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Prepagos venezolanas conquistan Panamá

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02/06/2016
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REPORTERO DESDE CIUDAD DE PANAMA: PERIODISTA ALEJANDRO GARRIDO
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FOTOGRAFÍA DE PORTADA: AP IMAGES

La República Bolivariana se ha convertido en una potencia exportadora de prepagos. Los provocadores servicios de quienes venden caricias hoy se encienden en Panamá. Las colegas de la región, sin embargo, preocupadas y en cólera alzan su voz de protesta: “las venezolanas se están llevando los clientes”. Una queja que enfrenta a locales e importadas en el itsmo, en el Día Internacional de la Trabajadora Sexual que se conmemora cada 2 de junio

Es un hecho: el barril de petróleo no es lo único rentable para Venezuela. Tampoco lo único exportable. El oro negro, aunque devaluado, se encumbra en los pináculos de venta y, no obstante, otras curiosidades lúbricas se asoman en las listas generadoras de divisas. Son otros los yacimientos. Unos en los que también hay expediciones y perforaciones. Se trata de las camas. Pequeñas minitas. Y sus dueñas lo saben. Una ola de “damas de compañía”, oriundas de Caracas lo mismo que Valencia, ha emigrado en búsqueda del sueño dorado. Decenas de prostitutas criollas vuelan donde el verde billete dólar hace guiños y coqueteos. La prueba de esto es el último informe de la Oficina de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en Panamá: “Se observa un incremento de mujeres procedentes de Venezuela para ejercer la prostitución en Panamá, lo que debe analizarse más exhaustivamente para verificar las condiciones en las que llegan al país y si la actividad realizada responde a una decisión personal o es fruto de haber sido captada por alguna red de trata”. Las autoridades no solo lo denuncian sino también las colegas colombianas. Las venezolanas les están quitando sus clientes, sobre todo en Panamá.

Pero no solo las autoridades lo delatan, en las calles y en las redes también se susurran los mismos rumores. El año pasado, algún gracioso anónimo hizo de las suyas al lanzar una aparente campaña de la compañía de telefonía en la región centroamericana, Digicel, en la que sugiere que colombianas y venezolanas son “prepagos” por excelencia. En la imagen, con los mismos elementos gráficos que suele usar la marca, una mujer es acompañada por este texto: “¿Estas en Panamá? Sabemos que eres Pre Pago. Cámbiate a Digicel. Promoción válida solo para nacidos en Colombia y Venezuela”.

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La conmoción en las redes hizo que la empresa se disculpara y desmintiera que la campaña fuera de ellos. Al final, la estrategia comunicacional era falsa, sin embargo el mal sabor quedó. Y bueno, delató a unas cuantas.

 

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Cuando el río suena

Las “pretty woman” salen de Maiquetía con las maletas —cual viaje de negocios— repletas con sus chucherías del placer. Su destino u oficinas: bares, casinos y hoteles. Sus clientes: extranjeros calientes. Una vez que llegan a la tierra del Canal se preparan para hacer negocios y quitarse todo —hasta el nombre. Sus servicios pueden pasearse entre la púdica suma de 150$ y la obscena cifra de 800$ por noche. Todo depende de los atributos que les haya dado la naturaleza o el bisturí. Yina, una venezolana ejecutiva del sexo, lleva seis meses alquilando sus besos y jadeos en Panamá. El sostén que se asoma a través de su traslúcida blusa la deja en evidencia. Sus canas reflejan su experiencia entre las sábanas. Los cincuenta no juegan carrito. Ella captura con sus quiebres de cadera a sus hombres en el casino del Hotel Veneto: considerado por algunas casquivanas centro de operaciones ubicado entre la Avenida Eusebio Morales y la calle Vía Veneto, epicentro del turismo local, a pocas cuadras de los grandes hoteles El Intercontinental, El Hilton Garden Inn, El Crowne Plaza.

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Una de las abogadas miembro de un organismo encargado de la protección de inmigrantes, comenta: “Desde hace dos años estamos viendo cómo el número de prostitutas venezolanas en Panamá ha crecido. Todo esto empezó desde que el gobierno de Ricardo Martinelli habilitó ‘el crisol de raza’ la fórmula perfecta para que emigrara todo tipo de personas. A esto se le une la mala situación económica de Venezuela”.

“La tierra bendita por las bellezas amables”, slogan que orea el país centroamericano para atraer turistas, lleva rato siendo más que el canal que comunica el mundo. Desde el 2008 está vigente el artículo 39 de la Gaceta Oficial del Servicio Nacional de Migración, ley que suscribe y permite la concesión de Visa de Transeúnte o Trabajadores Eventuales a todos aquellos que tengan que “matar un tigrito” por tres meses. Cada año más de 800 mujeres  adquieren dichos visados para trabajar temporalmente en establecimientos nocturnos”, según informes de la OIM.

