El Mundial de Fútbol 2026, que se disputa por primera vez en Estados Unidos, México y Canadá, no solo será el torneo más grande de la historia por la cantidad de selecciones, partidos y sedes. También se perfila como uno de los más costosos para los aficionados y como un evento de gran impacto para las economías de los países anfitriones.
La Copa del Mundo reúne por primera vez a 48 selecciones, en lugar de las 32 habituales, y contempla 104 partidos, frente a los 64 de la edición anterior. El formato ampliado, distribuido en 16 ciudades de tres países, incrementa las oportunidades de negocio alrededor del torneo, pero también eleva los costos para quienes quieren asistir a los encuentros.
Una de las principales novedades es el uso de precios dinámicos para la venta oficial de entradas. El sistema, común en aerolíneas y plataformas de alojamiento, ajusta los valores de los boletos en tiempo real según la oferta y la demanda.
El precio final depende de la fase del torneo, los equipos que se enfrenten, la sede y la ubicación dentro del estadio. Para la fase de grupos, los boletos más económicos parten de poco más de $60 para partidos entre selecciones no anfitrionas. Ver a Estados Unidos, México o Canadá puede costar desde unos $75.
A medida que avanza la competencia, los precios suben. Para los octavos de final, las entradas oscilan entre poco más de $100 y casi $1.000; para los cuartos de final, entre $275 y $1.800; y para las semifinales, entre $420 y casi $3.300.
La final, prevista para el 19 de julio, concentra los precios más elevados: una entrada oficial puede costar entre $2.000 y cerca de $8.000, según la categoría de ubicación.
El costo de seguir a una selección
El gasto para los aficionados no se limita a los boletos. Vuelos, hospedaje, transporte interno, comidas y otros servicios también están sujetos a precios dinámicos, especialmente en las ciudades sede.
El impacto puede ser considerable incluso para asistir a un solo encuentro. El viaje de un aficionado español para ver el debut de su selección en Atlanta, por ejemplo, superó los 2.000 euros entre vuelos, dos noches de alojamiento y la entrada al estadio, sin incluir alimentación ni traslados locales.
La presión sobre los precios ocurre en un torneo que obliga a muchos seguidores a recorrer grandes distancias entre ciudades y países. La distribución de los partidos entre Estados Unidos, México y Canadá amplía el alcance comercial del Mundial, pero también encarece la experiencia de acompañar a una selección durante varias fases.
Turismo, publicidad y tecnología
El gasto turístico aparece como uno de los principales motores económicos del Mundial. Estimaciones citadas por el gestor de fondos La Financière de l’Échiquier apuntan a que los aficionados podrían gastar más de $7.000 millones durante el torneo.
A esto se sumarían cerca de $11.000 millones en inversión publicitaria, además de ingresos para sectores como transporte aéreo, plataformas de alojamiento, restaurantes, comercio, telecomunicaciones y tecnología.
Las reservas de vuelos hacia las ciudades sede para junio y julio aumentaron 8 % frente al mismo período de 2025, según datos de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo. Kansas City registra el mayor crecimiento, seguida por Monterrey y Miami.
Sin embargo, el efecto no es uniforme en todos los sectores. La hotelería ha reportado una demanda menor a la esperada en algunas ciudades anfitrionas. Una encuesta de la American Hotel and Lodging Association entre más de 200 hoteles en 11 ciudades sede encontró que ocho de cada diez establecimientos mantenían reservas por debajo de sus proyecciones iniciales a pocas semanas del torneo.
En ciudades como Boston, Filadelfia, San Francisco y Seattle, algunos hoteles incluso reportaron niveles de reservas inferiores a los de un verano normal. Entre los factores señalados están el alto costo de los viajes, las dificultades para obtener visas estadounidenses y las tensiones geopolíticas.
Pese a ello, plataformas de alquiler temporal mantienen expectativas elevadas. Airbnb prevé alojar a casi 400.000 huéspedes durante el Mundial y calcula una contribución de $3.600 millones a las economías locales.
Una inyección para el PIB mundial
La FIFA estima que el Mundial 2026 generará una inyección de $40.000 millones al producto interno bruto mundial. El cálculo forma parte de su análisis de impacto socioeconómico del torneo, que también proyecta la creación de más de 800.000 empleos equivalentes a tiempo completo y unos $9.000 millones en ingresos fiscales directos e indirectos.
El gasto turístico asociado al campeonato podría superar los $7.000 millones, una cifra impulsada por la ampliación del formato, el mayor número de equipos y partidos, y la realización del torneo en tres países.
Aunque Estados Unidos concentrará buena parte de la actividad económica, México podría registrar uno de los efectos relativos más importantes. Un estudio de Deloitte citado en las proyecciones estima que el torneo aportaría cerca de 0,14 % al crecimiento del PIB mexicano en 2026, mientras que el efecto estimado para Estados Unidos y Canadá sería menor en términos proporcionales.
El Mundial 2026 deja así una doble lectura: una fiesta global que promete movilizar miles de millones de dólares en turismo, publicidad y consumo, pero que también coloca la experiencia de asistir a los estadios fuera del alcance de buena parte de los aficionados.
Con información de El Economista