Modelos

Zara Monrroy desde China y con peluca

De trabajar con Adidas a desfilar en Copenhague y que le pidan fotos en las calles de China. La modelo Zara Monrroy se hizo unas fotos para nosotros y hablamos sobre sus experiencias

Zara la modelo venezolana que ahora vive en China
Fotos: Zara Monrroy
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“Puedo decir que estuve en la misma campaña que Messi», se ufana Zara Monrroy al hacer referencia a su trabajo con la marca Adidas: ¨Para mí eso es una locura y me llena de orgullo”.

En realidad Zara Monrroy tiene muchas razones para sentirse orgullosa de lo que ha logrado como modelo a sus 19 años: además de posar para marcas en Caracas, hoy vive en China y en 2025 participó en la Fashion Week de Copenhague con la marca Han Kjøbenhavn, una firma que ha vestido a Beyoncé, Julia Fox y Cardi B.

-¿Cómo te convertiste en modelo?

-Esta pasión por el modelaje la tengo desde que era niña, mi mamá también fue modelo y creo que por eso también tengo amor a todo esto. Siempre quise serlo y no lo veía como cualquier niña venezolana que decía “yo quiero ser miss”, más bien decía “quiero ser como Naomi Campbell”, “quiero caminar en una pasarela de Victoria’s Secret”. 

Como a los 12 años le dije a mi mamá: “quiero empezar esto del modelaje, pero no sé qué hacer”. Entonces, me inscribí en una academia, una experiencia no muy profesional porque las academias solo funcionan para adentrarte un poco a este mundo. Mi mamá me dijo “haz cursos, estás muy chiquita aún. Luego, más adelante vemos cómo te adentras en la industria”.

Un año después, sucede la pandemia y es importante mencionar que mi tío es fotógrafo y una amiga de él que es maquilladora necesitaba modelos para un curso online. Acepté. Al día siguiente, lancé las fotos y fue una locura. Me empezaron a escribir marcas y me preguntaban por mis honorarios, yo ni sabía qué era eso. Era una pauta de 8 horas y yo le digo a mi mamá “Voy a pedir 50 dólares” que en ese momento me parecía un dineral. Cuando me dijeron que sí, no lo podía creer. Al día siguiente ya estaba grabando una campaña de maquillaje. Ese fue mi primer trabajo como modelo.

El modelaje es muchísimo más que ser una cara bonita y pararse frente a una cámara con ropa. Aparte de vender un producto, tienes la responsabilidad de saber si esa prenda -en el caso de la ropa- le va a gustar a la gente, cómo la va a hacer sentir, si se ve de buena calidad, entre otros factores.

-¿A qué edad firmate con tu primera agencia?

-Estuve aproximadamente un año trabajando en solitario mientras que mandaba castings a agencias. Pensaba que aunque me estuviera yendo bien sola, nunca iba a tener los contactos, ni el profesionalismo de una agencia. Pero para ellos regularmente el mínimo de edad es 18 años y yo tenía 14. Además, el mínimo de estatura era de 1,72 y yo mido 1,69. Pensaba que no me iban a aceptar porque no cumplía con los requisitos, pero lo intenté.

En una agencia internacional les encantó mi perfil y aseguraron que podía llamar la atención en el mercado. Fui la primera modelo en Venezuela, la única morena y con el cabello rizado de esa agencia. Con ellos tuve la oportunidad de irme a Medellín para trabajar. Acepté y me fui con 17 años por un mes.

Tenía una idea un poco distorsionada de lo que iba a pasar porque me vendieron un sueño, pero llegué, trabajé para Avon y luego, empecé a tener castings. No eran tan frecuentes, lo que es raro puesto que en un contrato internacional eso es lo que más abunda. Trataba de ser lo más positiva posible, pero me desmotivaba al ver que las modelos con las que vivía tenían castings todos los días. Los clientes empezaron a decirme que no era el producto que buscaban, tanto así que me mandaron a comprar un short con relleno.

Después, sin explicación, me llegó un correo con mi pasaje de regreso a Venezuela. Estaba devastada, lo asimilé como fracaso porque no cumplí las expectativas que tenían.

-¿Y cómo llegaste a China?

-Creía que no iba a trabajar más con una agencia, pero empecé a buscar trabajo fuera de Venezuela porque quería más, no desde un punto avaricioso sino que deseaba trabajar con grandes marcas y esas campañas no se hacían en el país. Además, en Venezuela trabajé muy bien, al final, la industria es muy pequeña y reservada. Las mujeres se queman. Cuando sales en todas las marcas ya aburres un poco. Me pasó eso.

Me obsesioné con la idea de emigrar e hice un buen portafolio. Empecé a investigar, ver mucho contenido internacional, pasarelas. Aprendí que el mercado latino, el europeo y el estadounidense son diferentes y que existen varios tipos de modelaje.

