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Todasana: un oasis con su gente y su luz en la costa de La Guaira

El pueblo costero sirve como escape al trajín de Caracas. Muestra un paisaje que poco se ve y tiene como parte de su ADN a la gente que lo mantiene vivo

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Todasana es un pueblo que está lo suficientemente cerca para ir sin mayor problema en carro o autobús, pero a una distancia justa para escapar del caos de la ciudad.

Llegar no es complicado, la vía es amable y te va mostrando la realidad de una zona que a veces parece detenida en el tiempo. Los pueblos cercanos son todos parecidos: una calle principal, una escuela, un bar y algunas casas. Matas de mango que crean una atmósfera, la cual te invita al descanso aún cuando todavía no has llegado.

El San Juan de Todasana, tiene fama de ser «candela», literal y metafóricamente, por eso me dije una vez, “hay que conocer ese pueblo así no sea temporada de santos”.

Todosana es un pueblo mestizo con gente encantadora que sabe vivir de la tierra y el mar.

Un adolescente pescador del pueblo de Todasana. Lanza a la orilla de la playa un naylon para pescar. Una actividad que común en todas las edades. Fotografia: Daniel Hernández
Los niños de Todasana siguen siendo niños que estudian, pero no dejan de lado sus raíces de pescadores, de todas las edades se pueden ver a estos pequeños con sus nylon en la mano, saben divertirse con muy poco y están alejados de la adicción de un celular inteligente.Fotografia: DanielHernández

La simplicidad y su gente me va maravillando apenas llego. Me dirijo a la playa donde están los que pescan y desde los hombres más experimentados hasta niños en edad escolar se pueden ver pescando.

Hay quienes pescan en peñeros, con red, o con el popular nylon desde la orilla, todos con el mejor escenario: un sol con luces naranjas, mostrando un crepúsculo, muy lejos de la paleta de colores grises de la ciudad.

En la arena está Oliver. Dentro de mi formato me regaló una imagen absoluta, a lo lejos, pescando con un nylon. El chico apenas tiene 16 años.

Oliver Sánchezdice que sigue estudiando, pero suele pescar en la orilla del mar desde los 5 años. Lo hace en la mañanita y en la tarde para llevar a su casa y comer con su familia. También para venderle al turista que detiene su vehículo en la vía.

Un hombre camina a la playa contento después de haber pescado toda una tarde.Fotografia: Daniel Hernández
Los últimos intentos antes que el sol se oculte. La pesca es muchas veces en solitario, sólo el hombre (el joven, en este caso) con su nylon y sus ganas. Quizás, no pesca nada hoy, pero siempre regresa.AZ Fotografia: Daniel Hernández
Un joven lleva en sus manos la pesca de toda la tarde, Todasana, La Guaira. Fotografia: Daniel Hernández

Con una sonrisa me dice que es feliz sin decir palabra, le gusta el mar y la pesca es parte de su ADN. Aunque muchos niños de esta población pudieran tener un teléfono celular, ellos se mantienen distantes de las redes sociales.

Son chicos que pueden sobrevivir a la saturación tecnológica.Todasana es un centro de diversión natural que no eclipsa la creatividad de los niños de la zona. Nacieron para vivir ahí mojando sus pies en las aguas saladas del Mar Caribe.

Ricardo Ríos se vino de Maturín hace más de 6 años. Conoció el pueblo de Todasana y allí se quedó.

A Ricardo le encanta su gente, la pesca, la manera como ellos pueden resolver la vida desde la tierra, así como atienden al turista y la conexión entre ellos mismos. Todo eso lo hizo quedarse.

Desde entonces forma parte de su jornada que consiste en ir en la mañana a la playa con su nylon para pescar, volver en la tarde y hacer lo mismo para construir una rutina que retroalimenta el alma y el espíritu de un hombre de oriente, quien aunque salió de su casa, consiguió su hogar en La Guaira.

Ricardo confirma que el río solo baja su cauce en verano. Luego de tres años fuertes volvió a su nivel normal y es el agua limpia que ayuda a los agricultores a tener sus conucos surtidos, como parte del regalo que les da la naturaleza.

