“El final de la calle Oak”: de regreso a los 80 con una aventura de dinosaurios
“El final de la calle Oak” tiene la premisa más loca del verano de blockbusters que llega a su recta final: una familia convencional queda atrapada frente a criaturas prehistóricas. Y por sorprendente que parezca, la película funciona y recuerda lo mejor del cine de aventuras
“El final de la calle Oak” tiene claro su origen. Se trata de buen cine de aventuras y ciencia ficción, llevado a cierto terreno tenebroso y de humor negro que sorprende. Esta singularísima cinta dirigida por David Robert Mitchell, apuesta por una idea considerablemente más pequeña que el tamaño de sus peligrosas criaturas: una familia corriente atrapada en un vecindario corriente que, de pronto, deja de pertenecer a su época. Peor aún, que deberá enfrentar una sucesión de peligros cada vez más extravagantes, mientras navegan en la infelicidad conyugal y en los problemas de convivencia con un grupo de vecinos.
Si la premisa te parece disparatada, es porque lo es.
El guion apuesta a tomar toda esa sensación de desorden caótico y envolverla en ciencia ficción que notoriamente está inspirada en el cine de Steven Spielberg. Y lo está porque combina con éxito la noción sobre algo extraordinario (y este caso, peligroso) ocurriendo en medio de un suburbio como cualquier otro, con un rasgo más oscuro. Por lo que, más allá de la idea de un cuento fantástico contado a través de una familia típica, está un peligro que se vuelve cada vez más complicado y extravagante.
Buenos actores y una idea demencial
Anne Hathaway y Ewan McGregor encabezan un reparto construido alrededor de una pregunta bastante sencilla: ¿qué ocurre cuando una crisis extraordinaria cae sobre personas que ya estaban intentando sobrevivir a sus propios problemas?
El planteamiento parece diseñado para el misterio. Lo cual tiene una ventaja: Mitchell no necesita explicar todo inmediatamente para mantener la atención. Por lo que su historia (el director también escribe el guion) entiende que la idea de un dinosaurio cruzando a la carrera una calle concurrida funciona mejor cuando todavía no se sabe exactamente desde dónde va a aparecer.
El recurso es clásico, incluso deliberadamente clásico. Y si estás pensando en “Jurassic Park: El mundo perdido”, estás en lo correcto. “El final de la calle Oak” tiene mucho de esa percepción sobre el peligro primitivo, enfrentado por completo a la civilización. Mucho más: que la naturaleza puede volverse un enemigo a temer.
Hay algo casi provocador en presentar una aventura de ciencia ficción alrededor de una calle residencial, como si alguien hubiera metido una película de monstruos dentro de una caja suburbana. También, hubiera decidido agitarla hasta que todas las paredes comenzaran a temblar. Esa escala doméstica termina siendo una de sus mejores decisiones en la cinta. Al mismo tiempo, la forma de entender esa conexión de “El final de la calle Oak” con el cine que celebra la sensación de portento.
¿Problemas normales en la calle Oak?
Como buena película envuelta en el aura de Spielberg, la cinta comienza estableciendo que sus personajes tienen la vida más corriente imaginable. Los Platt viven en Oak Street, una comunidad aparentemente tranquila. También, son una familia que atraviesa sus propios conflictos, como es de suponer, mucho más normales que matar a balazos a un dinosaurio. Denise (Hathaway) pasa por una crisis matrimonial que se vuelve más difícil de ignorar porque ha comenzado a escribir una novela en secreto, utilizando la literatura como espacio para poner en palabras una frustración que no consigue expresar dentro de su propia casa.
Por otro lado, Greg (McGregor), parece atrapado en una rutina laboral que le exige cada vez más tiempo y energía. Su comportamiento tiene algo de hombre que ha aprendido a confundir responsabilidad con inmovilidad.
La situación también afecta a sus hijos. Brian (Christian Convery) está entrando en una etapa de la vida donde cada conversación con sus padres parece tener potencial para convertirse en una discusión, mientras Audrey (Maisy Stella) mira hacia Cornell como una posibilidad de independencia que amenaza con quedar fuera del alcance económico de la familia.
Entonces sucede lo imposible. Un fenómeno inexplicable altera la realidad y transporta Oak Street hacia un pasado dominado por criaturas prehistóricas. El vecindario deja de ser escenario y se convierte en una trampa. Los habitantes desaparecen, los dinosaurios recorren espacios cotidianos y la familia debe aprender a moverse dentro de un territorio cuya lógica ya no comprende. Mitchell utiliza esa transformación para desplazar gradualmente el centro de la película.
El conflicto matrimonial sigue ahí, las preocupaciones económicas continúan existiendo y los hijos mantienen sus problemas adolescentes, pero ahora todo adquiere una urgencia física. Una discusión familiar puede esperar cuando hay un depredador detrás de la puerta. La supervivencia tiene la desagradable costumbre de modificar las prioridades.
Ese contraste permite que la película combine dos registros sin abandonar completamente ninguno: el drama de una familia que se está desarmando y la aventura de personas obligadas a reconstruirse mientras intentan no convertirse en comida.
Mitchell demuestra que conoce muy bien la tradición cinematográfica en la que está trabajando. “El final de la calle Oak” mira hacia una época en la que la ciencia ficción podía comenzar en un lugar reconocible y cotidiano antes de abrir una grieta hacia lo extraordinario. El vecindario es, de hecho,una cápsula narrativa: casas, jardines, calles y vecinos adquieren una nueva función cuando la realidad cambia de reglas.
La referencia al cine de Amblin resulta evidente, especialmente en la forma en que una comunidad aparentemente inocente se transforma en territorio de aventura. También existe una energía cercana a Joe Dante que cualquier fanático reconocerá, sobre todo cuando el peligro convive con situaciones absurdas y el humor surge de la incomodidad. Pero en realidad, “El final de la calle Oak” tiene bien claro su centro: la posibilidad de que la gente común deba convertirse en protagonista sin saber cómo ni cuándo.
Denise no tiene entrenamiento militar, Greg tampoco parece especialmente preparado para enfrentarse a fauna mesozoica y sus hijos están bastante más interesados en sus propias vidas que en aprender técnicas de supervivencia. Pero al final, todos son héroes. Corrientes, spielberianos y tremendamente entrañables. El corazón de esta atípica película, que la convierte en el éxito del verano que no sabías que necesitabas para sonreír y divertirte.
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