Mandé castings a todas las agencias sin importar el país, sin importar el continente. Mandaba hasta 30 correos al día. Efectivamente, muchas contestaron y me rechazaron. Un día me responde una agencia de Rusia que estaba interesada, después de tres días me ofrecieron tres contratos distintos para China. Esto pasó en diciembre de 2024 y en marzo cumplía los 18 años. Cuando los cumplí, me compraron el pasaje.

-¿Consideras que te estabas quemando por el rechazo de marcas o fue por qué te veías en muchas marcas y eso no te gustaba?

-Ambas. Hubo un punto en el que iba a un centro comercial y, gracias a Dios, me veía en más de cinco tiendas, pero también me pasó que sentí rechazo de algunas marcas. La verdad, a muchas marcas en Venezuela se llega porque te vieron con otra. Aparte, en Venezuela no se hacían trabajos editoriales: revistas, proyectos distintos. Más bien, estaba este perfil latinizado de pelo piso, jeans, ropa ajustada y tacones. Estaba harta de eso y también del “ahora, vas al Miss, ¿no?” No tengo nada en contra de ese mundo, pero es completamente distinto. 

-¿Hasta la pasarela es distinta?

-Sí, porque ambas se enfocan en cosas distintas. En la pasarela de moda, el modelo es un accesorio, el medio para mostrar la prenda al público. En el mundo del Miss es lo contrario, se suele ver como pones los pies, las manos. Al final, son concursos de belleza, tienes que promocionarte a ti misma.

-¿Cómo supiste que ir a China con esa agencia no era algo peligroso sino más bien algo positivo?

-Tenía todas las de perder y recomiendo que no lo intenten en casa -risas-, pero soy muy intuitiva y sentía que era para mí. Al final, las oportunidades pasan solo una vez en la vida. Si algo te llama, no dudes en hacerlo porque si no lo haces siempre vas a quedar con la duda.

Hice una investigación exhaustiva y le escribí a modelos de la agencia. También, en ese entonces, habían modelos venezolanos que estaban emigrando a China. El 5 de mayo de 2025 me vine y fue una locura ver que todo estaba bien.

-Puede haber también una visión distorsionada de China por lo grande que es y lo que se ve en redes sociales…

-Sí. Aunque yo nunca vi a China con miedo. Al contrario, siempre he estado conectada con la cultura asiática y decía “¿qué es lo peor que puede pasar? ¿No trabajar? Por lo menos podré conocer China”.

-¿Cómo ha sido tu experiencia siendo modelo allá?

-Increíble. Me cambió la vida porque este país es otro mundo, con personas completamente distintas, con un idioma ajeno y con oportunidades de trabajo diferentes. La idea que tenía del modelaje cambió el primer día que tuve un casting. En Venezuela suelen ser probarse una ropa, tomarse unas fotos y ya, pero aquí te maquillan y te arreglan como te quieren ver en la producción y tienes que hacer aproximadamente 50 poses en dos minutos.

-Como una competencia…

-Sí. Por cada toma de la cámara tienes que cambiar de pose. Acá me atrevo a decir que tienen la cultura de la sobreexplotación. Todo tiene que ser para ya, mientras más rápido sales de una producción puedes producir otra.

Al principio me pregunté “¿en qué me metí?”, pero la agencia con la que estaba me enseñó demasiado. Hoy quizás no hubiese aceptado el contrato con ellos, pero es tierno ver todo lo que he vivido. China me cambió la vida.

-¿Cómo ha sido tu experiencia con otras modelos de otros países?

-Compartí apartamento con dos modelos, una ucraniana y otra rusa, ninguna me dejaba cocinar porque les daba miedo el gas.

-¿Y ellas qué comían?

-No lo hacían. Nunca había visto algo así, mi cerebro no lo entendía. Mucha gente suele ver el modelaje como algo superficial porque uno siempre va a mostrar lo bonito de todo, pero es bastante duro. Tienes que tener una mentalidad muy fuerte.

Este es el diario de todas las modelos, algo con lo que vivimos. Los trastornos alimenticios son completamente reales y lo apoya la industria y muchísimas veces las modelos lo normalizamos para ser aceptadas. Es un ciclo que jamás se va a terminar. Por ejemplo, en castings ves a modelos al borde del desmayo.

-Además de los castings, ¿qué otras diferencias encuentras entre la industria del modelaje en China con la de Venezuela?

-Aquí en un estudio no te trata con tanta cercanía, pero pienso que eso tiene que ver más con la cultura. Los honorarios son una locura, no diré montos, pero lo que en Venezuela cobraba por un día completo aquí me lo pagan por horas. Otra diferencia es que no te dejan descansar la mayoría del tiempo. En Venezuela hacía un cambio de ropa e iba al baño, hablaba con el fotógrafo, te probabas otra cosa, pero aquí te ven un segundo sin hacer nada y ya te mandan a cambiar y a darle. Ojo, sí te dan breaks por el almuerzo. Aquí regularmente dan una o dos horas de almuerzo para que tu duermas un poco. Los chinos pueden dormir donde sea.

