Venezuela

"Échense para atrás que llegó María Corina": la fiesta que finalmente se dio

Nadie los llamó, pero se lanzaron a la calle para esperarla. La celebración por María Corina Machado, que se postergó por muchos meses, se logró con un objetivo en la mente: que sea ella a quien puedan votar próximamente

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A María Corina Machado la estaban esperando. La gente confió. Nadie sabía cuándo, cómo, ni dónde, pero cuando pasó, cuando llegó el «Estoy aquí. Con ustedes», estalló la euforia. Supongo que eso es lo que pasa cuando la alegría se mantiene en resguardo mucho tiempo. Toda la tensión reprimida se transformó en gritos, en el estruendo de las vuvucelas multicolor y las cornetas, en una danza sobre gandolas, buses, y camiones de plátanos y verduras en medio de la autopista Valle-Coche.

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Pasajeros de autobús bailando y saludando a los ciudadanos que recibieron a María Corina Machado. Foto: María José Dugarte.

—¿Por qué está usted aquí?

—Porque vine a recibir la esperanza.

Lo decía una mujer mayor. Un chamo que llegó con su moto. También Oscar González, un jardinero que se quedó mirando a distancia la concentración junto a su hijo, un niño de 10 años, después de buscar -sin suerte- a quién cortarle el césped.

Oscar González y su hijo. Recorrieron la concentración las primeras horas después de intentar trabajar. Foto: María José Dugarte.

—Tengo 26 años llevando coñazo con este gobierno que trajo todo lo malo. Me emociona ver a mi país así. Tengo un sueño: ver a mi país salir de abajo. Sin régimen. Yo creo que esta es la oportunidad que tenemos. Pensaba que era imposible.

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Foto Daniel Hernández

En enero de este año, ni Oscar ni nadie habría podido pronunciar esas palabras. Nadie habría podido decir que por ahí venía la Nobel. Que ya había pasado Carabobo, que en Aragua la multitud la ovacionó e intentó abrazarla. El tómame la foto que estoy contento de un conductor que bajó el vidrio y tocó corneta al ritmo de la multitud. El qué bolas que se paró a la altura de la alcabala 3 de Fuerte Tiuna y no le hicieron nada. Que se echaran para atrás, que se calmaran porque sino no llegaba.

Lo que pasó en Lara, Yaracuy, Carabobo, Aragua, Miranda y Distrito Capital la tarde-noche del 25 de octubre muestra lo que ocurre cuando la espontaneidad de la gente resurge, la timidez se disipa y el miedo se espanta. No hay caras ocultas detrás de bufandas ni máscaras. Y hasta el hecho de que pase cerca un policía o un militar ya no significa más que una autoridad en tránsito y no la amenaza que genera esa reacción de querer huir.

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Niño ve a los ciudadanos desde el carro. Foto: María José Dugarte.

Al menos en colectivo; al menos por ocho horas que fue, más o menos, lo que duró esa espera.

—Esto se siente como celebrar el Clásico Mundial. Siento que se me va a salir el corazón—dijo una mujer en la autopista cuando le llegó un mensaje de que venía por Tazón.

Hay muchas palabras que la gente pronunció en esas largas horas de espera y exposición al humo de los carros y gandolas: felicidad. Fe. Compromiso. Libertad. Cambio. Agradecimiento. Democracia. Y una frase que se volvió un coro: «Coño, queremos elecciones». Quien estuvo, las leyó en pancartas. Las escuchó. Y hasta las bailó al ritmo del tambor, de la salsa, del vallenato de una camioneta con sound system que no la pasó tan mal en la cola porque el motivo detrás de la alegría le interpelaba.

—¡Mira, mira! ¡Párate! ¿Por dónde viene?—le dijo una mujer a un motorizado que logró filtrarse entre los carros.

—¡Por el puente! ¡Por el puente! ¡Échense para atrás que ahí viene María Corina!—respondió.

A las 11:30 de la mañana, María Corina anunció que estaba en Venezuela. A las 10:19 de la noche, los fuegos artificiales avisaron que había entrado a Caracas: con la gente que no llamó, pero llegó para hacerle saber que después de la clandestinidad y el exilio, ellos también estaban allí. Para ella.

María Corina apenas pudo decir un gracias sin gritar. Alzó las manos para saludar. Sonrió grandote y hasta parecía que quería llorar. Se montó una camisa para exigir la libertad de los presos políticos y detrás de ella arrancó una estela de motorizados y flashes de celulares a lo que daban.

María Corina llega al punto de encuentro de Caracas, en la autopista Valle-Coche. Foto: Daniel Hernández

Que juzgue quien tenga que juzgar, pero este alboroto se trató más de una sociedad necesitada de celebrar lo arrebatado que de la mujer Nobel de la Paz 2025. Ella lo impulsó, pero quienes se agolparon sobre el puente San Pedro y Los Ilustres, desde los edificios, estaban allí para mostrar que aún hay miles exigiendo algo: el derecho de estar mejor. El derecho a expresar todo lo que se ocultó, sobre todo después del 28 de julio de 2024, con tanta premura.

Vecinos de la parroquia San Pedro se asoman a ver la caravana de Machado. Foto: María José Dugarte.

Lo que viene no está escrito. Nadie lo sabe, pero la gente está presta a hacer aún más explícito el hecho de que ya eligieron a alguien que los representa. Lo de anoche fue solo el preámbulo, la bienvenida.

Ciudadanos desde el puente San Pedro. Foto: María José Dugarte.

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