A las 6 de la mañana ya muchos niños están esperando para pescar. Es la fuente de proteína más abundante en la zona de la costa.Fotografia: Daniel Hernández
Un grupo de pescadores de Todasana muy temprano en la jornada de pesca que hacen con atarraya y nylon.Fotografia: Daniel Hernández
A unos metros de la orilla de la playa, Oliver Sánchez de 16 años, pesca con nylon. Son las 6 de la mañana en la costa del pueblo de Todasana estado de La Guaira. Fotografia: Daniel Hernández
Cada vez que se lanza la red e incluso el nylon en las piedras se pueden ver los pescados que van siendo recopilados para la venta o el consumo local.Fotografia: Daniel Hernández

Más arriba, en el pueblo esta Alberto Hernández un agricultor y pescador de Todasana, quien me recibe en el patio de su casa con un saludo amable y cordial, dispuesto a relatarme cómo es su vida en la costa.

Alberto tiene muchísimos años viviendo allí y se ha dedicado a la agricultura y a la pesca, pertenece al comité de seguridad y agricultura de la zona.

Alberto, su esposa es hijos viven en una casa rodeada de mucho verde, árboles frutales como el aguacate criollo y el de injerto; incluso, una planta de uva que crece en su patio es la introducción a las muchas flores que guarda. En medio de ese paisaje también se ha dedicado a la cría de cerdos.

Este hombre de Dios (me dijo que era cristiano) quiere ver a sus hijos alejados de la tecnología de los celulares, «la tecnología del celular es como una cárcel y hay que mantener a los hijos libre de eso» comentó.

Así como Alberto hay muchos parceleros que viven de la siembra, casi todos combinan esta actividad con la pesca y lo dicen con mucho orgullo.

Se decia que el rio que atravia el pueblo de Todasana estaba siendo castigado por los efectos del cambio climatico, pero volvio a su esplendor. Fotografia: Daniel Hernández
Alberto Hernández es un agricultor pescador del pueblo. Este padre de familia tiene un pequeño conuco con su casa donde cultiva aguacate injertado, aguacate criollo, hortalizas y frutas. Parte de su cultivo es para vender, y lo demás para el consumo de su familia. Fotografia: Daniel Hernández
Pueblo adentro lo arboles son altos y dan sombra para contrarestar el calor. Fotografia: Daniel Hernández
Un agricultor vive de lo que cosechan el huerto de su casa, las hortalizas, frutas y verduras son parte de la dieta de los vecinos de Todasana, que complementan con el pescado. Esta dinámica, los ha protegido hasta en tiempos de crisis, donde agradecen ser autosustentables. Fotografia: Daniel Hernández

En la orilla de la playa, estos hombres de Todasana me invitan a volver en días de San Juan «el primo de Cristo» y en honor a él se hace una fiesta que es mágica desde los días previos. Se encienden fogatas con sus llamas altísimas y sacan el santo con tambor y baile desde la noche hasta el amanecer.

“Somos gente de un pueblo tranquilo donde puedes venir a vivir días alejado de la ciudad, donde las posadas para quienes puedan pagarla prestan un buen servicio, pero para el que tiene menos está la misma gente del pueblo que te da un espacio para que montes tu carpa con tal de que vengas a disfrutar con respeto”, explicó Alberto.

Así me despido de Todasana, un pueblito que con una sencillez absoluta te invita a visitarlos nuevamente, pero también nos da señales para hacer una pausa disfrutar lo verdaderamente importante, mirar el paisaje y recargar las pilas para regresar a la rutina.


Muy temprano en la playa los hombres y chicos que pescan se mezclan con el ambiente, playa, arena, agua y cielo elementos del mar Caribe.
Aparte de la costa en el pueblo de Todasana también hay mucho verde, camino a las parcelas y pequeños conucos, a pesar del calor lo frondoso de los árboles dan mucha sombra. Fotografia: Daniel Hernández
Alejados de la ciudad el cielo es más limpio, por eso Todasana nos ofrece colores que a veces nos perdemos entre el concreto. El naranja nos recuerda que el día está por terminar, se viene la calma después de un día de trabajo. AZ. Fotografia: Daniel Hernández
El mar en Todasana es fuerte, casi nadie se baña porque, como dicen los lugareños, “te jala”. Ante eso, quedarse en la arena, a disfrutar el sonido de las olas contra las piedras es la mejor opción. Es un arrullo permanente, es la paz materializada. AZ. Fotografia: Daniel Hernández
 
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