-Tienen muy normalizado tomar siestas…

Exactamente. Yo lo apruebo… 

-Hay un prototipo muy marcado del físico asiático. ¿Has tenido alguna mala experiencia en China debido a tu cabello afro?

-Sí, tuve un choque que hasta me hizo llorar. En este trabajo, la maquilladora y la estilista me querían alisar el cabello. Me negué y dije, “podemos intentar otra cosa”, pero la mujer me empezó a gritar que las modelos no tenían el cabello como yo, que si quería lograr algo en la vida tenía que cambiarlo, que jamás iba a lograr trabajar.

No me aliso el cabello porque se puede dañar. Punto y final. Respeto a las modelos que permiten que se los alisen, pero prefiero dar otras alternativas o ponerme pelucas, sobre todo aquí en China que todo se consigue.

En esos momentos es importante tener un buen booker, un buen agente que logre ser tu amigo, que tenga esa conexión contigo porque uno no solo es modelo. Tengo sentimientos y a mí me estaban faltando el respeto, pero en vez de apoyarme me dijo que estaba exagerando.

Esa mujer estaba moviendo algo dentro de mí, me sentí igual que la primera vez que me hicieron bullying cuando tenía cuatro años. Hace tiempo construí toda una seguridad sobre mi cabello y esta persona me hizo sentir muy mal. Para nadie es un secreto que Venezuela es un país que está marcado por el clasismo, el racismo y el estándar de belleza no es el cabello rizado. Aunque considero que de unos años para acá ha disminuido con la inclusión de modelos afro. Ahora, en un comercial, puedes ver a alguien con quien identificarte, puedes ir a un salón de belleza y saben cómo atender tu pelo. A mí eso no me pasaba, no lo viví.

Esa es la única experiencia que puedo recordar. De resto, me he sentido apreciada y aceptada. Salgo a la calle y hacen colas para pedirme fotos porque es algo que ellos jamás han visto, me abrazan, me dan regalos y me dicen que soy demasiado hermosa y diferente.

-El uso de la IA en China es masivo. ¿Consideras que puede acabar con tu industria?

-No creo que vaya a acabar con la industria del modelaje, pero sí la puede afectar como ya lo está haciendo. Al final muchas empresas prefieren pagarle a un programa al que le pones un prompt detallado, con las prendas y te hace una campaña. Sin embargo, no se ve real, no se ve humano. Los humanos conectan con lo humano, con la esencia. Además, la IA busca la perfección, porque al final es algo creado por una máquina.

Esos pequeños detalles, errores que tenemos las modelos, el fotógrafo, la maquilladora, es lo que hace algo especial.

Sí es bastante fuerte ver la cantidad de campañas, vallas, comerciales, y productos con etiquetas de IA, pero va a aburrir, porque al final todo se llega a ver igual. En cambio, puedes ver la misma inspiración de una campaña cinco veces, pero esas veces lo hacen en países distintos, con modelos diferentes, otros fotógrafos y te hacen comparar.

-¿Qué disfrutas más? ¿Pasarela o estudio?

-Amo la pasarela, aunque sé que soy mejor para fotos, campañas y editoriales. De hecho, mi trabajo favorito hasta ahora fue estar en la Fashion Week de Copenhague en 2025 para el desfile de Han Kjøbenhavn. Fue especial para mí, era mi sueño de vida.

Fui la única modelo que mandaron a traer para el desfile, la única latina y la única venezolana. No lo podía creer. Me encantaría seguir haciendo pasarelas, aunque tengo una pequeña desventaja, normalmente para las pasarelas high fashion requieren una estatura de 1,72, pero eso es mentira. Si algo es para ti es para ti.

Fotos: Zara Monrroy

-¿Qué le dirías a una mujer o a una niña que vive en Venezuela, tiene un físico similar al tuyo y quiere ser modelo? ¿Qué consejo le darías?

-Primero, aprende inglés. No solo tu físico va a hacerte alcanzar el éxito, necesitas prepararte. El modelaje no es una carrera que inscribes en una universidad, pero sí se estudia y se aprende todos los días. 

Segundo, no importa de donde vengas, si algo es para ti, va a ser para ti. Trabaja en tus sueños todos los días: despierta temprano, haz ejercicio, cuida tu alimentación, tus emociones y tu entorno. Todos estos factores te van a ayudar a alcanzar lo que deseas.

En todo el mundo hay clasismo y racismo. Hay que internalizar, aceptarse y abrazar las diferencias. Al final, en el mundo hay demasiada gente igual a ti, pero esas personas no tienen la chispa que tienes tú. Ese es tu factor diferenciador y lo tienes que exaltar. Si crees en ti, te puedes comer el mundo.

Tercero, mucha gente ve como una maldición ser de Venezuela, pero es la mayor bendición que puedes tener en la vida. Al ser venezolana tienes la mitad del cielo ganado porque este swing que tenemos nadie lo tiene.

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