Cinemanía

"Mufasa: el rey león", la receta ya no es atractiva

La precuela “Mufasa: el rey león” tiene un problema de origen: es innecesaria, a pesar de los esfuerzos del director Barry Jenkins

mufasa
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Desde que Disney decidió que volvería a relatar todas sus historias clásicas para una nueva generación, han ocurrido muchas cosas y ninguna buena. Una y otra vez el estudio parece incapaz de replicar la magia de sus animados — la mayoría tesoros de generaciones enteras — en sus versiones de carne y hueso. Eso, a pesar de todos sus intentos, experimentos y esfuerzos para capturar sus más queridos universos en una adaptación remozada que sea rentable. Pero hasta ahora solo pudo llenar las arcas con éxitos de taquilla con un pobre valor cinematográfico.

Que es justamente lo que ocurre con “Mufasa: el rey león” (2024). La película, una precuela del live-action de 2019, es una especie de mezcla poco afortunada de estilos, tonos y ritmos. Eso, para contar una historia que nadie necesitaba y que no aporta gran cosa al mundo original: la del rey Mufasa, el trágico padre que se convirtió en un trauma para niños de todas las edades, tenía la suficiente fuerza para funcionar sola y sin añadidos. 

Pero Disney consideró lo contrario y decidió explorar en cómo uno de los personajes más queridos de su factoría, se había hecho adulto. Eso, añadiendo unas cuantas canciones y un poco de emoción. Para la labor, Disney reclutó al oscarizado Barry Jenkins (de “Moonlight”) y al compositor favorito de la casa, Lin-Manuel Miranda. La combinación infalible para crear otro éxito de taquilla.

Seguramente, “Mufasa: el rey león” lo será. Pero, más allá de eso, la película carece de alma, fuerza e incluso, propósito. Solo es un conjunto de eventos que combinados entre sí tienen por objetivo demostrar que Mufasa necesitaba un contexto para ser comprendido. Una batalla de voluntad y talento que el director emprende, pero en la que el guion de Jeff Nathanson falla de manera estrepitosa. 

Rey león hiperrealista

A pesar de lo que podría insinuar su título, la película comienza su relato después de lo acontecido en el rey león live-action. Por lo que la estética es la misma y la forma de plantear las cosas es muy parecida. Todo es salvaje, hermoso y luminoso en una África atemporal, que se relata a través de paisajes reflexivos y amplios. 

En cuanto a la animación de sus personajes, el problema persiste: la apariencia hiperrealista se queda corta al mostrar las emociones que intenta reflejar. Antes que eso, la minuciosa reproducción de pelo, melenas y garras, tiene mucho de estático, como la de una criatura disecada. Algo que atenta directamente contra el corazón del relato. 

Esta vez, la voz cantante es la de Kiara (Blue Ivy Carter), la hija de Simba (Donald Glover) y Nala (Beyonce), que queda bajo el cuidado del trío de oro de las estepas. Timón (Billy Eichner), Pumba (Seth Rogen) y Rafiki (John Kani), se ocupan de la princesa y además, deciden contarle la historia de su querido abuelo Mufasa (Aaron Pierre) y su lucha por encontrar su sentido del propósito.

El guion juega de manera inteligente con el hecho de que esta es un relato de terceros, por lo que hay pausas y un tono por completo distinto a la cinta de 2019. Pero el esfuerzo se queda en nada a medida que avanza. Todas las aventuras de Mufasa en compañía de su hermano adoptivo Taka (Theo Somolu), son como una copia, un poco más profunda e intimista que lo que ya se mostró en “El rey león”, en cualquiera de sus versiones. De hecho, hay escenas tan parecidas entre la cinta actual y la de 2019 que no queda menos que preguntarse si, antes o después, se recicló algún material para completar secuencias. 

Sea cuál sea la respuesta a eso, una cosa es evidente: más allá de la habilidad de Jenkins — que, contra todo pronóstico consigue darle personalidad a la película — el problema radica en que es una cinta artificial y sin la menor capa de vida. Lo que resulta frustrante cuando el argumento se hace progresivamente más interesante. Pero su posible potencial se queda a medias ya que debe atravesar las capas de un guion pensado para niños y que se atiene a esa fórmula con rigidez. A eso habría que sumar la cinematografía genérica y sin mayor intento de ofrecer algo nuevo a lo ya visto antes en el estudio. 

Nada que aportar

Con todo, “Mufasa: el rey león” pone interés en resultar coherente con su mensaje de fondo: una herencia de lealtad, amor y compasión.

Cuando la cinta se concentra en eso es mucho más conmovedora de lo que podría suponerse. Pero es muy poca la energía que la trama dedica a sus puntos más valiosos. En lugar de eso, pierde tiempo — y con eso, al posible espectador — en intentar imitar al clásico animado y al éxito de taquilla de 2019, sin lograr una cosa ni la otra.

Para su final, se esfuerza en resultar, al menos, una buena experiencia. Que lo es, en la medida que ofrece una aventura de crecimiento correcta. Sin embargo, el resultado en conjunto es tan genérico y poco sólido, que el buen recuerdo se desvanece con la última escena. Otro capítulo fallido de la saga de Disney por enamorar a nuevas generaciones.

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