Venezuela

"Vivir entre escombros": lo que quedó después de la explosión en La Boyera

Vecinos de La Boyera, en el este de Caracas, relatan cómo vivieron el ataque militar del 3 de enero que dejó casas destruidas, montañas de vidrios y un impacto emocional que persiste

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La Boyera

A la 1 de la madrugada, Arturo Berti leía noticias en su iPad. La noche era tranquila, silenciosa. Pero 50 minutos después, las cosas cambiaron cuando una de las primeras bombas del ataque de las fuerzas militares de Estados Unidos cayó en el este de Caracas, en la urbanización La Boyera.

“Fue peor que un terremoto”, dicen los vecinos con los que habló el equipo de El Estímulo en su recorrido dos días después del ataque que, en este caso, tenía como objetivo las antenas de telecomunicaciones de El Volcán.

La urbanización La Boyera, en el municipio El Hatillo, fue una de las zonas civiles más afectadas por los bombardeos del 3 de enero.

Una de las casas afectadas en la urbanización La Boyera

Hoy, 5 de enero, los vecinos todavía recogen los vidrios de las ventanas que quedaron esparcidos dentro y alrededor de sus casas, algunas con daños materiales pequeños y otras con pérdidas significativas.

Arturo Berti, de 73 años de edad, es el dueño de una de las casas con más daños, en la que vive desde hace más de 50 años con su esposa Antonieta.

“Se movió la casa, se movió la cama, se movió el cuarto. Sentí que estallaron los vidrios y cuando veo tenía toda la cama y mi cuerpo lleno de vidrios”, cuenta Berti.

Arturo explica que, luego de la primera explosión, que sucedió detrás de su casa, escuchó la segunda y la tercera, que ocurrieron en la montaña de El Volcán, a unos seis kilómetros de distancia de la urbanización.

“Uno no esperaba que fuera aquí. Uno esperaba que fuera en operativos militares. Como civil no ibas a esperar que fuera en tu casa. Aquí, evidentemente, lo pelaron, pero no sé por qué razón”.

Arturo hace un recorrido por la casa recordando cómo fueron los acontecimientos: esa madrugada esperaron al menos media hora antes de salir a tratar de entender qué había pasado.

“Uno siempre piensa que las cosas no le van a pasar a uno. Y lo malo de todo esto es que el impacto te queda de por vida”, dice Arturo.

Por los momentos, mientras logran hacer las reparaciones necesarias, él y Antonieta hicieron maletas y se mudaron con su hija: “No se puede vivir ahí”.

La Boyera
El señor Arturo frente a su vivienda

La contención de una vecindad

A partir de la primera explosión, que generó una onda expansiva que impactó varias casas de la calle, los vecinos se pusieron en alerta. Muchos pensaron inicialmente que había explotado una bombona de gas en la urbanización.

Sin embargo, un mensaje de uno de los vecinos más afectados fue crucial para entender que estaban ante algo más complejo. Y peligroso.

De allí en adelante, comenzaron a actuar para resguardar a los adultos mayores y a quienes resultaron más perjudicados.

Arturo confirma que sus vecinos lo ayudaron con palas, escobas y otras herramientas. Solo bastó una frase: “Venimos a ayudar”.

La Boyera
El ventanal principal de la casa de la familia Berti

Ana Contreras, quien tiene aproximadamente 40 años viviendo en la urbanización, contó que las últimas cuatro casas de la calle sufrieron pérdidas significativas.

“El susto que pasamos fue bastante fuerte. Yo sentí que tembló y salí corriendo porque sentí una explosión. Cuando subí, todas mis escaleras estaban llenas de vidrios. Cuando salí a la calle había dos señoras a las que les dio una crisis de nervios. Gritaban mucho. Yo fui a mi casa por medicinas y las ayudé a calmarse”, dice Ana mientras recorre la calle que ha sido su hogar durante tanto tiempo.

Han pasado dos días desde la explosión y todavía los vecinos recogen los escombros y destrozos que dejó la onda expansiva. La mayoría ya tiene sus casas despejadas por dentro. En la salida se evidencia lo que dejó la madrugada del 3 de enero: montañas de vidrios que esperan ser retiradas por las autoridades competentes.

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Escombros por recoger de la urbanización

Según los vecinos, la alcaldía de El Hatillo ha enviado ayuda para retirar los escombros que dejó la bomba. Durante el recorrido, El Estímulo constató la presencia de funcionarios de la gobernación de Miranda ofreciendo apoyo e indicando que pronto llegarán inspectores para revisar los daños causados.

