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A la Vinotinto le faltó un limón para el tequila

Olvide por un momento el próximo rival de Venezuela en la Copa América. Pregúntese si se siente satisfecho con la presentación en este grupo. En esa respuesta está la magnitud de lo conseguido por la Vinotinto.

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Usted tiene el derecho a lamentarse. Después de todo, mientras el Tribunal Supremo de Justicia lo permita, a los que no estamos en la cancha nos encanta pensar en lo «que hubiera pasado si…».  Si Josef Martinez le pegaba bien apenas entró al campo. Si su chilena hubiera agarrado mal parado al portero mexicano. Si alguno de los 5 jugadores que permitieron el sprint del Tecatito Corona metía la pierna. Si…

Pero después, con el paso de los minutos, el corazón retoma sus pulsaciones y deja que la cabeza mire la foto completa. Este fue un partido en el que México fue muy superior. No estableció diferencias mayores porque estuvo errático en el último cuarto de cancha y porque en los momentos más complicados, Wilker Ángel (sacó desde el piso y con el pelo una granada) y Dani Hernández (doble tapada made in Hollywood) se vistieron de X-Men.

Cierto: Venezuela se fue arriba temprano. Muy temprano. El minuto es un designio del número que define a los cracks: 10. Porque toda la jugada fue de 10. Inicia con una falta a Adalberto Peñaranda, sigue con el preciso centro de Alejandro Guerra, continúa con la extraordinaria asistencia de Christian Santos de cabeza y finaliza con la acrobática tijera de Sema Velázquez.

Después del tanto, el partido se convirtió en un jueguito de pinball. La pelota iba a cualquier lado y rebotaba en cada rodilla, empeine, canilla, impulsada por la realidad de los cambios de las alineaciones originales. Juan Carlos Osorio mostró 9 y Rafael Dudamel 5. A partir del minuto 22, el Tri empezó a ganar la batalla y el costado de Rolf Feltscher fue el punto débil detectado por las fuerzas de los manitos.

Mucho tuvo que ver en este dominio el azar, así de difícil y caprichoso es el fútbol. En el minuto 18, Jesús Corona ingresó por la imprevista lesión de Javier Aquino. Ese leve retoque mejoró mucho al líder del grupo y especialmente a Hirving Lozano, quien se convirtió en una pesadilla para Rolf, Luis Manuel Seijas y el propio Peñaranda. Sus incursiones, que iban del costado al centro de la defensa venezolana, o sus desbordes y centros al área, fueron recitales.

Sin embargo, la noche parecía destinada a la gloria Vinotinto. Incluso el árbitro cubano Yadel Martínez se hizo de la vista gorda en una mano de Wilker Ángel, a pocos metros de su portería. La jugada puede discutirse, si bien la historia dice que a Venezuela, en ese tipo de situaciones, de 50 veces se la cobran 51.

El segundo tiempo comenzó con un galope de Yonathan Del Valle que no consiguió destinatario, porque los compañeros se quedaron en el aparato de partida. Santos, especialmente, apenas cruzaba la mitad de la cancha cuando su zona natural debía ser el área. Ese ataque define el partido del sustituto de Salomón Rondón. Acumula, sí, muchos minutos de sacrificio. Pero vestirse de obrero impide que podamos presenciar en vivo y directo los pergaminos por los que se ganó la convocatoria. Como compañero, pues, no queda duda de su compromiso. Como «9», la deuda se acumula.

Sirva este espacio para analizar también a Del Valle. O se le acompaña con otros jugadores o su llamado es redundante. Dudamel deberá trabajar con él esas carreras que, en este momento, cuando apenas se busca una identidad, no encajan. Eso sí, como a Santos, no se le puede negar su solidaridad para entorpecer al rival.

Inmediatamente reaccionaría el local. Fue cuando Ángel sacó una pelota, desde el piso y sobre la raya, con la cabeza y el alma. Luego fue un disparo de Corona, después otro de Peralta y así… Se sacudió Venezuela el acoso gracias al ingreso de Josef por Del Valle. Con segundos en la cancha, el criollo le pegó muy mal después de una gran asistencia de Peñaranda. Era el 2-0 que sentenciaba el partido.

La velocidad de Josef lucía como una advertencia para exigirle a México que no se adelantara tanto. Fue una ilusión. Con la entrada de «Chicharito» Hernández por un volante (Jesús Molina), Osorio fue a por el todo y nada. Y fue el todo. En ese tablero de ajedrez, el colombiano le ganó la partida a Dudamel.

El Tri era una tromba y Peñaranda y Santos, extenuados, lo resentían al recibir sendas amarillas al intentar defender espacios que no forman parte del hábitat natural de los delanteros. Venezuela daba clases señales de cansancio y Dudamel respondió intercambiando nombres pero no el sistema. Delantero por delantero, Salomón Rondón sustituyó a Santos. Era el minuto 78. En el 79, México empató.

Corona, en un arranque maradoniano -pasó entre Salomón, Seijas, González, Wilker y Velázquez- puso la igualada. Es una jugada imposible de describir y peor aún, de creer, si no se ve una y otra vez en la televisión.

Con el 1-1, Venezuela pasaba al segundo lugar y le esperaba Argentina en la siguiente ronda. La última carta de Dudamel fue Rómulo Otero (por Guerra). Es curioso, antes de la Copa, este jugador parecía fijo, ahora si apenas tiene minutos para mostrar su aporte. En todo caso, habría una más para el lamento. Una jugada de recursos que se inventó Josef sin ángulo. La preciosa chilena lamentablemente fue respondida por las uñas de José Corona.

Ahí se fue el último chance de la Vinotinto para celebrar con tequila, limón y sal. No es que no lo merezca. Su Copa ha sido para aplaudir. Pero al estar tan cerquita de evitar a la albiceleste, toca echarse un guamazo seco para pasar la arrechera. 

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