La valentía no es un chaleco antibalas, a propósito del regreso de María Corina
Sobre su valentía no hay dudas, pero Carolina Jaimes advierte sobre la seguridad de María Corina Machado

Sobre su valentía no hay dudas, pero Carolina Jaimes advierte sobre la seguridad de María Corina Machado

Los venezolanos llevamos casi tres décadas montados en una montaña rusa de esperanzas y decepciones, con más decepciones que esperanzas. Hemos perdido la fe y la hemos recuperado tantas veces que nuestra capacidad de resiliencia resulta insólita. Ya he escrito sobre eso y sólo añado que hay algo que no deberíamos permitirnos: confundir la esperanza con la seguridad.
Me preocupa el regreso de María Corina Machado. No porque dude de su valentía, sino porque nadie puede garantizarle que estará a salvo.
Y me preocupa especialmente que sea mujer: no porque nos falte coraje, sino porque el machismo añade a la violencia política amenazas, humillaciones y formas de intimidación que buscan castigar a las mujeres por atreverse a desafiar el poder. Lo hemos vivido en todo el mundo.
Pero hay una contradicción que no puedo pasar por alto:Marco Rubio afirmó que las condiciones que permitieron el regreso seguro de Machado eran resultado directo de las negociaciones de reconciliación respaldadas por Estados Unidos. Donald Trump, preguntado por el regreso, respondió: «I don’t know anything about it» («No sé nada de eso»).
¿En qué quedamos? ¿El regreso es fruto de unas negociaciones que Washington presenta como propias o el presidente de Estados Unidos ni siquiera estaba enterado?
La contradicción resulta todavía más inquietante cuando Trump mantiene su respaldo a Delcy Rodríguez y celebra los resultados económicos que está obteniendo en Venezuela. Me cuesta creer que la democracia sea su prioridad. Sus decisiones parecen responder, ante todo, a una lógica transaccional: qué consigue, qué negocia y qué beneficios obtiene él primero y Estados Unidos después.
Venezuela no es un yacimiento petrolero con una población alrededor. Es un país cuyos ciudadanos tienen derecho a decidir su destino. Y la libertad no debería ser una variable subordinada a los negocios de nadie.
No afirmo que exista un plan para atentar contra María Corina Machado, aunque hay sectores, tanto del régimen como de la oposición, a los que les convendría sacarla del panorama político.
Pero me preocupa que, si algo le ocurriera, la falta de instituciones confiables impidiera esclarecer los hechos y castigar a los responsables. Su enorme respaldo popular no sustituye las garantías de seguridad que debería ofrecer un Estado de derecho.
Después de tantos años de frustraciones, no quiero volver a ver cómo se apaga la esperanza de los venezolanos. Tampoco quiero que la valentía de una mujer se convierta en una excusa para dejarla expuesta o acabar con ella.
No escribo como vocera de nadie. Escribo desde mi preocupación como venezolana y periodista.
La valentía no es un chaleco antibalas. María Corina ya ha arriesgado demasiado y la necesitamos viva y bien. La democracia en Venezuela no puede depender de los negocios ni de los caprichos de Donald Trump. Quinientos veintiocho años después del descubrimiento, seguimos siendo un territorio de depredación, un botín y más nada que eso…