Opinión

No Stalin, no fue "el abstencionismo"

La autocrítica no asoma en los discursos tras la derrota electoral. Tan desacertados son en la lectura que hablan de "abstencionismo" y solo apuntan a "la señora"

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Federico PARRA / AFP

No parece haber mucho ánimo de autocrítica en el liderazgo opositor que decidió participar en las elecciones del domingo 25 de mayo. Y si lo tienen, al menos no se ha visto en este primer día luego de la barrida que los ha dejado en la lona. Y es que persisten en el error de hacer una pelea de sombra, de discurso y de redes sociales, con María Corina Machado y «el abstencionismo».

Mucho de lo que se vio de su breve campaña electoral se basó justamente en responderle directa o indirectamente a “la señora”. Estamos claros en que si te acusan de “traidor” estás en tu derecho de revirar, pero es pésima estrategia ocupar el escaso tiempo que tienes antes de las elecciones en lanzarle guantazos a la persona que aun desde la clandestinidad concentra el apoyo mayoritario entre la oposición.

En boxeo, todos los golpes que fallas te debilitan.

La derrota igual era previsible. Ellos mismos lo sabían. Lo que parece haberles sorprendido es la magnitud y el hecho de haber perdido un patio que parecía seguro allá en la tierra del sol amada. Y todavía encajando el coñazo, en lugar de mirar a quien se montó en el ring con la pelea a favor y los guantes rellenos, apuntan el dedo hacia otro lado.

“Fue ella, fue el abstencionismo que se solaza en un pretendido triunfo simbólico”. Todos sabemos la posición de Machado con respecto a la elección. Pero todos también sabemos que la mayoría de quienes no votaron -con sus exepciones más fanáticas, por supuesto- lo hicieron por decisión propia, no porque alguien les haya dado una “orden”. Y ellos, si prestaran más atención, deberían saberlo también. ¿O hay que explicarles lo evidente desde el 28 de julio hasta acá? No se puede ser tan miope.

Hablar de “el abstencionismo” en este caso no tiene el más mínimo sentido. No puedes calificar de abstencionista a un pueblo que se volcó a la participación y apostó -otra vez- al voto hace menos de un año y que está convencido de que le hiceron fraude.

La gente no fue a los centros de votación porque sea abstencionista, no fueron porque -en su mayoría- no encontraron razones suficientes, ni incentivos, ni nombres, ni siquiera garantías de que su voluntad sería respetada.

Y quizás también hubo quien pensaría que era una buena manera de mandarlos a todos al carajo, aunque esto es algo que no medirán las encuestas.

Así que no, don Stalin, don Henrique: no fue “el abstencionismo”. Manuel Rosales dijo hoy que quienes no votaron tienen que “reflexionar”. Es posible que sí porque lo que está ocurriendo no es como para celebrar y muy probablemente termine por pasarle factura también a Machado porque las épicas se vuelven pasado rápidamente y se desgastan. Pero quienes no lograron convencer a casi nadie de la urgencia y la necesidad de votar, también deberían no solo reflexionar sino replantearse su papel en la política en este momento: ¿para qué estás ahí?

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