Venezuela

Pender de un hilo por ser preso político

Ni las alarmas de defensores de los Derechos Humanos ni las denuncias internacionales bastan para que el Estado mire a sus presos con compasión. Venezolanos padecen y perecen tras las rejas, en condiciones paupérrimas y sin atención médica pertinente. El pensar distinto, incluso encarcelado, puede costar la vida, como la pagó el concejal Carlos Andrés García

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Negligencia. Oswaldo Graffe no le encuentra otro calificativo. Es lo que puede avizorar durante las visitas de fines de semana en la cárcel de Ramo Verde, cuando acude a visitar a su hijo, Carlos Graffe, dirigente de Voluntad Popular (VP) detenido el 13 de julio de este año. Es un preso político desde el momento en que lo secuestraron en una camioneta, al salir de una consulta oftalmológica, en Valencia, estado Carabobo, y lo detienen por supuestamente portar material explosivo. Ve cómo su palidez se acentúa y cómo su costado izquierdo es cada vez más vulnerable al tacto. Carlos tiene comprometido el riñón izquierdo, por la escasa atención médica que recibe en el centro de reclusión militar.

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