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Cerrar el Metro los días de marcha opositora

metro chacao
19/04/2017
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FOTOGRAFÍA DE PORTADA: CARLOS HERNÁNDEZ | FOTOGRAFÍAS EN EL TEXTO: AVN

Por cada convocatoria de calle de la oposición, el Metro de Caracas cierra sus puertas. No solo ocurre con las estaciones más próximas a los puntos de concentración, sino también con aquellas que sirven para atender el llamado de su dirigencia. Este 19 abril de 2017, el subterráneo no ha visto luz. La línea 1 está trancada desde La California hasta Caño Amarillo, lo mismo ocurre con El Silencio y Capuchinos en la línea 2. Teatros y Bello Monte tampoco han recibido usuarios

Febrero de 2014. En las calles bulle el hervidero por “La Salida”. Una protesta terminó en represión. Las batallas se avivaron en al menos cuatro estaciones del Metro de Caracas: Parque Carabobo, Chacao, Altamira y Los Cortijos. Así lo señaló el entonces ministro de Transporte Terrestre, Haiman El Troudi, cuando acudió al Ministerio Público para denunciar agresiones supuestamente cometidas contra trabajadores del subterráneo y también a las unidades de Metrobus.

A la sazón, el ahora diputado por el Partido Socialista Unidos de Venezuela (PSUV) dijo que la empresa tenía la “incondicional determinación de seguir trabajando”. Pero se impuso la cerrazón. El candado. Desde entonces, los llamados a manifestaciones antigobierno van acompañados de santamarías cerradas. La directiva del Metro dice que es para resguardar a sus trabajadores y las instalaciones. “A nosotros simplemente nos dan una orden por parte de la gerencia, de Presidencia. Nosotros tenemos que cumplirla. Quien no la cumpla está catalogado como un saboteador”, revela un empleado del Metro de Caracas, que pide resguardar su identidad y escoge su pseudónimo: Fernando*. Asegura que la orden la reciben a las 11 de la noche anterior, “o a las 5 de la mañana. Eso depende, porque a veces deciden cerrarlas es a partir de las 7: 00 am”. El horario habitual de las estaciones es a partir de las 5:30 AM.

Miguel* trabaja en la cabina de operaciones y con sus 30 años de edad, y menos de un lustro de servicio, pasó la mayor parte del viernes 7 de abril de 2017 en la estación Chacaito. Allí asegura que “las indicaciones vienen de arriba, pero ya uno se acostumbra a que cuando hay marcha de oposición hay cierres. Eso sí, aquí abajo uno sigue trabajando aunque no haya más nadie”, cuenta. Un compañero, Alejandro*, es operador de trenes desde hace más de una década y confirma el mandato. Cuando las estaciones cierran en la superficie “nosotros seguimos rodando, cumplimos todo el recorrido. Por ejemplo, si cierran Plaza Venezuela los trenes de la línea 3 desalojan a los usuarios en Ciudad Universitaria, pero siguen hasta Plaza Venezuela para hacer el cambio de vía”.

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Van en grupo y uniformados. Forman parte del operativo de seguridad activado por la Policía Nacional Bolivariana (PNB). En Chacaíto no recorren la estación sino que se mantienen en el lobby, frente al Cubo virtual azul y negro con progresión amarilla, la obra  del maestro Jesús Soto que identifica el lugar. “A nosotros también nos avisan que la estación va a cerrar y ya estamos claros. Esos días, seguramente, nos reasignan para estar en las entradas de la estación o donde la comandancia ordene”, cuenta uno de los oficiales sin revelar su nombre, aunque el uniforme muestra el apellido. “De todas maneras ya uno sabe que cuando anuncian una marcha, ese día no habrá trabajo en el Metro”, agrega. Miguel* lo subraya: “a los policías se los llevan, seguramente para los piquetes y eso. El metro se queda sin nadie porque, claro, cuando está cerrado aquí no pasa nada. Somos los mismos empleados los que nos quedamos adentro tranquilitos”

Ricardo Sansone, inspector de operaciones hasta 2003 e integrante de la organización Familia Metro, relata que otrora “solo cuando una marcha se salía de control, se cerraba la santamaría donde hubiese problemas. Ahora se hace al revés, pues de entrada se cierra todo”. A pesar de que las directrices de acción establecidas en procedimientos sean las mismas de antes, según confirma. “En el pasado cuando la gente podía llegar en el Metro. Estábamos pendientes era de que la gente mantuviera la compostura. Era otra cultura de servicio”, dice Sansone.

Creer que todas las protestas serán violentas forma parte de la política asumida por el Gobierno. Aunque el artículo 68 las garantiza, el alcalde Jorge Rodríguez ha sido uno de los tantos voceros del oficialismo en precalificar manifestaciones incluso antes que ocurra. En agosto de 2016, por ejemplo, afirmó que “cada vez que la derecha venezolana ha entrado a la ciudad de Caracas, vienen a destruir y destrozar el espacio público, vienen a lanzar piedras, bombas, a asesinar personas, no lo vamos a permitir”, justifica su mandato de piedra y antidemocrático.

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Cada vez son más

Aunque el objetivo de impedir el acceso del sistema, según argumenta el Gobierno, es “proteger a los trabajadores y las instalaciones”, cada vez la afectación es más amplia. El 12 de febrero de 2015, por ejemplo, solo cinco estaciones fueron cerradas por una manifestación. Pero el 10 de abril de 2017 la clausura fue de 18 paradas. Y el 13 de abril 27 estaciones dejaron de prestar servicio. Entre una fecha y la otra la cantidad de santamarías bajadas fue en aumento. “Como Miraflores es zona de seguridad, cierran Caño Amarillo que es la más cerca. Igual con Capitolio por la Asamblea Nacional. Parque Carabobo es la que está frente a la Fiscalía y en La Hoyada también paran porque es cerca de los ministerios. Pero es verdad que ahora cierran más y más estaciones y no solamente en donde habrá concentración ni donde están los poderes”, dice Fernando*.

