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Bono demográfico: Venezuela pierde su última oportunidad

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Desde hace casi una década el país atraviesa un bono demográfico, determinado porque la mayoría de la población está en edad económicamente activa. Pero si el grueso de la población se enfrenta a precarias condiciones de vida y a la violencia del segundo país con más asesinatos del mundo, mientras no pocos deciden marcharse a otros mercados, pudiéramos perder la última oportunidad de salir del subdesarrollo

Venezuela vive y come del petróleo. Tal dependencia limita grandemente el desarrollo económico de la nación. Pero tal vulnerabilidad económica, signada por los vaivenes del mercado internacional, no es la única alarma para los años por venir. Desde hace casi una década, según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), Venezuela “disfruta” de un bono demográfico, un fenómeno determinado porque la mayoría de los habitantes de un país está en edad productiva. Lo curioso del asunto, es que solo ocurre una vez en la historia de una nación. Ciertas circunstancias confabularon para que la tierra criolla tuviera un segundo “boom”, mucho más valioso y productivo, el del capital humano. La mala noticia es que se está desaprovechando.

La Población Económicamente Activa (PEA) comprende las edades entre 15 y 59 años, su período de mayor capacidad de generación de riqueza, según dicta el Fondo de Población de Naciones Unidas. Estimaciones del INE sobre los resultados del Censo 2011, indican que el 66% de los 30 millones de habitantes estimados se ubica entre 15 y 64 años, edad laboralmente activa para el Estado venezolano. Se trata de un proceso de transición demográfica, donde la pirámide poblacional va mutando, perdiendo tal condición, y por tanto reduciendo la cantidad de menores de 15 años y el índice de natalidad.

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Venezuela madura. La frase “este es un país joven”, tan manida por la demagogia de siempre, va quedando vetusta, muy poco a poco. Se pudiera decir, en todo caso, que el país es adolescente. “Ya la población no tiene mayoría de niños, y eso es muy importante para la vida de un país porque significa que las personas entre 14 y 34 años son las que más trabajan y en las que menos tiene que invertir el Estado en educación y salud. Por eso se dice que baja la dependencia”, puntualiza Mabel Mundó, investigadora del Área de Desarrollo Cultural y Educativo del Centro de Estudios del Desarrollo (Cendes), de la Universidad Central de Venezuela, UCV.

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En términos llanos: más gente para trabajar pudiera generar más riqueza, mano de obra calificada y ahorros nacionales para cuando el bono demográfico termine, alrededor de 2050 en el caso venezolano –según el INE-, y toda esa cantidad de gente pase a ser tercera edad y, por tanto, más dependiente y necesitada de servicios de salud y seguridad social. Sin embargo, estamos a las puertas de vivir otra oportunidad perdida.

Por el camino que vamos, “el peligro inminente es que vamos a tener una población en edad de trabajar muy empobrecida y sin capacitación ni oportunidades de inserción; y además un creciente volumen de personas que requerirá atención que no podrá recibir por la falta de servicios institucionalizados”, refiere Genni Zúñiga, socióloga e investigadora del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). Si el presente luce complicado, el futuro es color petróleo.

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Entre colas y Maiquetía

No solamente es necesario cuidar la formación, la capacidad de tener una mejor mano de obra. Sino también cuidar el empleo productivo, tener políticas laborales eficientes, pensadas en producir más y mejor riqueza, con estructuras de empleo que involucre escalas de ascensos. Además, es necesario ver el cuadro completo. “Hay que verlo como una panorámica y no dejar el foco solamente en la población activa. La infantil disminuye y la tercera y cuarta edad van en aumento. ¿Qué estamos haciendo para ellos? A esa tercera edad solamente se le está otorgando pensiones y reconocimiento, pero no se le garantizan servicios, inserción ni educación de adultos. Cuando transitamos procesos demográficos se afectan todos los grupos poblacionales, por lo tanto la atención tiene que ser a todo nivel”, explica Mundó para quien el problema es más complejo a como lo ven los teóricos del desarrollo como crecimiento, “que solo ven cómo aprovechar a la juventud y a la población más productiva”. A su juicio, el INE ha asumido esa visión “equivocada” y “simplista”.

La falta de estadísticas es un problema más. “No sabemos qué está pasando”, dice la investigadora del CENDES. No existen cifras oficiales que confirmen cuántos se han ido para no volver, aunque se asume que quienes deciden fotografiar sus pies sobre el Cruz-Diez de Maiquetía como modo de despedida suelen ser jóvenes profesionales, de los más capacitados y mejor formados “e incluso con una inversión del Estado venezolano a cuestas. Se invirtió en algo que no vamos a aprovechar como país”, apunta Zúñiga desde la UCAB. “Estamos frente a una población que forma parte del bono pero se fue. Estamos reforzando los ejércitos laborales de otros países”, afirma la ucevista Mundó.