“Me cuesta conciliar el sueño”

Algunos vecinos en La Boyera comentan que se sienten intranquilos por las noches. “Yo todavía estoy nerviosa. Cuando escucho un sonido fuerte, me exalto. Nos cuesta dormir porque tú no sabes lo que va a ocurrir, si va a pasar otra situación similar o no. Es muy confuso todo”, dice Mónica Cabrera, una docente de 42 años de edad que comparte casa con sus dos padres.

Esto no ha sido fácil: “A veces siento miedo, angustia, ganas de llorar, de salir corriendo, pero me contengo para ser el bastón de mis papás”, cuenta Mónica, quien afirma que el día de la explosión su papá tuvo una crisis porque no entendía qué había pasado con la casa que construyó junto a su familia.

“Mis papás se casaron aquí. Nosotros nacimos aquí y nos criamos aquí”, dice.

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Mónica y su padre viendo las consecuencias de la bomba en su casa

El sonido de una bomba de ese calibre puede quedar marcado en el recuerdo de cualquier persona durante años, en especial en los niños y los animales. Joan Rodrígues y Mariana Osorio, también vecinos de la zona, cuentan cómo están afrontando la situación con sus dos hijos y su mascota.

“Parecía como un trueno que no terminaba. Escuché los gritos y salí a la calle. Allí una vecina nos dijo que su hija vio un destello morado. Fue entonces cuando me di cuenta de que era una bomba”, dice Joan.

Joan explica que su familia sigue en un estado de alerta. Su hija de 7 años “entró en crisis” esa noche y preguntaba incansablemente cuándo iban a parar las explosiones. Luego que pasó todo, los dos niños quedaron en shock, impresionados por lo que vivieron.

“Ahora están más calmados, pero cuando escuchan un ruido salen corriendo”, dice.

Joan y Mariana también cuentan que su gato, que vive constantemente en el patio de la casa, presenta algunas secuelas después de lo sucedido: “Fue un problema sacarlo de donde estaba escondido, un lío meterlo en la casa”.

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La mascota de Joan y Mariana

¿Y ahora qué?

Esa es la pregunta que todavía ronda la cabeza de muchos vecinos en La Boyera.

“Estamos en eso. Ahorita estamos en la fase de superación del impacto. Además, estamos en los primeros días del año y todo está un poco paralizado”, dice Mónica.

Arturo confiesa que aún no ha sacado cuentas de cuánto tendrá que invertir en la reparación de su casa.

«Sé que eso es un dineral. Vamos a evaluarlo a ver cuánto cuesta”, explica.

Otros ya han comenzado a buscar soluciones para recuperar —así sea una parte— de lo que fue su casa antes de la explosión.

Juan Imery, nieto de Elena Berti Cupello, de 78 años de edad, una de las afectadas en la urbanización, comenzó un GoFundMe para recuperar la casa de su abuela.

«Durante un enfrentamiento militar en Caracas, una explosión ocurrió en el patio trasero de su casa, a solo 10 metros de la base de la estructura y 25 metros de la ventana de su sala. Por razones que aún no logramos comprender, Elena sobrevivió, pero su hogar no. La casa en la que vivió durante más de 50 años sufrió graves daños: todas las ventanas fueron destruidas, los muebles quedaron inutilizados y tanto la vivienda principal como el anexo quedaron inhabitables», dice la campaña.

Según cuenta la descripción del GoFundMe, Elena alquilaba una de las habitaciones de su casa para poder subsistir, ahora ese ingreso es nulo y ni ella ni su familia cuentan con los recursos necesarios para reconstruir lo que ellos describen como su «refugio».

Las donaciones, al 5 de enero, se acercan al 87% de su meta que son $45.000.

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Casa de Elena Berti, una de las afectadas por los misiles del 3 de octubre. Foto: GoFundMe.

Algo iba a pasar

Mónica Cabrera, junto con otros vecinos de la calle, habla sobre la incertidumbre constante de lo que iba a pasar en Venezuela. Pero nunca imaginaron que formarían parte de las cifras de afectados por los bombardeos.

«Yo sí pensé que El Volcán podía ser uno de los blancos porque allí queda un comando, pero nunca nos imaginamos que nosotros estaríamos dentro de los objetivos«.

A pesar de eso, Mónica no pierde la esperanza de que algo cambiará en el país. Sus vecinos agradecen que —para la magnitud de la situación— están vivos, porque por unos centímetros la historia para ellos pudo haber sido otra.

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