A las habituales estaciones cerradas —Plaza Venezuela, Chacaíto, Sabana Grande, Chacao y Altamira— ahora se suman otras como las pertenecientes a la línea 3, así como Teatros, Nuevo Circo, Parque Central, Zona Rental y hasta El Silencio. El lunes 10 de abril de 2017, incluso, fueron clausuradas las transferencias, así como el 13 se apagó casi todo el sistema pues el llamado opositor abarcó el este y el oeste de la capital. El objetivo ya no es proteger a trabajadores sino impedir, o al menos complicar, la asistencia a actividades convocadas por la oposición.

Hay que tomar en cuenta que la mayoría de las estaciones que trancan están en parroquias donde, según las últimas elecciones de 2015, el chavismo perdió el apoyo popular. El eje habitualmente cerrado, la línea 1 entre Miranda y Colegio de Ingenieros, corresponde a la parroquia El Recreo del Municipio Libertador donde la Mesa de la Unidad alcanzó el 69,90% de los votos frente al 27,61% del PSUV; y al municipio Chacao donde la proporción fue 85,84% a 12,46% a favor de los opositores.

Las estaciones Bellas Artes y Parque Carabobo se ubican en la parroquia Candelaria, donde el antichavismo obtuvo 74% frente a un reducido 23,59% del oficialismo. La Hoyada queda en la parroquia Santa Rosalía, donde la brecha a favor de la MUD fue de casi 20 puntos. Y Teatros y Nuevo Circo en Santa Teresa, donde la Unidad se adelantó por 36%. Sin embargo, estaciones como Capitolio y El Silencio sirven a la parroquia Catedral, donde la bandera roja se alzó con 55% de los votos en 2015; Parque Central se ubica en San Agustín donde los rojos ganaron con apenas 2 puntos de ventaja.

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“La idea es hacerte incómodo la asistencia, que te cueste más llegar a la protesta. Por eso cierran las estaciones que hacen interconexión y obligan al desalojo de trenes en lugares bastante lejanos de los puntos de encuentro” ¸ declara Sansone. El de Familia Metro detalla que Plaza Venezuela y Zona Rental así como Capitolio y El Silencio, cuando son cerradas, dejan al sistema paralizado pues “la línea 3 llega hasta Ciudad Universitaria y la 2 la dejan hasta Capuchinos”.

El contraste o la mala fe se evidencia durante las manifestaciones convocadas por el oficialismo. “Esos días esto no cierra, más bien les ponen los torniquetes gratis”, cuenta Alejandro* confirmando que “y a los que no estén en posiciones imprescindibles, los mandan a marchar también, claro. Y hay que ir”.

El 6 de abril pasado, Diosdado Cabello afirmó que “no puede haber dirigente, ni ministro ni burócrata que se quede en la oficina, porque si no está aquí no puede tener un cargo”. Las palabras las profirió desde la tarima que se dispuso en la Esquina de San Francisco, adyacente a la Asamblea Nacional, en el centro de Caracas.

Ni tan protegidos

Aunque la razón para suspender el servicio en la mitad de la ciudad capital en días de manifestación opositora es dizque “proteger a los trabajadores”, los empleados cuestionan sus efectos. Pedro* lleva más de 20 años en la empresa y asegura que él y sus compañeros por ser la cara visible de la compañía “nunca nos salvamos”. “De un lado y del otro, porque cuando eran los opositores nos tildaban de chavistas y de arrastrados y demás, cuando uno lo que está es trabajando. Eso ya casi no pasa porque se dan esos cierres. Pero hay simpatizantes del chavismo que también nos agreden, porque cuando hay fallas en el servicio entonces nos acusan de saboteo, de ser la ultraderecha infiltrada dentro del Metro. Y eso ocurre porque desde la propia gerencia y desde el propio Gobierno se afirman esas cosas así alegremente, cuando los problemas son por falta de mantenimiento y cosas así. Entonces los usuarios la pagan es con nosotros”, se lamanta.

Desde hace tres años, además, el uniforme de los trabajadores del subterráneo es de color rojo. Atrás quedó la camisa azul clara que los identificaba. “Usamos las guayaberas ahora, que son cómodas pero el color es muy cuestionado, incluso puertas adentro”, dice Alejandro*. El operador de trenes afirma: “la gente percibe que todos somos chavistas, que apoyamos todo lo del gobierno. Capaz por eso nos han ido uniformando”.

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Propaganda política sobre rieles

El Metro de Caracas no es un espacio neutral, una institución pública que sirva a todos, sin distingo. Así como en la estación Miranda se dibujaron los corazones que identifican al programa de televisión Domingos con Maduro en las columnas de concreto armado, en todas las del sistema suena permanentemente la señal de Radio Miraflores, con cantaletas de opinión del alto gobierno. “Se supone que el Metro debe tener un hilo musical suave, que no sea estresante ni conflictivo, que calme los ánimos. No puede ser una parranda y tampoco algo político. Esa radio no está acorde a las normativas, porque todo eso está en los reglamentos internos que no se respetan”, afirma Pedro. Él está claro: “hermano, si un usuario entra a la estación, alguien que venga de hacer colas o lo que sea, y además encuentra que hay retraso, que las escaleras no sirven, y además esta emisora, ya te imaginarás el comportamiento y la rabia. Por eso nosotros no estamos de acuerdo, pero no podemos anularlo ni apagarlo”.

*Los nombres de algunos entrevistados fueron cambiados a solicitud de ellos