica atmósfera.

Todo para el terror

Podría decirse que “La posesión de la momia” son dos películas en una, unidas por un hecho atroz. La primera parte, muestra todo lo relacionado con la desaparición de Katie y también, qué es lo que ocurre en una familia cuando un hecho semejante impacta directamente en lo doméstico. Pero cuando, años después, Katie vuelve, la película cambia de tono y de sentido, porque Katie no regresa por un rescate milagroso o algo semejante, sino por momento turbio que sacude toda la sustancia de la película desde su base.

La Katie que regresa es algo que se parece a ella. Ahora interpretada por Natalie Grace, su presencia es inquietante desde el primer plano. Rescatada de una tumba en la que al parecer sobrevivió por ocho años sin que nadie sepa cómo, la aparente sobreviviente se vuelve algo terrorífico. Oportunidad que Lee Cronin aprovecha entonces para desplegar todo su arsenal visual y transformar a la cinta con una escalada de violencia que no se detiene y en la que no falta nada.

Ojos arrancados, dientes destrozados, cuerpos que se rompen de formas creativas: la película encuentra su identidad en ese exceso gráfico y lo explota sin vergüenza. “La posesión de la momia” tiene sus mejores momentos cuando el horror se transforma en una experiencia inmersiva que utiliza todo tipo de recursos. Lo que incluye desde dípticos en pantalla a lo Brian De Palma, hasta varias de las secuencias más espeluznantes de terror corporal vistas en pantalla recientemente.

“La posesión de la momia” se aparta por completo de la posibilidad del revival para convertirse en algo más transtornado y enfermizo. También, para entablar un violento diálogo con la idea que el temor vive no solo en lo que nos produce escalofríos, sino directamente asco, repulsión y hasta una reacción física al asco. La película no siempre funciona (mantener semejante ritmo lleva esfuerzo), pero cuando lo hace es de una truculenta belleza que pasará a la historia del terror por su exceso. Un regalo para fanáticos del horror puro.

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