Teoría y práctica de dominación: la hegemonía comunicacional

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Durante 20 años, el gobierno nacional se empeñó en crear su propia narrativa, controlando todos los medios disponibles para difundirla. La luna de miel duró poco, y la relación del poder con la prensa cambió a una dinámica de confrontación y posterior dominación y censura.

Con motivo de su 13° aniversario, Clímax presenta la serie Deconstruyendo a Hugo Chávez

Parece realmente remoto el 6 de diciembre de 1998. Aquel día Hugo Chávez se impuso claramente en las elecciones presidenciales, comicios que vistos en el tiempo terminaron desencadenando profundas transformaciones sociales, económicas, institucionales, políticas y comunicacionales en Venezuela.

Aquella noche, luego de que se conoció el triunfo, Chávez se dirigió al pueblo de Venezuela desde el Ateneo de Caracas, regentado por la entonces esposa del presidente editor de El Nacional; su primera entrevista la concedió a Napoleón Bravo y exultante se decía amigo de Gustavo Cisneros, el magnate propietario de Venevisión.

El Chávez triunfador parecía moverse a sus anchas con el sistema de medios venezolanos.

Y así fue. Ocurrió una corta luna de miel en la posteriormente traumática relación de Chávez y la comunicación masiva en Venezuela. La luna de miel duró hasta junio de 2001. Durante el día del periodista de aquel año el Presidente fue duro, ubicó en la categoría de adversarios históricos de su proyecto político a los medios de prensa.

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Aunque Chávez aseguraba deslindar la responsabilidad de los periodistas del rol político que cumplían los medios masivos, en la práctica cuando se molestaba por algún titular, por un reportaje o por una caricatura, terminaba descargando al autor, es decir al periodista. Llamó vendido a Pedro León Zapata por una ilustración de éste, mostraba con frecuencia los titulares de El Nacional y El Universal en sus alocuciones, fustigaba tempranamente a los canales de televisión privados, que lucían alineados con la causa opositora.

La luna de miel corta dio paso a un período de mucha confrontación. Fue el dando y dando entre Chávez y un grupo de medios privados entre fines de 2001 y 2004. Las marchas opositoras las encabezaban propietarios de medios, las convocatorias de protestas salían primero en las pantallas antes de que el liderazgo político las anunciase, etc.

El breve presidente de facto, Pedro Carmona, se reunió con un grupo de propietarios en su corta estadía en Miraflores, los medios se negaron a llamar golpe de Estado al “Carmonazo”; luego vino el paro petrolero y el clímax del protagonismo mediático antichávez.

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La permanencia de Chávez en el poder, sellada con el referendo revocatorio de 2004, representó un parteaguas en la compleja relación entre los sistemas mediático y político en Venezuela. Se tuvo desde un Cisneros que de la mano de Jimmy Carter buscó audiencia con Chávez, hasta medios que asumieron el costo de no mover un ápice su línea editorial crítica, como RCTV (cuya señal se sacó del aire en 2007) o Globovisión (vendida en 2013 para torcer su línea crítica). Haciendo de equilibristas, Televen. La prensa pasó a ser el espacio de cuestionamiento duro del régimen.

De aquella etapa de turbulencia surgió un Andrés Izarra y su tesis de la hegemonía comunicacional. Quien fue todopoderoso en materia mediática oficial esbozó la necesidad de que el poder político tuviese su correlato como poder mediático. Si bien ya estuvo en escena desde 2004 como ministro y como presidente de Telesur, será en 2007 cuando quede su papel de ideólogo comunicacional del régimen.

La hegemonía ya como un plan orquestado incluyó en la parte final de aquella primera década del siglo XXI, la construcción de un entramado legal, la ausencia de un sistema judicial independiente al cual recurrir, la violencia directa contra periodistas, editores, instalaciones y equipos de los medios de comunicación, el redireccionamiento de la pauta publicitaria oficial. Tras asumir el costo del cierre de RCTV, desde Conatel se lanzó un “Radiocidio”, en palabras de Alonso Moleiro, cuyas secuelas aún se extienden por estos días.

Chávez ejerció control sobre el sistema de medios, pero en aquel momento de pugnacidad, no se apostó por la asfixia total. A fin de cuentas, aquel Chávez ducho en el show televisivo necesitaba contrincantes, enemigos a los cuales mostrar en público y denunciar; medios que le criticaran para decirle al mundo, vieron lo que dicen de mí estos periódicos y así ustedes aseguran que no hay libertad de expresión en Venezuela.

Los medios críticos con presencia significativa eran un motivo para mantenerse en el ring de boxeo para Chávez, no se buscaba aniquilarles, a fin de cuentas el presidente cada tanto se mostraba vencedor sobre lo que luego el propio Izarra y sus adláteres comenzaron a llamar “la canalla mediática”.

Fallecido Chávez, y en medio de un país en medio de una profunda crisis y con un heredero tan poco carismático como Maduro, la hegemonía pasó a ser praxis. Hegemonía y control comunicacional, como ya lo había pronosticado Marcelino Bisbal al colocarle tal titulo a un libro que coordinó.

El modelo comunicacional diseñado en los años de Chávez se cerró sobre sí para garantizar la sobrevivencia de Maduro en el poder. Vino desde 2013 el cambio de propiedad en los medios, las llamadas telefónicas cotidianas desde Conatel para censurar contenidos o incluso canales internacionales de noticias, el aplauso oficial para los medios que se dedican al entretenimiento, en fin hasta la prohibición de palabras.

“Profesor, no puede decir la palabra dictadura cuando esté al aire”, me dijo apenada hace poco una joven productora de un circuito nacional de radio. Aquella directriz fue la mejor prueba de que vivimos en dictadura en Venezuela, que el miedo se impuso entre unos cuantos, y que otros aún sobreviviendo de forma independiente y crítica no tienen un impacto nacional en su cobertura.

A woman holds up a sign reading "'Without free press, there is a dictatorship", during a protest by newspaper workers and opposition parties to demand from the government U.S. dollars at a prime rate to buy paper for their publications, in Caracas

Venezuela se quedó sin periódicos impresos, con escasa información en radio y una controlada difusión de noticias y opinión en televisión. Mientras tanto, Maduro habla y habla en sus cadenas nacionales de radio y televisión, en sus alocuciones por VTV.

Habla Maduro y le da un relato a sus seguidores, a ese 30 por ciento de venezolanos que se dicen chavistas pese a que la crisis es generalizada, ese 30 por ciento que no tienen televisión por cable, que no acceden aún al Internet, que reciben sms. Ese 30 por ciento que aún, en las peores condiciones, puede darle soporte a una dictadura, que a su vez se soporta en lo comunicacional.

Así se cumplen 20 años.

En otra vida fue corresponsal de medios internacionales e hizo coberturas periodísticas en varios países. Tras dejar el periodismo aséptico se dedicó a la academia y a la palabra pública. Investigador universitario en el campo de la comunicación política y la libertad de expresión.

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