“En los estudios académicos se toma a quienes se contabilizan en censos de otros países, pero eso solo registra a quienes están legales. Hay una subestimación importante”, añade la ucabista, quien apunta en la urgencia de atender las razones para emigrar: “inseguridad, falta de oportunidades o incluso porque el rumbo del país hasta en lo cultural no se parece a los valores de los sujetos; y eso es muy preocupante porque esa ruptura evita que haya regresos”.

Quienes se quedan se enfrentan a otra realidad: los asesinatos son la primera causa de muerte en jóvenes de 10 a 19 años, según un estudio de 2014 realizado por Unicef. Además, según Cofavic, 68% de los homicidios que se cometieron en el país corresponden a jóvenes menores de 25 años. En junio de 2016, la fiscal general Luisa Ortega Díaz reveló que la tasa de homicidios en el país es de 62 por cada 100 mil habitantes, la segunda peor del mundo. Y en 2017, antes de irse al exilio, informó del incremento en el dato: 70,1.

Si Venezuela no atiende la precariedad del empleo “productivo”, la necesidad de diversificar las fuentes de riqueza, la educación, las condiciones de vida del grueso de la población ahora dedicada a hacer colas y sobrevivir, la inseguridad, y hasta la ausencia de información oficial, “estamos condenados a seguir dependiendo del petróleo”, dice Zúñiga. Sería un contraste con lo ocurrido en naciones que aprovecharon su bono demográfico, particularmente los llamados “tigres asiáticos” durante los años 90 -Corea del Sur, Hong Kong, Singapur y Taiwán-, que asumieron la coyuntura demográfica focalizando sus políticas en formación de mano de obra especializada, con dinamismo económico y generación de puestos de trabajo.cita2

En Europa, la transición demográfica terminó, dejando una población adulta con grandes necesidades de atención –como en los casos de Italia y España- y una menor cantidad de personas laboralmente activas. “Si haces la tarea, aunque pases el bono tienes una población altamente capacitada y generando recursos para atender al adulto mayor, pero en Venezuela no estamos haciendo nada para aprender de esas experiencias positivas”, lamenta Zúñiga. Para 2050 faltan solo tres décadas, y el tiempo perdido no perdona.

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Si el bono poblacional comenzó alrededor de 2007 –como afirma el Gobierno-, las recomendaciones hechas desde 2011 han sido desoídas. Si el inicio fue en 2003, como registra la UCAB, es peor. “En materia educativa tenemos que si bien se ha mejorado la inserción escolar a nivel de primaria, aún persisten grandes deficiencias en secundaria”, dice Genni Zúñiga. Según la Encuesta de Juventud elaborada por la UCAB, casi 1 millón de jóvenes entre 15 y 19 años no asisten a la escuela formal. “Otro aspecto es la calidad de la educación impartida, que es un asunto donde el Estado debería estar de cabeza trabajando para que un muchacho no sienta que el bachillerato es tan solo un peaje a superar solamente si se quieren hacer estudios universitarios”, completa la investigadora de la UCAB.

En el tema educativo, además, ha sido admitido por el Ministerio de Educación (ME) el déficit docente, especialmente en nivel secundario y para “las tres marías” (matemáticas, física y química). Según la Memoria y Cuenta 2014 del ME, 7.803.684 personas cursan educación básica en 29.861 escuelas, divididos en 3.467.714 alumnos de primaria y 2.339.355 estudiantes de bachillerato. La cantidad de cursantes de la educación media disminuyó en 15 mil personas, a pesar de que en primaria la cifra creció.

“Lo estamos haciendo mal”, lanza tajante Mabel Mundó, también especialista en políticas públicas enfocadas en educación. “En la juventud es donde se produce el gran abandono escolar, que es un proceso de exclusión. Hay una brecha en cantidad de escuelas con respecto a los liceos y ese barranco lo han tratado de solventar metiendo más gente en las secciones, pero no con suficientes profesores. Además, ahora pulula la figura de los exonerados, porque no hay cómo darles las materias”.

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Desde 2011 desde el propio Gobierno se han hecho alertas sobre el bono demográfico. Ese año, el presidente del INE, Elías Eljuri, afirmó que tal transición demográfica se extendería entre 20 y 30 años y debe aprovecharse con planes de educación, trabajo y salud que promuevan el crecimiento de la economía. De lo contrario, solo quedaría “una hipoteca social”. Al año siguiente, Jorge González Caro, representante auxiliar en Venezuela del Fondo de Población de las Naciones Unidas (FPNU), planteó urgencia de cultivar tal oportunidad única o convertir al país en un conjunto de “personas que no generaron ahorros durante su juventud, viviendo en una sociedad sin personas que produzcan para mantenerlos. Es decir, tendríamos un país envejecido y pobre”.

El propio exministro Haiman El Troudi escribió un trabajo académico en 2008 donde se preguntaba si el país podrá atender “las cada vez mayores demandas de la población adulta mayor”, si la formación garantizaba la inclusión de los adolescentes que pasarían a la adultez, si se contaba con el número óptimo de planteles escolares o si se pensaba en “adoptar políticas de control o fomento de la maternidad” o implementar “programas de migración masiva hacia nuestro país”. Las interrogantes siguen pendientes.