Paola, como se hace llamar entre parroquianos y los asiduos a sus servicios, viene de Valencia, Estado Carabobo. Tiene seis meses trabajando como dama de compañía en Ciudad de Panamá. Intentó ser mesonera pero solo ganaba 700$ al mes. Con su nuevo oficio saca esa cantidad en cuatro noches. Lleva falda negra y labial rojo. Acaso un predecible cliché. Es amiga del vigilante del Veneto, él hace las veces de proxeneta, la protege y le consigue de vez en cuando un cliente ejemplar. “Yo aquí veo más colombianas, lo que pasa es que las venezolanas están agarrando a los mejores. Nosotras no somos de casinos. No buscamos a los clientes, ellos nos buscan a nosotras en las casas de lujo”.

Existen lugares en Panamá que, sin decoros o falso puritanismo, ondean por todo lo alto la bandera de puteros. En la concurrida zona bancaria, cerca de Vía Veneto, también barrio de tolerancia, se emplazan El Elite y Habanos. Estos últimos son las principales casa de cita por decir lo mínimo. A Habanos, propios y extraños, le dicen en forma de código “Narriot”, por estar justo al frente del Hotel Marriot. A la afueras, en El Dorado está El Gold Time. Bar que, por ejemplo, se describe en su página web como un excelente lugar para los masajes “terapéuticos”. Recalca Paola: “La gracia por estar solamente un hora con una caraqueña deluxe puede salir fácilmente en 250$. Dime tú, ¿cuándo ganamos eso en Venezuela?”

Hay muchachas que optan por vivir en esta “Tierra de Gracia” pero trabajan en Panamá los fines de semana. Tienen clientela venezolana, dueña de negocios panameños, que las llama directamente al teléfono. En el bar Narriot, “Las catiras”, un dúo de amigas que se prostituye en comunión, atienden a la súplica de los gozones generosos que la requieren aun en lejanía. 

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“El Narriot” es menos lujoso que cualquier otro “puticlub”. Lupanar sin postines ni copete. Más bien discreto y sombrío. Poca luz y muchos ventiladores que abanican a sus moradores. Con una sola barra por donde corren frías cervezas y pero también los calores de la libido. Desprovisto de tubos o de cualquier adorno que revele sus sexuales compulsiones. En unas de las mesas del fondo se desparrama “La Marquela”, cartagenera de trayectoria en los bajos fondos. Luego de lanzar una mirada de desdén dice: “Yo sé que las venezolanas están mejor cotizadas y le pagan más que a nosotras”. Se acomoda el zarcillo y termina su camelo: “La verdad es que siempre queremos que nos contrate un cliente venezolano. Ellos te invitan a bailar y luego te llevan a un hotel bonito. Pero a mí me llaman puros gringos e italianos”.

La emigración de las jineteras es la muestra de que un país está en declive. La exclusión social, inestabilidad política y económica obliga a muchas mujeres a tomar el negocio de la prostitución. “El peso de ser prepago en otro país no es tan grave como en el propio. Aquí nadie las conoce, no tienen que esconderse de sus amigos y familiares” comenta con certeza la abogada de la organización en defensa de lo inmigrantes. También existe un gran porcentaje de profesionales en el asunto que buscan ganar más dinero haciendo lo mismo pero en otras fronteras. “Panamá tiene el escenario perfecto para que las venezolanas hagan negocio. Es cálido, hay extranjeros, dólares y clubs que lo permiten”.

No todo lo que brilla es legal

Las bellezas de patio no son exclusiva preocupación del gobierno panameño. La tan invocada viveza criolla, categoría que ha desfogado miles de plumas e interesados en el tema, como el texto de la escritora Gisela Kozak Ni tan chéveres ni tan iguales, está desatando un mercado ilícito mucho más grande: la trata de personas para explotación sexual. Ha desplazado a países con tradición en el crimen como Colombia, Nicaragua y China. Según expedientes atendidos por la OIM, “mucha gente de Venezuela publica en páginas web ofertas de trabajo para mujeres como azafatas, mesoneras o bartenders. Allí prometen cubrirle todos los gastos. Cuando llegan las encierran en un cuarto. De allí no pueden salir hasta pagar sus gastos a costas de la prostitución”.

Quienes son víctimas no suelen tener control sobre los clientes. Se les obliga en ocasiones a estar hasta con 10 hombres por noche. No deciden sobre la cantidad de horas y las condiciones en que deben trabajar. Tampoco donde viven y cuando salir de allí. Uno de los abogados de la organización en defensa de los inmigrantes asegura: “Yo diría que el negocio de la prostitución da mucho más dinero que el de las drogas. En 2013 hubo un reporte de un caso detectado en Colón donde la red mantenía a 50 mujeres explotadas en clubes nocturnos y hoteles. Se presume que se generaban hasta 500 mil dólares mensuales”.

Pero el abuso de los extranjeros provenientes de la república bolivariana va más allá. “La policía panameña suele agarrar a venezolanos en todo tipo de delitos”, comenta el abogado. Fraudes bancarios, estafas legales, clonación de tarjetas y robos. Sin embargo, la prostitución es lo que más destaca. La Organización de la Inmigración en Panamá hizo un llamado de alerta: “Notable aumento de la captación de mujeres venezolanas para trabajar en prostitución y posible aumento de víctimas de trata sexual de nacionalidad venezolana”. “El gobierno de Panamá le tiene el ojo puesto a los venezolanos”.